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El ser humano es fundamentalmente un animal social, y eso hace que adapte su comportamiento dependiendo del contexto social en el que se encuentre. Pero el carácter social de nuestra especie es muy diferente del de otras formas de vida.

Así como los insectos sociales como las hormigas pueden vivir en grandes colonias, estas no son conscientes de ello: les falta la capacidad de imaginar el concepto del "otro" y de "uno mismo". Nosotros, en cambio, somos sociales no solo porque vivimos en colectivo, sino también porque pensamos en los estados mentales de los demás. Esto, sin embargo, tiene un efecto secundario llamado reactividad psicológica.

¿Qué es la reactividad psicológica?

En psicología, la reactividad es un concepto que sirve para designar la tendencia que tienen los individuos a modificar su comportamiento cuando sienten que alguien los está observando. La presencia o ausencia de la reactividad psicológica hace que nos comportemos de una u otra manera, estemos solos o acompañados. De hecho, la reactividad puede no existir en contextos en los que estemos rodeados de mucha gente, justamente porque el hecho de estar en un lugar muy concurrido nos puede hacer pensar que nadie va a fijarse en nosotros. Lo que importa es el hecho de ser conscientes de que alguien nos observa, no tanto nuestra proximidad física a otras personas que podrían vernos.

Así pues, es posible que la reactividad psicológica aparezca en momentos en los que estamos solos, si llegamos a creer que hay entidades incorpóreas que nos miran, algo típico del pensamiento mágico. Pero tampoco es necesario que esta creencia sea muy firme; el simple hecho de evocar a una persona a la que queremos causar una buena impresión puede hacer que, sin darnos cuenta, nos comportemos de manera algo más parecida a como lo haríamos si ese alguien estuviera realmente observándonos.

Es este fenómeno el que hace, por ejemplo, que la Psicología Social no solo estudie la influencia que los demás tienen en la persona, sino también la influencia que tienen en esta entidades imaginarias que son percibidas como reales o parcialmente reales en el aquí y ahora.

Es por eso que la reactividad psicológica es un fenómeno complejo, que depende tanto de cómo percibimos nuestro entorno como de elementos cognitivos y de nuestra imaginación. Por consiguiente, es difícil de controlar y de estudiar, ya que la imaginación tiene un papel en ella, y esta no puede ser modificada de manera previsible desde el exterior del individuo. 

Además, la reactividad contiene siempre una escala de intensidad: cambiar un nuestra conducta al recordar a un profesor al que le debemos mucho no es lo mismo que hacerlo al saber que nos están observando miles de personas a través de una cámara de televisión. En el segundo caso, la influencia de los demás será mucho más notoria, y tendrá un impacto en prácticamente todos nuestros gestos.

La reactividad psicológica en la investigación

Pero si para algo sirve el concepto de reactividad psicológica, es para tenerlo en cuenta en investigaciones basadas en la observación de individuos

Uno de los principios de la ciencia es el objetivo de estudiar los procesos naturales sin intervenir en ellos, pero la reactividad psicológica supone una fuerte interferencia allí donde los investigadores de la conducta tratan de aprender acerca del comportamiento de humanos u otros animales con sistemas nerviosos desarrollados: su sola presencia hace que los individuos se comporten de manera distinta a como lo harían si no estuviesen siendo sujetos de estudio científico, y de este modo los resultados obtenidos quedan contaminados

En Psicología, como en cualquier ciencia, es imprescindible saber delimitar bien el tipo de fenómenos que están siendo estudiados, es decir, aislar las variables para fijarse en aquello que se quiere investigar, y la reactividad psicológica puede producir resultados que no sean representativos de esos procesos mentales o sociales que estamos intentando conocer mejor.

Esto significa que la presencia de reactividad psicológica en investigaciones científicas supone una amenaza para su validez interna, es decir, de cara a su capacidad de encontrar hallazgos relacionados con el objeto de estudio que se quería investigar, y no con otra cosa. Por ejemplo, si en una investigación se pretende analizar los patrones de conducta de una etnia concreta a la hora de tomar decisiones de compra, los resultados obtenidos podrían reflejar en realidad el modo en el que los miembros de este colectivo quieren ser vistos por los occidentales, sin que los investigadores se den cuenta de ello.

El efecto Hawthorne

El efecto Hawthorne es un tipo de reactividad psicológica que se da cuando los sujetos que participan en una investigación saben que están siendo observados. 

Es el tipo de reactividad psicológica típica de las investigaciones sobre la conducta, y presenta diferentes variantes, como el efecto John Henry, que ocurre cuando un grupo de sujetos modifican su conducta al imaginarse que forman parte del grupo control de un experimento, o el efecto Pigmalión, en el que los voluntarios de una investigación adaptan su comportamiento voluntaria o involuntariamente para que la hipótesis principal defendida por los experimentadores quede confirmada. Este fenómeno suele ir precedido del efecto experimentador, que se da cuando los propios investigadores dan pistas acerca de cuáles son sus intenciones y qué resultado esperan obtener.

¿Cómo evitar la reactividad psicológica en investigación?

Normalmente, la reactividad psicológica se controla haciendo que las personas que participan en un estudio sepan lo mínimo acerca de este. En psicología social, por ejemplo, es habitual ocultar casi toda la información acerca del objetivo de los estudios, y en ocasiones se miente, siempre y cuando esto no vaya en contra de la integridad y la dignidad de las personas, y aclarándose de qué trata el experimento después de haber realizado las observaciones.

Los estudios de doble ciego son parte de los que están mejor diseñados para prevenir la aparición de la reactividad psicológica, ya que en ellos ni los sujetos que están siendo estudiados ni los que realizan la recogida de datos "en bruto" acerca de los anteriores saben cuál es el objetivo de la investigación, evitando de este modo que se den los efectos Pigmalión y experimentador.