La psicología es una disciplina de la que se habla mucho pero que no resulta fácil de comprender en su globalidad. 

Algunas personas creen que forma parte del campo de la salud, otras asumen que su principal aportación es la “cura hablada” o que los psicólogos saben leer los pensamientos de los demás analizando lo que dicen y cómo se mueven, y no son pocas las que siguen confundiéndola con la filosofía.

Todo esto es indicativo de un hecho: aunque la psicología sea una ciencia joven, la gran cantidad de corrientes y de salidas profesionales que parten de ella hace que se haya generado una confusión acerca de su razón de ser. 

Entender la Psicología

¿Qué es la psicología, exactamente? La respuesta a esto es sencilla y complicada a la vez,así que, para entenderla de forma sencilla y organizada, la veremos a partir de 5 claves. Empecemos por lo básico.

1. Una definición sencilla de “Psicología”

Podemos empezar con una explicación simple de lo que es la psicología. Esta definición sería la siguiente: la psicología es la disciplina científica que estudia y analiza la conducta y los procesos mentales de las personas.

Esta es una explicación bastante superficial de lo que se entiende por psicología, pero por lo menos sirve como punto de partida y, además, permite dejar a un lado uno de los mitos más frecuentes acerca de esta disciplina. Este mito es el que entiende la psicología como uno de los apartados de las ciencias de la salud.

Ciertamente, los primeros psicólogos estaban fuertemente vinculados a la medicina y a la neurología, pero ya desde el principio existía una voluntad de entender la mente humana en sus aspectos más universales, no solo en la enfermedad. Incluso Sigmund Freud, cuyas teorías han quedado desfasadas, no solo pretendía entender la psicopatología, sino las “estructuras psíquicas” y los mecanismos a través de los cuales funcionaban en cualquier ser humano.

Así pues, esta ciencia se ocupa de estudiar los procesos mentales en general, no solo los trastornos psicológicos, si bien la psicología clínica y de la salud son sus dos ámbitos de intervención más conocidos y popularizados. Eso significa que la idea que muchas personas tienen de ella se centra tan solo en una de sus facetas y deja fuera muchos de sus componentes, como la psicología social, la psicología de las organizaciones, etc.

2. El estudio de la conducta

Tal y como hemos visto, la definición básica de psicología es sorprendentemente amplia. Sin embargo, esto genera algunos problemas. Por ejemplo, no existe un consenso absoluto acerca de cuál es el objeto de estudio de esta disciplina, es decir, aquello que se intenta comprender.

Hemos visto que, teóricamente, los psicólogos estudian los procesos mentales y la conducta, pero esta simple distinción ya trae polémica.

Para algunos, aclarar que procesos mentales y conducta son dos cosas separadas es necesario para no dejar de lado el objetivo de comprender los sentimientos, las creencias y, en general, todo lo que ocurre, por decirlo de algún modo, “de puertas para adentro”, en el interior de nuestra cabeza.

Para otros, especialmente los herederos de la corriente conductista, distinguir entre procesos mentales y conducta está injustificado. ¿Acaso lo que pasa dentro de nuestra cabeza ocurre en paralelo a lo que hace el resto de nuestro cuerpo? Si no queremos caer en el dualismo, deberíamos partir de la idea de que nuestra vida mental no nace espontáneamente en algún lugar de nuestra “psique”, como si esta fuese alguna sustancia desconectada de las células que nos componen. Según esta perspectiva, todo aquello que solemos atribuir a lo mental es, también, una forma de conducta: un tipo de respuesta que aparece ante cierto estímulo, producido a su vez por una cadena de causas y efectos que siempre está conectada a nuestro entorno y, por consiguiente, a lo no-mental.

3. Estudiando humanos y no humanos

En la definición se menciona la relación entre la psicología y el estudio de aspectos del ser humano, pero esto no es del todo así. A la práctica, los psicólogos investigan e intervienen centrándose en nuestra especie, pero muchos de ellos también trabajan con etólogos, neurocientíficos y biólogos en general estudiando toda clase de animales. A fin de cuentas, muchos de ellos también disponen de un sistema nervioso, una vida mental y la propensión a aprender nuevas conductas.

Además, también es posible estudiar animales con la mirada puesta en nuestra especie para entender mejor quiénes somos y de dónde venimos. La psicología comparada se ocupa en buena parte de esto; por poner un ejemplo, ver el modo en el que ciertos grupos de primates reaccionan ante un espejo nos ayuda a saber más acerca de cuál es la naturaleza de la consciencia y del autoconcepto.

4. ¿La psicología se centra en los individuos?

Antes hemos visto que la psicología estudia “personas”. Si esta manera de expresarse parece ambigua es simplemente porque lo es; hay infinidad de aspectos sobre los que puede intervenir esta disciplina, y algunos de ellos tienen que ver con lo social, mientras que otros no.

Actualmente está muy asumido que nuestra manera de pensar, sentir y actuar tiene mucho que ver con las interacciones sociales en las que hemos participado. No existimos como individuos que viven al margen de la sociedad; formamos parte de ella, queramos o no, desde el momento en el que nuestra mente está modelada por algo creado conjuntamente: el lenguaje.

Sin embargo, puestos a centrarse en una de las facetas de lo que nos hace humanos, algunos psicólogos eligen fijar su atención en la persona entendida como individuo, mientras que otros estudian la persona como entidad que participa en una red de interacción social. Por ejemplo, es posible estudiar la inteligencia o la memoria de individuos con ciertas características, y también es perfectamente legítimo analizar cómo el hecho de estar participando en un trabajo en grupo hace que razonamos y construyamos propuestas colectivamente.

5. ¿Los psicólogos hacen ciencia?

Otro de los puntos calientes a la hora de entender lo que es la psicología es su pertenencia o no al mundo de las ciencias. Es cierto que esta disciplina tiene una faceta que no forma parte de la ciencia en el sentido estricto de la palabra, sino más en todo caso a las ciencias aplicadas, ya que utiliza el conocimiento generado científicamente para aplicarlo y conseguir ciertos efectos. Sin embargo, la polémica no viene por ese lado, sino por el grado en el que es posible predecir el comportamiento, especialmente el humano.

El poder para predecir lo que va a pasar y el modo en el que se reacciona cuando las previsiones fallan es algo a lo que se presta mucha atención para determinar lo que es ciencia y lo que no. A fin de cuentas, ver cómo se confirman las previsiones acerca de un elemento de la naturaleza es un signo de que se ha comprendido bien su funcionamiento y que, por lo menos hasta que aparezca una teoría mejor, resulta razonable fiarse de la que ya hay. Es en este aspecto en el que se centra la discusión acerca de la cientificidad de la psicología.

Predecir el comportamiento

En comparación a la química o la física, la psicología tiene muchos más problemas para establecer pronósticos concretos y certeros, pero esto no puede ser de otra manera: el sistema nervioso del ser humano, que es el componente principal de la conducta y los procesos mentales en nuestra especie, es uno de los sistemas más complejos de la naturaleza, y además cambia constantemente. Esto tiene dos efectos.

El primer efecto es que la cantidad de variables que influyen en lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos es abrumadora, prácticamente infinita. El simple hecho de habernos encontrado un perro intimidante en la puerta del laboratorio de psicología influirá en lo que vaya a pasar después. Es por eso que la psicología puede optar a conocer patrones estadísticos y algunas de las variables más relevantes a la hora de comprender fenómenos psicológicos, pero no aspira a conocer prácticamente todo lo que entra en juego, algo a lo que sí pueden aspirar los químicos que estudian moléculas.

El segundo efecto es que la conducta y lo mental son fruto de un proceso histórico. Esto significa que siempre somos diferentes, nunca volvemos a ser idénticos a nuestro “yo” del día anterior. ¿Qué implicaciones tiene esto a la hora de decidir si la psicología es ciencia? Muy sencillo: aquello sobre lo que se realiza una predicción nunca es igual a aquello que se ha estudiado antes y cuya información ha permitido establecer la predicción. La persona o grupo de personas sobre el que tratamos de predecir cosas ya ha cambiado desde el momento en el que la analizamos por última vez.

Así pues, todo depende de la definición de ciencia que utilicemos y su grado de amplitud. Si creemos que los científicos deben predecir con un grado de exactitud muy elevado, la psicología queda fuera, lo cual no significa que no sea útil, tal y como pasa con la profesión de los historiadores. Pero si consideramos que la ciencia es aquello que permite establecer predicciones en un grado en el que estas sean útiles y propensas a ser puestas en entredicho si se da el caso de que no se cumplen (algo que no ocurre en las pseudociencias), entonces queda dentro.