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Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, más conocido como Pablo Neruda, fue un poeta que nació el 12 de julio de 1904 en Parral (Chile) y murió el 23 de septiembre de 1973 por causas que todavía no se han esclarecido, pero que parece ser que fue envenenado.

El talento poético de Neruda es indudable. En 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura y ha sido admirado y reconocido por su gran trabajo.

23 poemas de Pablo Neruda

Desde muy joven ya dejaba claro su gran talento y su interés por la la poesía y la literatura. A la edad de 13 años ya trabajó en un diario local como escritos. Es uno de los poetas de habla hispana más conocidos y, a lo largo de su vida, dejó una gran cantidad de poemas que transmiten profundos sentimientos y emociones.

En este artículo hemos recogido 23 poemas de Pablo Neruda para que puedas disfrutarlos.

1. Soneto 22

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo, 

sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura, 

en regiones contrarias, en un mediodía quemante: 

eras sólo el aroma de los cereales que amo. 

Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa 

en Angola, a la luz de la luna de Junio, 

o eras tú la cintura de aquella guitarra 

que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido. 

Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria. 

En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato. 

Pero yo ya sabía cómo era. De pronto 

mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida: 

frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas. 

Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

Un poema que trata del recuerdo del amor, un amor que, posiblemente, no sea correspondido. Se puede seguir amando a pesar del tiempo y la distancia, se puede estar enamorado sin ver, sólo con los recuerdos y la esperanza. Es la fuerza del corazón.

2. Poema 1

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,

te pareces al mundo en tu actitud de entrega.

Mi cuerpo de labriego salvaje te socava

y hace saltar al hijo del fondo de la tierra.

Fui sólo como un túnel. De mí huían los pájaros,

y en mí la noche entraba en su invasión poderosa.

Para sobrevivirme te forjé como un arma,

como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.

Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.

¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!

¡Ah las rosas del pubis! ¡Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.

Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!

Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,

y la fatiga sigue y el dolor infinito.

Este poema de Pablo Neruda se encuentra dentro del libro “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. Un texto que deja ver a un Neruda rebelde, en su adolescencia. Este libro se considera doloroso, porque Neruda sufre el amor, y lo anhela

Esta pieza de poesía, concretamente, trata sobre la sexualidad y el cuerpo de la mujer. Aunque lo vive, no lo posee. Perderse en el cuerpo de una mujer puede ser tanto una experiencia física como espiritual. Neruda se encuentra entre el deseo de tener a esa mujer y la angustia de no estar junto a ella.

3. Si tú me olvidas

Quiero que sepas una cosa.

Tú sabes cómo es esto:

si miro la luna de cristal, la rama roja

del lento otoño en mi ventana,

si toco junto al fuego la impalpable ceniza

o el arrugado cuerpo de la leña,

todo me lleva a ti, como si todo lo que existe,

aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan 

hacia las islas tuyas que me aguardan.

Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme

dejaré de quererte poco a poco.

Si de pronto me olvidas no me busques,

que ya te habré olvidado.

Si consideras largo y loco

el viento de banderas que pasa por mi vida

y te decides a dejarme a la orilla

del corazón en que tengo raíces,

piensa que en ese día,

a esa hora levantaré los brazos

y saldrán mis raíces a buscar otra tierra.

Pero si cada día,

cada hora sientes que a mí estás destinada

con dulzura implacable.

Si cada día sube

una flor a tus labios a buscarme,

ay amor mío, ay mía,

en mí todo ese fuego se repite,

en mí nada se apaga ni se olvida,

mi amor se nutre de tu amor, amada,

y mientras vivas estará en tus brazos

sin salir de los míos.

A veces, encuentras a esa persona que te da un vuelco al corazón, que hace aflorar emociones que pensabas que era imposible sentir. Tu vida cambia por completo, y tu vida se convierte en la vida de esa persona que amas con locura, con auténtica locura. Sabes que si esa persona vuelve, volverás a sentir lo mismo, pero no es así y debes aceptarlo.

4. Poema 12

Para mi corazón basta tu pecho, 

para tu libertad bastan mis alas. 

Desde mi boca llegará hasta el cielo

lo que estaba dormido sobre tu alma. 

Es en ti la ilusión de cada día. 

Llegas como el rocío a las corolas. 

Socavas el horizonte con tu ausencia. 

Eternamente en fuga como la ola. 

He dicho que cantabas en el viento 

como los pinos y como los mástiles. 

Como ellos eres alta y taciturna. 

Y entristeces de pronto, como un viaje. 

Acogedora como un viejo camino. 

Te pueblan ecos y voces nostálgicas. 

Yo desperté y a veces emigran 

y huyen pájaros que dormían en tu alma.

Estos versos pertenecen a la obra del autor “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” que fue publicada en 1924. El tema sobre el que gira este poema es la ausencia del ser humano. La historia se ubica en el mar chileno, pues el autor pasó gran parte de su vida junto a las olas, los mástiles y el viento.

5. Poema 4

Es la mañana llena de tempestad

en el corazón del verano.

Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,

el viento las sacude con sus viajeras manos.

Innumerable corazón del viento

latiendo sobre nuestro silencio enamorado.

Zumbando entre los árboles, orquestal y divino,

como una lengua llena de guerras y de cantos.

Viento que lleva en rápido robo la hojarasca 

y desvía las flechas latientes de los pájaros. 

Viento que la derriba en ola sin espuma 

y sustancia sin peso, y fuegos inclinados. 

Se rompe y se sumerge su volumen de besos 

combatido en la puerta del viento del verano.

El autor resalta el ambiente de verano en que el viento es un factor importante, pues éste, seguramente, afecte a su estado anímico, dando paz y tranquilidad. Pero lo llamativo es el primer verso, que en pleno verano interrumpe la tempestad. Es decir, una separación momentánea, seguramente con alguien, con la que ha habido momentos buenos y malos.

6. Amor

Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte 

la leche de los senos como de un manantial, 

por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte 

en la risa de oro y la voz de cristal. 

Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos 

y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal, 

porque tu ser pasara sin pena al lado mío 

y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-. 

Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría 

amarte, amarte como nadie supo jamás! 

Morir y todavía amarte más. 

Y todavía amarte más y más.

Este poema trata sobre la inmensidad del amor, sobre lo fuerte y profundo que puede ser este sentimiento. De nuevo, un amor no consumado, en que el autor desea con todas sus fuerzas poder perderse en el cuerpo y el alma de esa persona que ha cambiado su vida por completo

7. Poema 7

Para mi corazón basta tu pecho, 

para tu libertad bastan mis alas. 

Desde mi boca llegará hasta el cielo 

lo que estaba dormido sobre tu alma. 

Es en ti la ilusión de cada día. 

Llegas como el rocío a las corolas. 

Socavas el horizonte con tu ausencia. 

Eternamente en fuga como la ola. 

He dicho que cantabas en el viento 

como los pinos y como los mástiles.

Este poema pertenece al libro “20 poemas de amor y una canción desesperada”. El texto versa en torno a la la presencia de una mujer que, tras su partida, queda eternamente viva en el recuerdo. Está escrito con ilusión a pesar de los pensamientos tristes de tener que alejarse.

8. Cien sonetos de amor

Desnuda eres tan simple como una de tus manos:

lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente.

Tienes líneas de luna, caminos de manzana.

Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.

Desnuda eres azul como la noche en Cuba:

tienes enredaderas y estrellas en el pelo.

Desnuda eres redonda y amarilla

como el verano en una iglesia de oro.

Desnuda eres pequeña como una de tus uñas:

curva, sutil, rosada hasta que nace el día

y te metes en el subterráneo del mundo

como en un largo túnel de trajes y trabajos:

tu claridad se apaga, se viste, se deshoja

y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.

Unos versos muy lindos que tratan sobre la belleza de una mujer que le atrapa. Le atrapa en su más pura intimidad, en el que recorre su cuerpo la memoria. En cada palabra describe con fineza las cualidades de la persona que ama en los que cada verso expresa sus sentimientos y pensamiento sobre ella.

9. Era mi corazón un ala viva y turbia…

Era mi corazón un ala viva y turbia...

un ala pavorosa llena de luz y anhelo.

Era la primavera sobre los campos verdes.

Azul era la altura y era esmeralda el suelo.

Ella -la que me amaba- se murió en primavera.

Recuerdo aún sus ojos de paloma en desvelo.

Ella -la que me amaba- cerró sus ojos... tarde.

Tarde de campo, azul. Tarde de alas y vuelos.

Ella -la que me amaba- se murió en primavera...

y se llevó la primavera al cielo.

Neruda nos brinda la oportunidad de disfrutar de esta pieza, en la que el autor habla del recuerdo de esa mujer que una vez amó. Es la fuerza del alma, que invade cada segundo de su pensamiento. Aunque hable de que el amor está muerto, sigue vivo como el primer día.

10. Amiga, no te mueras

Amiga, no te mueras.

Óyeme estas palabras que me salen ardiendo,

y que nadie diría si yo no las dijera.

Amiga, no te mueras.

Yo soy el que te espera en la estrellada noche.

El que bajo el sangriento sol poniente te espera.

Miro caer los frutos en la tierra sombría.

Miro bailar las gotas del rocío en las hierbas.

En la noche al espeso perfume de las rosas,

cuando danza la ronda de las sombras inmensas.

Bajo el cielo del Sur, el que te espera cuando

el aire de la tarde como una boca besa.

Amiga, no te mueras.

Yo soy el que cortó las guirnaldas rebeldes

para el lecho selvático fragante a sol y a selva.

El que trajo en los brazos jacintos amarillos.

Y rosas desgarradas. Y amapolas sangrientas.

El que cruzó los brazos por esperarte, ahora.

El que quebró sus arcos. El que dobló sus flechas.

Yo soy el que en los labios guarda sabor de uvas.

Racimos refregados. Mordeduras bermejas.

El que te llama desde las llanuras brotadas.

Yo soy el que en la hora del amor te desea.

El aire de la tarde cimbra las ramas altas.

Ebrio, mi corazón. bajo Dios, tambalea.

El río desatado rompe a llorar y a veces

se adelgaza su voz y se hace pura y trémula.

Retumba, atardecida, la queja azul del agua.

Amiga, no te mueras!

Yo soy el que te espera en la estrellada noche,

sobre las playas áureas, sobre las rubias eras.

El que cortó jacintos para tu lecho, y rosas.

Tendido entre las hierbas yo soy el que te espera!

Uno de los poemas más tristes de Pablo Neruda, que trata sobre una amiga que está luchando por si vida y es posible que no sobreviva. Una pieza que llega al corazón y que pide de forma desesperada que no se vaya.

11. Sed de ti.

Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.

Trémula mano roja que hasta su vida se alza.

Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.

Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas...

Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.

Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.

Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.

Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.

Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.

Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.

Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.

La boca tiene sed, para qué están tus besos.

El alma está incendiada de estas brasas que te aman.

El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.

De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.

Y en ella se aniquila como el agua en el fuego

12. Aquí te amo…

Aquí te amo. 

En los oscuros pinos se desenreda el viento. 

Fosforece la luna sobre las aguas errantes. 

Andan días iguales persiguiéndose. 

Se desciñe la niebla en danzantes figuras. 

Una gaviota de plata se descuelga del ocaso. 

A veces una vela. Altas, altas estrellas. 

O la cruz negra de un barco. 

Solo. 

A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda. 

Suena, resuena el mar lejano. 

Este es un puerto. 

Aquí te amo. 

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte. 

Te estoy amando aún entre estas frías cosas. 

A veces van mis besos en esos barcos graves, 

que corren por el mar hacia donde no llegan. 

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas. 

Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde. 

Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta. 

Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante. 

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos. 

Pero la noche llega y comienza a cantarme. 

La luna hace girar su rodaje de sueño. 

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes. 

Y como yo te amo, los pinos en el viento, 

quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

El amor es una de las experiencias más bonitas que puede sentir el ser humano, porque inunda de emociones fuertes el día a día y los sentimientos de la persona. El amor, pero, cuando se va, queda en la memoria de un alma rota. Pidiendo una y otra vez, besar de nuevo esos labios.

13. No culpes a nadie

Nunca te quejes de nadie, ni de nada, 

porque fundamentalmente tú has hecho 

lo que querías en tu vida. 

Acepta la dificultad de edificarte a ti 

mismo y el valor de empezar corrigiéndote. 

El triunfo del verdadero hombre surge de 

las cenizas de su error. 

Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte, 

enfréntala con valor y acéptala. 

De una manera u otra es el resultado de 

tus actos y prueba que tu siempre 

has de ganar.. 

No te amargues de tu propio fracaso ni 

se lo cargues a otro, acéptate ahora o 

seguirás justificándote como un niño. 

Recuerda que cualquier momento es 

bueno para comenzar y que ninguno es 

tan terrible para claudicar. 

No olvides que la causa de tu presente 

es tu pasado así como la causa de tu 

futuro será tu presente. 

Aprende de los audaces, de los fuertes, 

de quien no acepta situaciones, 

de quien vivirá a pesar de todo, 

piensa menos en tus problemas 

y más en tu trabajo y tus problemas 

sin eliminarlos morirán. 

Aprende a nacer desde el dolor y a ser 

más grande que el más grande de los obstáculos, 

mírate en el espejo de ti mismo 

y serás libre y fuerte y dejarás de ser un

títere de las circunstancias porque tú 

mismo eres tu destino. 

Levántate y mira el sol por las mañanas 

y respira la luz del amanecer. 

Tú eres parte de la fuerza de tu vida, 

ahora despiértate, lucha, camina, 

decídete y triunfarás en la vida; 

nunca pienses en la suerte, 

porque la suerte es: 

el pretexto de los fracasados…

A pesar de que la mayoría de poemas de Neruda tratan sobre el amor, éste hace referencia a la culpa. El mensaje es claro: no culpes a nadie, mírate a ti mismo y sal adelante. Siempre con la cabeza bien alta.

14. El mar

Necesito el mar porque me enseña:

no sé si aprendo música o conciencia:

no sé si es ola sola o ser profundo 

o sólo ronca voz o deslumbrante 

suposición de peces y navíos. 

El hecho es que hasta cuando estoy dormido 

de algún modo magnético circulo

en la universidad del oleaje.

No son sólo las conchas trituradas 

como si algún planeta tembloroso 

participara paulatina muerte, 

no, del fragmento reconstruyo el día, 

de una racha de sal la estalactita 

y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire, 

incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven 

que aquí llegó a vivir con sus incendios, 

y sin embargo el pulso que subía 

y bajaba a su abismo, 

el frío del azul que crepitaba, 

el desmoronamiento de la estrella, 

el tierno desplegarse de la ola 

despilfarrando nieve con la espuma, 

el poder quieto, allí, determinado 

como un trono de piedra en lo profundo, 

substituyó el recinto en que crecían 

tristeza terca, amontonando olvido, 

y cambió bruscamente mi existencia:

di mi adhesión al puro movimiento.

El mar siempre formó parte de la vida de Neruda, que vivió en Valparaíso, una ciudad que se sitúa en el litoral chileno. Allí encontró, muchas veces, la inspiración para escribir. En estos versos es posible percibir el amor hacia el olor, el color y el movimiento de las olas y todo lo que ambienta este paraíso.

15. No estés lejos de mí

No estés lejos de mí un sólo día, porque cómo,

porque, no sé decírtelo, es largo el día,

y te estaré esperando como en las estaciones

cuando en alguna parte se durmieron los trenes.

No te vayas por una hora porque entonces

en esa hora se juntan las gotas del desvelo

y tal vez todo el humo que anda buscando casa

venga a matar aún mi corazón perdido.

Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,

ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:

no te vayas por un minuto, bienamada,

porque en ese minuto te habrás ido tan lejos

que yo cruzaré toda la tierra preguntando

si volverás o si me dejarás muriendo.

Este poema trata sobre las ganas de estar con con esa mujer por la que uno siente un profundo e intenso sentimiento y, como consecuencia, existe una necesidad de expresarlo, para poder fundirte en su cuerpo.

16. Puedo escribir los versos más tristes esta noche…

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.

La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Un poema que deja claro una inmensa tristeza por no poder estar con la persona amada. Por querer y no poder, por desear y no tener, por soñar y despertar. Un sueño que ocupa gran parte de su tiempo y de su pensamiento.

17. Vírese

Hoy que danza en mi cuerpo la pasiòn de Paolo

y ebrio de un sueño alegre mi corazòn se agita:

hoy que sé la alegría de ser libre y ser solo 

como el pistilo de una margarita infinita:

oh mujer -carne y sueño-, ven a encantarme un poco, 

ven a vaciar tus copas de sol en mi camino: 

que en mi barco amarillo tiemblen tus senos locos 

y ebrios de juventud, que es el más bello vino.

Es bello porque nosotros lo bebemos 

en estos temblorosos vasos de nuestro ser

que nos niegan el goce para que lo gocemos. 

Bebamos. Nunca dejemos de beber.

Nunca, mujer, rayo de luz, pulpa blanca de poma, 

suavices la pisada que no te hará sufrir. 

Sembremos la llanura antes de arar la loma. 

Vivir será primero, después será morir.

Y después que en la ruta se apaguen nuestras huellas 

y en el azul paremos nuestras blancas escalas 

-flechas de oro que atajan en vano las estrellas-, 

oh Francesca, hacia dónde te llevarán mis alas!

Otro de los poemas que característicos de Pablo Neruda, en los que habla del mar y de una mujer a la que el autor le pide vivir el amor intensamente, dando rienda suelta al corazón y la expresión de los sentimientos.

18. Mujer, nada me has dado

Nada me has dado y para ti mi vida 

deshoja su rosal de desconsuelo,

porque ves estas cosas que yo miro, 

las mismas tierras y los mismos cielos,

porque la red de nervios y de venas

que sostiene tu ser y tu belleza

se debe estremecer al beso puro

del sol, del misino sol que a mí me besa.

Mujer, nada me has dado y sin embargo 

a través de tu ser siento las cosas:

estoy alegre de mirar la tierra 

en que tu corazón tiembla y reposa.

Me limitan en vano mis sentidos 

-dulces flores que se abren en el viento-

porque adivino el pájaro que pasa 

y que mojó de azul tu sentimiento.

Y sin embargo no me has dado nada,

no se florecen para mí tus años, 

la cascada de cobre de tu risa 

no apagará la sed de mis rebaños.

Hostia que no probó tu boca fina, 

amador del amado que te llame, 

saldré al camino con mi amor al brazo

como un vaso de miel para el que ames.

Ya ves, noche estrellada, canto y copa 

en que bebes el agua que yo bebo, 

vivo en tu vida, vives en mi vida, 

nada me has dado y todo te lo debo.

Puede ocurrir que la otra persona no nos dé nada pero que sintamos una inmensa atracción que nos envuelve y que alimenta nuestro deseo de estar junto a ella. Esto es de lo que trata exactamente este poema.

19. Me peina el viento de los cabellos

Me peina el viento los cabellos 

como una mano maternal:

abro la puerta del recuerdo 

y el pensamiento se me va.

Son otras voces las que llevo, 

es de otros labios mi cantar:

hasta mi gruta de recuerdos 

tiene una extraña claridad!

Frutos de tierras extranjeras, 

olas azules de otro mar, 

amores de otros hombres, penas 

que no me atrevo a recordar.

Y el viento, el viento que me peina 

como una mano maternal!

Mi verdad se pierde en la noche:

no tengo noche ni verdad!

Tendido en medio del camino 

deben pisarme para andar.

Pasan por mí sus corazones 

ebrios de vino y de soñar.

Yo soy un puente inmóvil entre 

tu corazón y la eternidad.

Si me muriera de repente 

no dejaría de cantar!

Un bonito poema de Pablo Neruda, que recoge parte de la gran creatividad del autor, y en la que es posible apreciar la expresión de sus profundos conflictos subjetivos en referencia al deseo que éste siente.

20. Tengo miedo

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza 

del cielo se abre como una boca de muerto. 

Tiene mi corazón un llanto de princesa 

olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño 

que reflejo la tarde sin meditar en ella. 

(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño 

así como en el cielo no ha cabido una estrella.)

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe 

y hay un grito en mi boca que mi boca no grita. 

No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste 

abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo, de una calma agonía 

sin la fiesta del sol o el crepúsculo verde. 

Agoniza Saturno como una pena mía, 

la tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vacío van ciegas

las nubes de la tarde, como barcas perdidas

que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.

Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.

Los conflictos internos por los que pasa el autor le provocan un gran miedo que intenta plasmar en estos versos. Este miedo tan sentido, afecta notablemente a la mente y al cuerpo, y va emergiendo y desarrollándose hasta causar un profundo cansancio.

21. Ayer

Todos los poetas excelsos se reían de mi escritura a causa de la puntuaciòn,

mientras yo me golpeaba el pecho confesando puntos y comas,

exclamaciones y dos puntos es decir, incestos y crímenes

que sepultaban mis palabras en una Edad Media especial

de catedrales provincianas.

Todos los que nerudearon comenzaron a valiejarse

y antes del gallo que cantó se fueron con Perse y con Eliot

y murieron en su piscina.

Mientras tanto yo me enredaba con mi calendario ancestral

más anticuado cada día sin descubrir sino una flor

descubierta por todo el mundo, sin inventar sino una estrella

seguramente ya apagada, mientras yo embebido en su brillo,

borracho de sombra y de fòsforo, seguía el cielo estupefacto.

La próxima vez que regrese con mi caballo por el tiempo

voy a disponerme a cazar debidamente agazapado

todo lo que corra o que vuele: a inspeccionarlo previamente

si está Inventado o no inventado, descubierto 

o no descubierto:no se escapará de mi red ningún planeta venidero.

Unos versos de impresionante belleza que vienen plasmados de un contexto autobiográfico, en el que Neruda habla del ayer, pero también del presente y del lugar donde ha llegado. Todo ello con lenguaje extraordinario que inunda los sentidos. 

22. Soneto 93

Si alguna vez tu pecho se detiene, 

si algo deja de andar ardiendo por tus venas, 

si tu voz en tu boca se va sin ser palabra, 

si tus manos se olvidan de volar y se duermen, 

Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos 

porque ese último beso debe durar conmigo, 

debe quedar inmóvil para siempre en tu boca 

para que así también me acompañe en mi muerte. 

Me moriré besando tu loca boca fría, 

abrazando el racimo perdido de tu cuerpo, 

y buscando la luz de tus ojos cerrados. 

Y así cuando la tierra reciba nuestro abrazo 

iremos confundidos en una sola muerte 

a vivir para siempre la eternidad de un beso.

Un poema sobre el choque que se produce cuando e amor entra en contacto con la muerte. Expresa intensos sentimientos de duelo.

23. Soneto 83

Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche, 

invisible en tu sueño, seriamente nocturna, 

mientras yo desenredo mis preocupaciones 

como si fueran redes confundidas. 

Ausente, por los sueños tu corazón navega, 

pero tu cuerpo así abandonado respira 

buscándome sin verme, completando mi sueño 

como una planta que se duplica en la sombra. 

Erguida, serás otra que vivirá mañana, 

pero de las fronteras perdidas en la noche, 

de este ser y no ser en que nos encontramos 

algo queda acercándonos en la luz de la vida 

como si el sello de la sombra señalara 

con fuego sus secretas criaturas.

Un poema que se centra en las sensaciones que produce la intimidad en pareja, aludiendo constantemente a los elementos que rodean a la temática de la noche.