Vernos con una mirada más amable es posible. Unsplash.

Muchas veces olvidamos que, si las relaciones personales ya son complicadas, a veces lo verdaderamente difícil es relacionarse con uno mismo.

Y es que sentirse bien con uno mismo es, para algunas personas, una meta prácticamente inalcanzable, algo que parece incluso más improbable que aprender las habilidades más complejas. A fin de cuentas, mientras que para aprender a jugar al ajedrez o completar una cerrera universitaria los pasos a seguir son bastante claros, no ocurre lo mismo con la ardua tarea de reparar nuestra autoestima.

En este artículo veremos una propuesta de varios pasos a seguir para sentirse mejor con uno mismo, con ejemplos e indicaciones.

Sentirse mejor con uno mismo es posible

En el mundo de la mente humana pocas cosas son inmutables, y los sentimientos aparentemente más persistentes de desprecio hacia uno mismo pueden desaparecer si aprendemos a vernos con otros ojos.

Para ello, deberás cambiar tanto tus patrones de pensamiento como tu manera de relacionarte con el entorno y con los demás. Esta doble vía de acción, enfocada hacia las creencias y hacia las acciones, es la base de las terapias cognitivo-conductuales, y aunque el hecho de no pasar por la consulta del psicólogo hace que las posibilidades de éxito se reduzcan, sigue valiendo la pena implementar estas estrategias en el día a día.

1. Revisa tu estilo de atribución

Las personas con problemas de autoestima tienden a atribuir sus logros a la suerte o a los demás; en definitiva, a elementos que no son parte del propio mérito. Al mismo tiempo, creen que la mayor parte de las cosas malas que les ocurren sí son su culpa, incluso aunque la relación causa-efecto no esté clara.

Así pues, ante la pregunta de "¿cómo sentirme mejor conmigo mismo?" debes empezar reflexionando profundamente sobre tu estilo de atribución en aquellos casos en los que te sucedan cosas significativamente buenas o significativamente malas. Lo ideal sería hacerlo lo más habitualmente posible, pero como seguramente te faltará tiempo y energías para estar aplicándolo todo el rato, es mejor ir a lo práctico y hacerlo en los casos más especiales. Con el tiempo, automáticamente irás perdiendo la necesidad de hacerlo.

Por ejemplo, si te felicitan por un proyecto de universidad, es mucho más razonable que esto sea gracias a tus méritos a que sea a causa de que le caes bien a quien evalúa (simplemente, porque la mayoría de evaluadores hacen su trabajo). Del mismo modo, es muy frecuente que las personas maltratadas crean que esos ataques son su culpa, aunque esto evidentemente no sea así.

2. Practica la compasión

Si tienes problemas para aceptarte, posiblemente estés aplicando unas expectativas muy rígidas a esas creencias acerca de lo que deberías ser y no eres. Por ejemplo, hay millones de mujeres que se culpan por no parecerse a mujeres que literalmente no existen, dado que son modelos irreconocibles tras pasar por una capa de programas de edición de imagen por ordenador.

Así pues, del mismo modo en el que empatizas con el resto de personas, practica la compasión contigo mismo, y acepta que no tienes por qué estar sujeto o sujeta a condiciones tiránicas de comportamiento. No es obligatorio adaptarse perfectamente a esos ideales que tenemos, simplemente tender a ellos, si eso es lo que queremos. Para ello, dedica 5 minutos al día a reflexionar acerca de si tu "Yo ideal" es razonable o no, y si tratas de parecerte demasiado a esa persona que solo existe en tu imaginación.

3. Ama tus aparentes imperfecciones

La realidad es demasiado compleja para poder ser dividida en "lo bueno" y "lo malo". Por supuesto, hay situaciones en las que sí está claro que algo está bien y su opuesto no lo está, pero esto no ocurre siempre, porque el mundo no está hecho para encajar en categorías de pensamiento tan herméticas y delimitadas.

Una de las consecuencias de esto es que lo que creemos que son imperfecciones propias no tienen por qué serlo.

De hecho, hay quien ama esas características personales de las que otros se avergonzarían. Por ejemplo, el carácter desinhibido de quienes no tienen complejos pero viven en sociedades fuertemente conservadoras, o incluso las arrugas, que en un contexto en el que la discriminación a las personas maduras es generalizada, pueden ser vistas como un valor estético positivo, al ser un signo de experiencia.

Del mismo modo, hay manías y rasgos "muy propios" que pueden resultar adorables o carismáticos si dejamos de verlos como fallos en uno mismo: evidentemente, si nos avergonzamos de ellos, eso se nota, y el resto de personas actuarán como si efectivamente esas características fuesen algo malo.

4. Dedícate a lo que te gusta

Una de las causas más habituales por las que las personas tienen dificultades para aceptarse a ellas mismas es que creen que desperdician su tiempo. Para evitar esto, la solución es reinventarse. Trabajar para llegar a una situación en la que podemos dedicarnos a lo que amamos. Si hacemos esto, incluso podemos estar orgullosos del camino que realizamos para llegar a ese puto de la vida, aunque aún no se haya llegado a él.

Oriéntate hacia la acción. Evita ensañarte contigo a través de los pensamientos negativos, que a la práctica no son más que una excusa para no mejorar, y concéntrate en dirigir tu acción a hacer cosas que realmente sientas que te hacen crecer. Crea motivos para sentir orgullo para ser quien eres, en tu situación y con los medios con los que dispongas.