El espejismo de igualdad de género que nos encontramos en la sociedad actual en la que pensamos que la desigualdad es cosa del pasado o de otros países, a pesar de la existencia de la violencia de género (máxima expresión de dicha desigualdad), la brecha salarial, la distribución desigual de las tareas del hogar y de la crianza de los hijos, los ámbitos económicos y políticos que continúan siendo mayoritariamente masculinos…etc, muestran la continuidad de este problema y la necesidad de analizar los factores que causan y perpetúan dicha desigualdad.

En la base de la desigualdad de género hay, entre otros aspectos perpetuadores del problema, estereotipos de género, tal y como veremos.

¿Cómo se hereda la desigualdad de género?

Una de las teorías que analiza estos aspectos es la teoría de la socialización diferencial propuesta por Walker y Barton (1983) que explica cómo las personas, en su proceso de iniciación de la vida social y cultural y a partir de la influencia de los agentes socializadores, adquieren identidades diferenciales de género que conllevan actitudes, conductas, códigos morales y normas estereotipadas de la conducta asignada a cada género. Es decir, la socialización diferencial en función del sexo genera desigualdad de género.

Dicha socialización diferencial emplea los distintos agentes de socialización para transmitir estereotipos que contribuyen a mantener las desigualdades de género. Además, estos estereotipos persisten, ya que continúan siendo transmitidos en el proceso de socialización en todas las etapas del desarrollo.

Durante la socialización primaria en la que  se construye la propia identidad, el niño o la niña a través de los modelos familiares observa cómo el padre desempeña unos determinados roles mientras que a la madre le corresponden otros, al mismo tiempo que se irá incorporando a un grupo de referencia según su sexo, construyendo así su propia identidad. Tras esta socialización inicial, el proceso de socialización continúa en la escuela (socialización secundaria) momento en el que comienzan a consolidarse las diferencias en socialización de hombres y mujeres y que a su vez contribuyen al mantenimiento de los estereotipos de género.

De esta forma, la pertenencia a una u otra categoría sexual va a determinar tanto las diferencias en la identidad de cada uno como individuo como las distintas realidades sociales que se producen en la interacción con los demás. Ambas determinaciones condicionarán el comportamiento futuro, es decir, las futuras elecciones de vida, y por supuesto el desempeño profesional posterior. 

Así, la mujer asumirá funciones familiares de mantenimiento del hogar, cuidado de los hijos y personas mayores, tareas que dada la socialización diferencial tendrá que compatibilizar con su trabajo.

Los esquemas de género

El término "esquema mental" hace referencia a la estructura organizada de conocimiento o información que se construye debido a la existencia de una necesidad de conocimiento como una forma evolutiva de adaptación al entorno. Su elaboración y desarrollo presenta una estrecha relación con los procesos de socialización.

Por ello, cuando hablamos de esquemas de género nos referimos al conjunto de conocimientos a través de los que se organizan los rasgos compartidos y aquellos que se asignan de forma diferencial a mujeres y hombres. 

Los esquemas de género, al igual que el resto de esquemas cognitivos tienen una función adaptativa ya que facilitan información del entorno para afrontarlo y adaptar las conductas al mismo. Sin embargo, todos los esquemas cognitivos, incluyendo el de género, implican un proceso de esquematización del conocimiento o información con el que se simplifica y se pierden matices de la realidad, dado que la base para su organización se centra en dos reglas: la distorsión y la acomodación.

Así, autores tales como Monreal y Martínez (2010) indican que dichos esquemas de género contribuyen al mantenimiento de las diferencias entre hombres y mujeres a través de tres dimensiones:

  • Los roles sexuales: son las atribuciones que se realizan sobre la consideración de que existen diferencias cuantitativas en la realización de actividades entre hombres y mujeres. 
  • Los estereotipos de rol de género: hacen referencia aquellas creencias sobre que tipo de actividades son más apropiadas o adecuadas para uno u otro sexo. 
  • Los estereotipos de rasgos de género: aquellos aspectos psicológicos que se atribuyen de forma diferencial a hombres y mujeres. Estas tres dimensiones contribuyen al mantenimiento de las desigualdades debido a que los esquemas de género se basan en estereotipos que asumen el orden establecido en la sociedad patriarcal.

Los estereotipos de género y sexuales

En investigaciones científicas previas a los años setenta se consideraban las diferencias sexuales basadas en los estereotipos considerando como positivas las características masculinas atribuidas como propias del hombre y aquellas características consideradas femeninas, atribuidas a la mujer, como negativas. Sin embargo, autoras como Bosch, Ferrer y Alzamora (2006) muestran que a partir de los años setenta se comenzó a poner en duda y a criticar dicha consideración de las diferencias sexuales debido a distintos motivos:

  • La existencia de múltiples investigaciones que arrojaban resultados en los que las semejanzas entre sexos son mayores que las diferencias.
  • El acceso de las mujeres al mundo laboral que permitió que demostrasen que pueden desempeñar tareas que anteriormente eran realizadas exclusivamente por hombres.
  • Las aportaciones del movimiento feminista tales como el concepto de género.
  • Las explicaciones de las teorías del aprendizaje social o cognitivismo sobre la tipificación sexual.

A partir de estas aportaciones, se comenzó a considerar y a detectar la presencia de estereotipos en las diversas investigaciones. El término estereotipo hace referencia al sistema de creencias sobre determinadas características o atributos comunes a un determinado colectivo o sociedad. De forma específica, el estereotipo sexual hace referencia al conjunto de creencias socialmente compartidas que atribuyen determinadas características a cada persona en función de su pertenencia a uno u otro sexo. 

El estereotipo sexual comprende los rasgos de personalidad, comportamientos y ocupaciones que se consideran propios de mujeres y hombres.

El estereotipo de lo femenino

Tradicionalmente el estereotipo femenino ha sido conformado por características que atribuyen la inferioridad a la mujer respecto del hombre, sustentada en la argumentación de la inferioridad moral, intelectual y biológica de la mujer. 

A pesar de que dicha argumentación carece de fundamentación científica, se emplea cultural y socialmente con el fin de mantener el sistema patriarcal en el que las mujeres continúan siendo consideradas en función del estereotipo femenino asignándoles roles y comportamientos propios del ámbito privado, la maternidad y las tareas de cuidado.

Monreal & Martínez (2010) explican cómo los estereotipos originados en épocas anteriores y transmitidos a través de la educación mantienen la desigualdad debido a que los estereotipos presentan un carácter prescriptivo y normativo conformado en la sociedad por el que las personas guiarán y adaptaran tanto la representación del sí mismo como hombre o mujer, su identidad, expectativas, creencias y comportamientos.

Dicho carácter de los estereotipos permite la perpetuación de los mismos, ya que en los casos en que la persona se ajuste al estereotipo de género normativo, es decir, a la noma social impuesta e internalizada, se corrobora el estereotipo, y en aquellos casos en los que la persona no se ajuste al estereotipo de género impuesto recibirá el “castigo social” (reprimendas, sanciones, falta de afecto…).

La desigualdad, hoy

En la actualidad, la realidad y la situación social han sido modificadas a través de diversos cambios estructurales que intentan eliminar las desigualdades de género. Sin embargo, los estereotipos no se han ido modificando y adaptando a la nueva situación social lo que produce una distancia mayor entre ésta y los estereotipos. 

El desfase entre el estereotipo y la realidad social se incrementa debido al efecto de autocumplimiento y la fuerte resistencia al cambio que presentan los estereotipos. Por lo tanto, las diferencias entre ambos géneros continúan ya que hombres y mujeres interiorizan de forma automática su propio estereotipo, con los correspondientes valores e intereses de cada género, valores que se verán reflejados en los roles que realizan.

Aunque los estereotipos cumplen una función adaptativa que nos permite conocer la realidad y el entorno que nos rodea de forma rápida y esquemática, se caracterizan por atribuir lo femenino y masculino como dos grupos excluyentes, de forma dualista, como dos dimensiones representadas en polos opuestos en la que lo masculino ejerce su dominio sobre lo femenino produciendo claros efectos desadaptativos.

Así, tanto los esquemas de género como los estereotipos de género producen una visión sobre lo que puede considerarse como un hombre y una mujer, influyendo desde la identidad y decisiones de cada persona así como su visión del entorno, de la sociedad y del mundo. 

A pesar de las características que presentan los mencionados esquemas y estereotipos de género su influencia no es de tipo determinista e inamovible, por lo que modificando el proceso de socialización y su transmisión a través de los agentes de socialización, podría alcanzarse un proceso de cambio con el que adaptar los estereotipos a la sociedad permitiendo que el espejismo actual de igualdad fuese una realidad social.

Referencias bibliográficas: 

  • Bosch, E., Ferrer, V., & Alzamora, A. (2006). El laberinto Patriarcal: Reflexiones teórico-prácticas sobre la violencia contra las mujeres. Barcelona: Anthropos, Editorial del Hombre.
  • Monreal, Mª., & Martínez, B. (2010). Esquemas de género y desigualdades sociales. En Amador, L., & Monreal Mª. (Eds). Intervención social y género. (pp.71-94). Madrid: Narcea Ediciones.
  • Walker, S., Barton, L. (1983). Gender, class and education. Nueva York: The Falmer Press.