El ser humano se está comunicando continuamente con aquellos que le rodean, empleando para ello diferentes tipos de lenguaje.

Uno de los principales es el lenguaje oral, el habla. Comunicarse oralmente y hacerlo de una manera fluida, entendible y que permita la transmisión de significados con facilidad es algo que se da por sentado en la mayoría de las personas, mientras que no ser capaz de hacerlo supone un elevado nivel de limitación funcional. Afortunadamente, la fluidez verbal es una habilidad entrenable.

En este artículo presentamos una docena de trucos que pueden ayudarnos a mejorar nuestro nivel de fluidez verbal.

El concepto de fluidez verbal

Para poder entrenar correctamente la fluidez verbal, antes necesitamos saber qué es lo que estamos entrenando. Por ello vamos a hacer primero un breve comentario sobre qué implica este concepto.

Entendemos por fluidez verbal a la capacidad de establecer un diálogo de manera clara y espontánea, estableciendo conexiones entre frases e ideas de manera natural y no forzadas de manera que el discurso aparece como continuado y prolongado en el tiempo. Un discurso fluido va a permitir transmitir de forma entendible ideas e informaciones al receptor, con un ritmo adecuado y evitando pausas innecesarios y rupturas de ritmo y tono que podrían alterar la comprensión.

La ausencia de fluidez verbal puede tener diferentes causas, desde normativas como determinados tipos de carácter o la ausencia de práctica en el uso del lenguaje (por ejemplo cuando aprendemos un idioma somos poco fluentes, o bien ante situaciones de privación de estimulación) hasta la presencia de alteraciones y trastornos neurológicos, como en la afasia de Broca.

Una docena de trucos para mejorar nuestra fluidez verbal

Afortunadamente, la fluidez verbal es una habilidad que puede ser entrenada, existiendo múltiples maneras de mejorarla. A continuación os dejamos varios trucos y estrategias de uso común para ello.

1. Trabalenguas

La fluidez se adquiere con la práctica. Una forma de hacerlo de manera más o menos amena es mediante el uso de trabalenguas. Si bien suponen un desafío para la mayoría de la población, permiten que el sujeto se desafíe a sí mismo a completar secuencias más o menos prolongadas de palabras con sonidos semejantes y con pocas pausas entre ellas. Si estamos intentando mejorar la fluidez de un niño resulta de utilidad verlo como un juego y no castigar los errores o la lentitud, pues de lo contrario podría generar frustración y reticencia a hacerlo.

2. Teatralización de guiones y role-playing

Una forma de mejorar la fluencia verbal puede hallarse en el uso de la teatralización. Se trata de una forma amena en la que la persona va a tener que exponerse públicamente relatando un texto que debe haber estudiado y repetido numerosas veces con anterioridad. El uso de la representación y la dramatización, vestuario, escenario y gesticulación permite mejorar la fluencia de una manera amena y divertida.

3. Hablar sobre temas en los que tengamos dominio

Para hablar con fluidez tenemos que tener confianza en lo que estamos diciendo. Si bien en la vida diaria los temas de conversación y lo que vamos a tener que comunicar puede variar enormemente, puede ser de utilidad de cara a empezar a entrenar la fluidez que se hable de temas sobre los que el sujeto entrenado tenga cierto dominio. Saber de qué habla hará que pueda prolongar su discurso y que poco a poco vaya cogiendo confianza en sus habilidades.

4. Elaborar una historia entre todos

Las actividades cooperativas también permiten reforzar la fluidez verbal. Una de las formas de hacerlo es realizar una historia de forma cooperativa, encadenando palabras y formando frases con sentido. Cada componente del grupo deberá repetir lo que han dicho los anteriores y añadir una palabra o frase, de manera que a la larga va aumentando el flujo de palabras y se ve haciendo una historia cada vez más compleja y fluida.

5. Autoinstrucciones en voz alta

Puede ser de utilidad pedir al sujeto que realice una acción y mientras la lleva a cabo vaya explicando las acciones y pasos que va realizando. De esta manera se puede ir mejorando la fluidez de una forma más inconsciente, dado que la persona va a estar centrada en la realización de la actividad en sí.

6. Tareas de repetición

Una de las técnicas más empleadas, se basa en hacer que el sujeto repita lo que le hemos dicho. Se utilizan inicialmente palabras y frases relativamente cortas, para ir aumentando en complejidad según se vaya logrando superar su extensión con un ritmo y velocidad normales.

7. Canciones

Otro pequeño truco que puede aumentar nuestra fluidez verbal es cantar. A través del canto vamos replicando los sonidos y la entonación de los autores de la canción, produciendo un habla cada vez más prolongada y que intentaremos que se adecue a los parámetros con la que la hemos escuchado.

8. Explicación de imágenes

Un truco habitual que puede permitir una mejora de la fluidez verbal es hacer que el sujeto a entrenar deba explicar el contenido de una imagen en la que se refleje una situación, cuya complejidad puede ir variando. Si se ofrece una explicación simple y corta (por ejemplo se observa una boda y el sujeto se limita a decir la palabra que identifica a la situación), se le pueden hacer preguntas al respecto.

9. Semejanzas

Otra tarea que puede verse como un juego es la de pedir al sujeto que expresa las semejanzas o diferencias entre dos elementos, las cuales han de ser muy perceptibles y claras al principio y más abstractas según se va avanzando.

10. Aprendizaje de vocabulario y expresiones

Para poder ser fluente en el lenguaje es necesario disponer de una base de conocimientos sobre qué son las cosas y cómo se denominan, de manera que en caso de que no se disponga de suficiente vocabulario es necesario implantarlo poco a poco. Si bien ello no genera per se la fluencia verbal, es un requisito necesario que lo facilita.

11. Tareas basadas en los turnos

A veces la fluidez verbal se ve disminuida no por falta de velocidad, sino por exceso de ésta. En este sentido, la realización de juegos o actividades que exijan turnos o realizar determinadas pausas. No tiene porque ser una tarea únicamente de lenguaje, sino que también pueden usarse tareas motoras (como por ejemplo el escondite inglés) o la realización de debates.

12. Límite de tiempo

Establecer límites temporales para decir algo puede ser de utilidad si se experimenta como un juego o una competición. Por ejemplo, se puede proponer llevar a cabo una exposición de un tema concreto en el que se tenga que reflejar determinadas informaciones durante cinco minutos, para posteriormente ir reduciendo el tiempo del que se dispone para ello teniendo en cada ocasión que mantener la información propuesta.