La adolescencia es una época de cambio y evolución. En esta etapa, en la que se produce la maduración tanto física como mental, los adolescentes empiezan a alejarse de la familia y las figuras de autoridad para comenzar a dar cada vez mayor importancia al grupo de iguales, personas que como ellos están en búsqueda de su identidad.

Sin embargo, este acercamiento a sus semejantes no siempre tiene como resultado una interacción positiva, sino que es posible que en ocasiones se establezca una relación abusiva, siendo el resultado el bullying o, si se emplean para ello las nuevas tecnologías, el ciberbullying.

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La violencia invisible

"Después de la difusión de aquella imagen en la que aparecía desnudo, Fran encontró que no dejaban de llegarles mensajes riéndose de su físico. La situación no se deba solo a nivel virtual, sino que en clase las burlas y vejaciones eran constantes, llegando incluso a encontrar la fotografía enganchada en postes tanto dentro como fuera del colegio. Sus padres interpusieron varias denuncias con el fin de parar la situación, pero a pesar de todo el daño ya estaba hecho. Un día, después de dos meses de burlas continuadas, Fran no volvió a casa. Seria encontrado un día después, ahorcado a un árbol en un campo cercano dejando tras de sí una carta de despedida".

La descripción de los hechos anteriores pertenece a un caso ficticio, pero al mismo tiempo posee una semejanza muy real con la realidad que viven muchos jóvenes acosados. De hecho, su elaboración se ha basado en varios casos reales. Para entender mejor la situación, se hace imprescindible comprender mejor qué es el ciberacoso.

¿Qué es el ciberbullying?

El ciberacoso o ciberbullying es un subtipo de bullying indirecto que se lleva a cabo a través de las redes sociales y las nuevas tecnologías. Como en todo tipo de acoso escolar, este tipo de interacción se basa en la emisión de una conducta de forma intencional con el objetivo de dañar o vejar a otra persona, estableciendo una relación de desigualdad entre ambos sujetos (es decir, teniendo dominancia la persona agresora sobre la agredida) y siendo estable en el tiempo.

Sin embargo, el hecho de aplicar las nuevas tecnologías hace que estas características del acoso se vean matizadas. Mientras que la existencia de una relación de desigualdad sí se da siempre, hay que tener en cuenta que el estímulo desencadenante puede ser una foto, un comentario o un contenido que se haya publicado o emitido sin la intención de dañar a nadie, siendo el acoso derivado de una mala utilización de ésta publicación (estando situada en esta tercera persona la intención de dañar).

Por ejemplo, que un amigo o el mismo individuo cuelgue o envíe a alguien una foto en que un compañero sale mal puede no implicar que éste quiera humillarle, pero una tercera persona puede hacer un uso diferente al pretendido. En el caso del ciberacoso, hay que tener en cuenta que lo que es publicado en Internet puede ser visto por numerosas personas (muchas de ellas desconocidas) y en cualquier momento, de modo que una sola situación de acoso puede tener repercusiones en numerosos intervalos temporales.

Además, la víctima tiene una sensación de indefensión mayor que en otros tipos de agresiones, puesto que a causa de las redes el ataque le puede llegar en cualquier momento y lugar, y además no sabe cuándo se va a presenciar ni por parte de quiénes va a producirse. Por último, al contrario que en casos de bullying tradicional, en el ciberbullying el acosador puede ser anónimo.

Tipos de ciberbullying

El ciberacoso no es un fenómeno unitario que se dé de una única forma; existe una amplia variedad de formas que van desde el hostigamiento de la víctima y su exclusión social hasta la manipulación de datos para perjudicar a una persona en su propio nombre. Internet es un entorno conocido por la gran variedad de posibilidades tecnológicas que ofrece, y desgraciadamente esto se aplica también a la hora de utilizar este medio como una herramienta para acosar a los demás..

En el caso del ciberbullying, las estrategias para dañar a alguien pueden utilizar todas las potencialidades de la red, desde las fotografías almacenadas y fácilmente difundidas hasta el uso de grabaciones de voz o de fotomontajes.

Ejemplos claros son las fotografías y vídeos hechos y publicados sin consentimiento con el fin de chantajear o humillar, amenazas directas a través de diversas plataformas o páginas webs creadas específicamente para ridiculizar a la víctima. Además, dependiendo del objetivo del acoso, podemos encontrarnos con casos como la sextorsión, en que se chantajea a la víctima a cambio de no publicar ni extender fotografías o vídeos de índole sexual.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el ciberbullying más habitual, el llevado a cabo por niños y adolescentes, puede explotar todos los recursos imaginables, dado que las personas pertenecientes a la generación de nativos digitales ya aprenden a utilizar todas estas herramientas desde sus primeros años.

La diferencia con el grooming

Es importante destacar que el ciberbullying se da entre menores o al menos entre grupos de iguales. Se distingue así del grooming, en que un adulto acosa a un menor a través de internet (normalmente con propósitos sexuales). En este segundo caso, es frecuente que el acoso a través de internet vaya asociado a crímenes.

¿Qué le ocurre a la víctima del ciberbullying?

Es frecuente observar en las víctimas de ciberacoso un marcado descenso del nivel de autoestimaautoconcepto, llegando incluso en ocasiones a auto-culpabilizarse de la situación. La inseguridad, sentimiento de falta de competencia y la vergüenza de no ser capaces de hacer que la situación se solucione son elementos encontrados con frecuencia en los casos de ciberacoso.

Además, muchas de las víctimas son coaccionadas para mantener la ley del silencio por miedo a las consecuencias de denunciar. Esto causa un descenso del rendimiento escolar, que a su vez retroalimenta el descenso de autoestima. Las víctimas de ciberbullying continuado también perciben menor apoyo social, y a la larga se dificulta la futura vinculación afectiva con terceras personas, inhibiéndose el desarrollo social.

Asimismo, cuando el ciberbullying es muy intenso y se prolonga durante meses es posible que las víctimas acaben presentando patologías de la personalidad o del estado del ánimo, tales como depresión severa o fobia social, incluso llegando (como en el caso ficticio anteriormente recreado) a conducir al suicidio de la víctima.

Prevenir el ciberbullying

De cara a detectar casos de ciberacoso, algunos indicios que pueden resultar útiles serian la monitorización y vigilancia de cambios de hábitos y del uso de dispositivos con acceso a Internet (incluyéndose la ocultación cuando se los usa), faltas de asistencia a clase, abandono de actividades predilectas, reducción drástica del rendimiento escolar, cambios en la manera de comer, variaciones de peso, vómitos y diarreas sin motivo aparente, ausencia de contacto visual, miedo a los recreos, cercanía excesiva a los adultos, apatía, o falta de defensa ante bromas que pueden parecer inocuas.

¿Qué hacer si se detecta ciberacoso?

En el caso de detectar una situación de éste tipo, es necesario establecer una comunicación fluida con el alumno y su familia, haciéndole ver que está viviendo una situación inmerecida de la que el menor no tiene la culpa, ayudando a denunciar el caso y haciendo sentir un apoyo continuado. Resulta imprescindible enseñar y contribuir a recaudar pruebas del acoso (como por ejemplo capturas de pantalla o empleo de programas que graben las conversaciones), con el fin de probar su existencia.

Para remediar la existencia del ciberacoso es fundamental el establecimiento de medidas preventivas. Diferentes metodologías, como el método KiVa, han probado la utilidad de trabajar con el conjunto del grupo clase y especialmente con aquellos alumnos que son testigos de la agresión, con el fin de que el agresor perciba rechazo a sus acciones y no vea reforzada su conducta.

Del mismo modo resulta fundamental trabajar con el alumno agredido y el alumno agresor, con el fin de mostrar apoyo y mejorar la autoestima del primero y despertar la empatía del segundo haciéndole ver los posibles daños que puede causar su conducta tanto al agredido como a otros (incluyéndose a sí mismo).

El ciberbullying, a nivel legal en España

El acoso virtual supone una serie de delitos serios que pueden provocar penas de cárcel de varios años de duración. Sin embargo, se ha de considerar que en España sólo a partir de los 14 años se puede imputar un cargo penal, con lo que las penas de cárcel en su mayoría no se aplican.

A pesar de ello, el sistema legal cuenta con una serie de medidas disciplinarias que se puede poner en práctica en éstos casos. Además, si bien la responsabilidad legal es del menor agresor en primer lugar, los responsables legales del menor y el centro escolar donde se relacionan acosado y acosador también la poseen. A ellos les corresponderá asumir las indemnizaciones al acosado así como las sanciones que pudiesen corresponderles por sí mismos.

Ante un caso de ciberacoso se pueden producir los delitos de inducción al suicidio, lesiones (físicas o morales), amenazas, coacciones, tortura o delito contra la integridad moral, delitos contra la intimidad, injurias, violación del derecho a la propia imagen y la inviolabilidad del domicilio, descubrimiento y revelación de secretos (incluyendo el tratamiento de los datos personales), daños informáticos y usurpación de identidad.

Las medidas correctoras planteadas para el agresor incluyen permanencias de fines de semana, realización de tareas socio-educativas prestaciones en beneficio de la comunidad, libertad vigilada y orden de alejamiento.

Una reflexión final

El estudio actual del fenómeno del ciberbullying deja claro que hay mucho por trabajar aún, especialmente teniendo en cuenta la constante evolución de tecnología y de las redes (aparecen nuevas tendencias y aplicaciones). Además, teniendo en cuenta que las nuevas generaciones nacen en un entorno cada vez más virtualizado, las políticas preventivas que se aplican en la actualidad deberían adelantarse, pasando de realizarse en la Educación Secundaria a dotar de nociones básicas en la Educación Primaria.

Del mismo modo, es necesaria una mayor formación al respecto en los sectores profesionales que traten este tipo de casos. La investigación al respecto es relativamente escasa y muy reciente, precisándose de la creación de medidas y protocolos cada vez más efectivos que puedan ayudar a acabar con esta lacra y mejorar la seguridad y la calidad de vida de la juventud.

Es necesario un enfoque psicosocial para terminar con el problema del ciberbullying. Esta es una tarea que puede ser cumplida si se dan una serie de cambios sociales y culturales, entre los que se encuentran el desarrollo de una sensibilización sobre el tema y el desarrollo de políticas y métodos de intervención escolar que prevengan este fenómeno. El método KiVa, por ejemplo, apunta en esta dirección, y ha demostrado ser muy eficaz. De lo que se trata es de no intervenir solo en víctimas y en abusadores, sino en todo el tejido social que rodea a ambos.

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