Ganar más da más posibilidades de ser feliz, pero no lo garantiza.

La felicidad está relacionada con el dinero. Es así de simple, pero con matices. Algunos autores se apresuran a aseverar que “el dinero no lo es todo” o que “no compra la felicidad”. La primera podríamos aceptarla, la segunda, necesita explicación. Establecida la conexión entre el salario y el bienestar personal, los expertos sugieren que existen niveles y rangos de ingresos para medir hasta qué punto esto es cierto.

Por otra parte, si el dinero es la felicidad, ¿hasta qué punto inciden los ingresos en ello? ¿Existe algún límite de ingresos que no pueda hacer aumentar esa felicidad? Un trabajo publicado en la revista Nature nos revela alguna curiosidades. No obstante, algunos psicólogos como el estadounidense Charles Whitehead, siguen siendo escépticos con este tema y negando las conclusiones del estudio que comentaremos a continuación.

¿El dinero no compra la felicidad?

Socialmente está más que aceptado que el dinero no da la felicidad. Es más, en el año 2010 se publicó un estudio de la Universidad de Victoria (Nueva Zelanda) que afirma, efectivamente, que el dinero era igual a bienestar pero que, de ningún modo, era capaz de “comprar” dosis de felicidad. En dicho estudio se realizaron casi 500.000 entrevistas de unos 70 países por todo el globo. Las conclusiones fueron que la libertad y el tiempo libre están por encima de la riqueza acumulable a la hora de aportar bienestar.

Algunos opinan que esto respondía a un estudio intencionado para calmar a las masas en momentos de crisis económica y de un retroceso del poder adquisitivo de los ciudadanos a nivel mundial. Por decirlo de alguna manera, este estudio supuso un alivio emocional para esos colectivos que estaban convencidos de que los Bill Gates y Amancios Ortega vivían más felices.

Pues no estaban tan equivocados. Otro estudio en conjunto entre la Universidad de Harvard y Columbia (EE.UU.) contradice la investigación de sus colegas oceánicos. Es más una cuestión semántica. El dinero no compra la felicidad, cierto, pero sí que ayuda a poder invertir en ella en tiempo libre. Lo que distingue inequívocamente a las personas felices de las infelices, es la variable tiempo. Si tenemos unos buenos ingresos y sabemos gestionar el tiempo de ocio con la vida laboral, podremos tener muchas más posibilidades de ser felices, mientras que la población con menos dinero tiene que aceptar trabajos precarios de muchas horas o pluriemplearse para poder sobrevivir.

El problema es que a la inversa, no ocurre lo mismo. Si tenemos poco dinero pero mucho tiempo libre no podremos invertir en nuestro bienestar, no disponemos de los suficientes recursos para poder sacarle partido a las horas libres. La lógica es la siguiente: los ratos sin obligaciones minimizan los efectos del estrés y la ansiedad, lo que incrementa la felicidad.

Los límites entre la relación dinero versus felicidad

Para determinar la correlación entre la felicidad y el dinero, los sociólogos y expertos investigadores en comportamiento humano norteamericanos Andrew T. Jebb, Louis Tay, Ed Diener y Shigehiro Oishi, realizaron su estudio mediante el método Gallup. La Gallup Organization se encarga específicamente de medir, analizar y estudiar el comportamiento de los individuos para resolver las cuestiones que preocupan a la sociedad en general.

Habiendo escogido el Gallup World Poll, los autores se basaron en un panel de 2 millones de personas de todo el mundo, controlando factores demográficos que determinan los ingresos por zona en la que se realizan las recogidas de datos, de manera aleatoria para reducir al máximo cualquier tipo de parcialidad. Concluido el estudio, se ha obtenido un resultado esclarecedor: hay un umbral a partir del cual ganar más dinero no proporciona más felicidad. Este límite oscila entre los 60.000 dólares y los 90.000 anuales. Las cifras que superen esa cantidad, son incapaces de generar más felicidad o estabilidad emocional.

El tiempo libre, factor desconocido

Al ser una temática de extremada complejidad para sacar conclusiones exactas, cada autor que interviene en este tipo de estudios o investigaciones, trata de recoger distintas variables y afirmaciones para sostener una tesis más realista. Para ello, tanto Elizabeth Dunn, colaboradora de la investigación de la Universidad de Columbia, como Louis Tay, coinciden en que el factor tiempo es la madre de todas las incógnitas

Se realizó un estudio paralelo para poder concretar esta tesis. Con un número menor de participates, poco más de un millar de ellos (y sólo en los Estados Unidos), se agrupó a gente bien acomodada, multimillonarios y gente de clase media o media baja, y más de la mitad de los encuestados decía no saber de la ventaja de invertir en la reducción del estrés por medio de descargarse de otras responsabilidades que les implique tener más tiempo para ellos.