A medida que nos adentramos en el siglo XXI, se va desarrollando una mayor sensibilidad hacia las dinámicas de discriminación contra ciertos grupos de población.

Este hecho, sumado al cada vez más imparable "imperio de la imagen" en la que el valor de las personas se relaciona con su estética, ha dado paso a la aparición de un nuevo concepto: el aspectismo.

¿Qué es el aspectismo?

El término "aspectismo" es una traducción de la palabra lookism, y es discriminación basada simplemente en motivos estéticos.

Se trata de una forma de invisibilización de ciertas personas que, además, puede basarse en los criterios estéticos más imprevisibles. Por ejemplo, puede ir contra las personas que no son altas, contra la gente que independientemente de su físico viste de cierta manera, o con personas que no encajan con una clase de belleza rígidamente marcada por una tendencia muy concreta.

De hecho, independientemente del grado de intensidad de lo perjudicial de sus efectos, se considera que el aspectismo es una de las formas de discriminación más extendidas del planeta, y tiene un efecto devastador sobre la autoestima pero también sobre las condiciones de vida en general.

Los efectos del aspectismo

El aspectismo resulta especialmente dañino porque actúa prácticamente de manera automática, y muchas veces es ajena a la voluntad de las personas. La imagen personal de alguien es algo que se capta al instante, de un simple vistazo. No requiere ningún esfuerzo ni dedicar un rato a ponerse como objetivo estudiar la apariencia del prójimo, sino que se capta de manera espontánea.

Esto hace que, una vez se ha creado una dinámica social en la que el aspecto personal es determinante, este sesgo discriminador ocurra en todas las facetas de la vida.

Así como en el caso de la discriminación contra, por ejemplo, los homosexuales no ocurre al instante hasta que no se conoce la tendencia sexual de la persona, es aspectismo deja notar sus influencias desde el minuto cero en el que se establece contacto visual. Es decir, en la mayoría de las interacciones sociales que una persona promedio establece en un día.

Pero, además, otro efecto del aspectismo es que se complementa con el efecto halo.

El efecto halo

El efecto halo es un fenómeno psicológico por el cual una característica concreta de alguien determina si juzgaremos de modo más positivo o más negativo el resto de sus características y, en definitiva, a la persona en su globalidad.

Por ejemplo, las personas con una imagen personal que es considerara pulcra, elegante o atractiva pueden beneficiarse del efecto halo tanto en sus relaciones personales como, incluso, a la hora de buscar trabajo, ya que algunos seleccionadores tenderán a pensar que esos candidatos son más sociales, creativos, etc.

Así, a causa del cruce entre el aspectismo y el efecto halo, no solo se considera que el aspecto es muy relevante y nos habla acerca del valor que tiene una persona, sino que, además, se asume que el resto de cualidades de esa persona también son muy buenas y deseables.

Ante esta desventaja, las personas con unas características estéticas menos valoradas socialmente se ven cada vez más arrinconadas y con menos margen de maniobra en muchos ámbitos de su vida.

Combatiendo este tipo de discriminación

Actualmente son las sociedades de habla inglesa, y especialmente la estadounidense, el ámbito en el que más empeño se pone en combatir el aspectismo.

El ámbito laboral es donde más esfuerzos se concentran, ya que mantener fuera del mercado de trabajo a las personas a partir de criterios basados en la estética puede resultar muy dañino no solo para individuos, sino para toda la sociedad en general. Es por eso que cada vez más se exige pedir solo currículos sin foto, para que se pueda seleccionar del modo ma´s equitativo posible sin basarse en características superficiales.

Sin embargo, es muy complicado hacer frente al aspectismo, porque pocas veces queda claro que se discrimina a causa de la imagen. Por otro lado, las empresas pueden llegar a inventarse excusas para despedir a gente a causa de su físico, algo que se intenta prohibir mediante la creación de leyes.

Evitar la desigualdad mediante la cultura

En todo caso, parece evidente que parte de la batalla contra la discriminación no debe ser legal, sino cultural, y es necesario educar y educarnos a nosotros mismos en el valor de la igualdad. 

Esto, sin embargo, no es fácil cuando hay una gran maquinaria publicitaria y propagandística que reafirma la validez de cánones de belleza absurdos, un vestuario elegante y que no resulte estridente y, en general, una imagen cercana a la media en prácticamente todo (de hecho, los rostros considerados más atractivos son aquellos que tienen muchas características físicas situadas en la media estadística en cuanto a tamaño y proporciones).

Por todo esto, es necesario trabajar coordinadamente para crear culturas más inclusivas en las que los cánones de belleza no constriñan ni nuestra autoestima ni nuestra libertad personal, laboral y económica.