Psicología social y relaciones personales

​Conformismo: ¿por qué nos sometemos a la presión del grupo?

Varios experimentos, como el de Asch, explican por qué los humanos tendemos a ser conformistas.

​Conformismo: ¿por qué nos sometemos a la presión del grupo?

Imagen: Solomon Asch.

Eva Mª Cabrero Aparicio Eva Mª Cabrero Aparicio Psicóloga de las organizaciones

Probablemente, alguna vez te has planteado por qué la mayoría de la gente tiene tendencia a seguir los dictados de la mayoría

Desde la psicología se ha tratado de averiguar qué hace a las personas plegarse a la presión del grupo, cuáles son las causas del comportamiento gregario, cuál es la naturaleza de la presión grupal y hasta qué punto un individuo es capaz de renunciar a su propio criterio en favor de las masas.

Conformismo: definición

El conformismo puede definirse como aquellas modificaciones o cambios que se producen en el comportamiento u opinión de una persona como resultado de la presión real o imaginaria de personas o grupos de personas.

Varios experimentos que nos acercan al fenómeno del conformismo

Uno de los experimentos psicológicos más significativos fue el realizado en la década de los 50 por Solomon Asch. Os propongo que os pongáis vosotros mismos en la siguiente situación.

Acudes como voluntario para participar en un experimento sobre juicio perceptivo. En una sala junto con otros participantes, el experimentador os muestra a todos una línea recta (línea X), al mimos tiempo os muestra otras tres líneas de comparación (líneas A, B y C). La tarea consiste en determinar cuál de las tres líneas tiene la misma longitud que la línea X.

https://nosolofreud.files.wordpress.com/2009/07/asch2.png?w=665

Claramente sabes que la respuesta correcta es la línea B y así se lo indicarás al experimentador cuando llegue tu turno. Sin embargo, el primer participante responde que es la línea A, lógicamente te sorprende su respuesta. Cuando llega el turno de la segunda persona, responde también la línea A, probablemente esta segunda respuesta te sorprenderá aún más y comenzarás a pensar ¿cómo puede ser, si claramente es la línea B? Pero cuando llega el turno del tercer participante y también dice línea A, examinas una vez más las líneas y comienzas a dudar y plantearte si puedes estar equivocado. Un cuarto participante, responde en su turno claramente la línea A. Por último, llega tu turno y naturalmente respondes la línea A, lo sabías desde el principio.

Este es el conflicto que experimentaron los participantes del estudio de Asch. El experimento era sencillo: consistió en reunir a estudiantes universitarios y mostrarles las diferentes cartulinas con la línea estándar y con otras tres líneas para comparar. Los participantes tenían que responder en voz alta, y el sujeto experimental nunca estaba situado en las primeras posiciones para responder, con el fin de que el resto de participantes cómplices del experimentador pudieran dar la respuesta incorrecta acordada antes que el sujeto.

La presión del grupo ‘modifica’ nuestra percepción

Los resultados del experimento mostraron que cuando el sujeto no estaba sometido a la presión del grupo y se les permitía hacer a solas una serie de juicios sobre la longitud de las líneas, había una ausencia casi total de errores, dada la sencillez de la tarea. En los casos en que el sujeto se veía enfrentado a una mayoría unánime que respondía de forma incorrecta, aproximadamente un 35 por 100 de todas las respuestas eran incorrectas, se plegaban a los juicios incorrectos realizados por los cómplices.

Otros experimentos similares al de Asch

El experimento de Asch ha sido replicado en más de cien estudios en distintos países mostrando resultados idénticos. Los resultados muestran que ante una mayoría que emite un juicio erróneo, las personas tienden a conformarse con la percepción social equivocada.

En una situación en la que no existían restricciones a la individualidad, ni sanciones contra el inconformismo, los participantes tendían al conformismo. ¿Por qué los participantes se plegaban a la opinión de los demás?

Las causas y factores de la conformidad

La conformidad era debida a dos posibles causas: quedaron convencidos, ante el juicio unánime de la mayoría, de que su opinión era equivocada o siguieron la opinión de los demás con el fin de ser aceptados por la mayoría o evitar el rechazo que produciría el desacuerdo en el grupo. Es decir, los sujetos tenían dos metas: estar en lo cierto y congraciarse con el resto del grupo. En muchas circunstancias, ambas metas pueden satisfacerse con una única acción.

En el experimento de Asch, si la opinión de los demás sobre la longitud de las líneas, fuese la misma que la suya, ambas metas podrían satisfacerse. Sin embargo, ambas metas entraban en conflicto, produciéndose el efecto de la conformidad. El efecto de acomodarse a las respuestas de los demás no tiene tanto que ver con la imitación sino con la necesidad de reducir la disonancia entre la propia percepción y los juicios emitidos por los demás.

Factores que aumentan o reducen el conformismo

1. Unanimidad

La unanimidad o falta de unanimidad en la opinión de la mayoría, es uno de los factores cruciales que determinan la propensión del sujeto al conformismo. Si uno de los miembros del grupo da una respuesta diferente a la mayoría, se reduce drásticamente la presión hacía la conformidad y aumenta las probabilidades de que el sujeto esté más inclinado a dar su opinión.

Es decir, basta con que una sola persona proporcione una respuesta distinta para que se reduzca el conformismo y el poder del grupo disminuya. Sin embargo, si hay unanimidad, no es necesario que el volumen de la mayoría sea elevado para que provoque el máximo conformismo en una persona. La tendencia a adaptarse a la presión del grupo, con una mayoría unánime es prácticamente la misma independientemente del número de personas que conformen esa mayoría.

2. Compromiso

El compromiso es uno de los factores que puede reducir el conformismo, cuando los individuos se han comprometido públicamente con un juicio o una opinión antes de escuchar la opinión de la mayoría, existen más probabilidades de que la persona mantenga su opinión y no se acomode a las de la mayoría.

3. Variables individuales: autoestima y capacidad

Existen determinadas variables individuales que aumentan o reducen el conformismo. En general, las personas con una opinión pobre sobre sí mismas tienden más a plegarse a la presión del grupo con el fin de evitar el rechazo, que aquellas personas con una alta autoestima. Otro factor a tener en cuenta es la creencia de la persona en su propia capacidad para realizar la tarea con éxito, por ejemplo en el experimento de Asch a aquellos sujetos que se les permitió previamente al experimento juzgar la longitud de las líneas indicando la respuesta correcta, tendieron menos al conformismo que a aquellos a los que no se les permitió realizar la tarea previamente.

4. Composición del grupo

La composición del grupo que ejerce la presión es otro de los factores que modulan el efecto de la conformidad. Así, un grupo será más efectivo para inducir al conformismo si está compuesto por expertos, si los miembros son importantes para el individuo y si son de algún modo semejantes o comparables al individuo, como por ejemplo compañeros de clase.

5. Sentimiento de pertenencia grupal

La valoración de la pertenencia al grupo influye en el grado de conformidad. Así, quienes valoran la pertenencia al grupo y se sienten solo moderadamente aceptados mostrarán mayor tendencia a adaptarse a las normas y pautas creadas por el grupo que los que se sienten totalmente aceptados.

6. Autoridad

Por último, la autoridad aumenta el conformismo. En aquellas situaciones en que la opinión o juicio proviene de una figura de autoridad, la apariencia de autoridad puede otorgar legitimidad a una opinión o petición y generar un alto grado de conformidad. Tal y como se constató en otro de los experimentos más famosos de la psicología, el experimento de Milgram en el que la mayoría de los participantes mostraron obediencia a la autoridad.

Conclusiones

En conclusión, este experimento manifiesta la gran influencia que tienen los demás sobre nuestra propia elaboración de creencias y opiniones. También muestra que en algunos casos somos fácilmente manipulables y podemos variar nuestras creencias más subjetivas tales como ideales, tendencias políticas e incluso los propios gustos.

Referencias bibliográficas:

  • Aronson, E. (2000). El animal social: Introducción a la psicología social (8a ed. en Alianza Editorial.). Madrid: Alianza.
  • Paéz, D., y Campos, M. (2005). Cultura e Influencia Social: Conformismo e Innovación. Psicología Social, Cultura y Educación. (pp. 693-718) Dialnet. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codig...
Eva Mª Cabrero Aparicio Eva Mª Cabrero Aparicio Psicóloga de las organizaciones

Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca. Máster Dirección de Recursos Humanos y Prevención de Riesgos Laborales en Inforem. Máster Internacional Psicología Forense en la Asociación Española de Psicología Conductual (AEPC). Máster en Estudios Interdisciplinares de Género en la Universidad de Salamanca.