La indecisión puede anclarnos en la zona de confort. Unsplash

Muchas veces se habla sobre lo malo que es no tener la opción de elegir. La falta de libertad que sentimos en algunas situaciones, como por ejemplo cuando nos faltan recursos para vivir de manera autónoma, puede ser asfixiante. Pero no es menos cierto que, en esos momentos en los que sentimos que somos libres para decidir qué hacer con nuestras vidas, las dudas nos pueden paralizar.

Es por eso que en ocasiones es muy útil que te plantees una serie de preguntas sobre la vida y lo que esperas de esta. Interrogantes acerca de tu identidad, sobre el modo en el que ordenas tus prioridades y sobre por qué te relacionas con tu entorno y con los demás de la manera en la que lo haces.

Preguntas sobre la vida para conocerte profundamente

Obviamente, es prácticamente imposible saberlo todo acerca de nosotros mismos, sobre nuestros deseos presentes y futuros y sobre la manera en la que podríamos evolucionar en el futuro. Sin embargo, el simple hecho de revisar de vez en cuando nuestras expectativas y creencias acerca de lo que para nosotros significa vivir, ya es una manera de salir de la indecisión y acercarnos un poco más a la sabiduría.

A continuación veremos varias preguntas sobre la vida que sirven para reflexionar sobre cómo fundamentamos nuestra filosofía personal.

1. ¿Me relaciono con las personas con las que quiero pasar mi tiempo?

Hay varios ámbitos de la vida que nos llevan a tratar con personas que, sin caernos necesariamente mal, nos aportan muy poco en términos globales. Por ejemplo, pasar el rato con compañeros de clase, con personas que suelen salir por los mismos lugares que nosotros o con algunos colegas del trabajo puede convertirse en una dinámica habitual, aunque eso realmente no nos llene.

Afortunadamente, hoy en día es más fácil que nunca conocer gente nueva: contamos con Internet y con la posibilidad de movernos por diferentes lugares a un precio relativamente bajo. Buscar nuevas amistades y relaciones significativas es fundamental para sentirnos bien.

2. ¿Cuáles son mis referentes?

Tener verdaderos ídolos no es muy recomendable, pero ver reflejadas nuestras aspiraciones en otra persona es hasta cierto punto normal. Sin embargo, una de las preguntas sobre la vida que ayudan a saber dónde estamos y hacia dónde queremos ir debería estar dedicada a esas personas que nos indican lo que querríamos para nosotros, y por qué.

Tener en cuenta qué es lo que valoramos de esas personas a las que admiramos nos puede ayudar a comprender mejor nuestras vidas: no es tan importante preguntar sobre el qué, sino que más bien hay que centrarse en el por qué.

3. ¿En qué consiste la madurez para mí?

El concepto de ser una persona madura” es extremadamente amplio y hay diferentes interpretaciones sobre lo que significa crecer emocional y psicológicamente. Por ejemplo, para algunos madurar es deseable, mientras que para otros esto significaría abrazar el conformismo y la monotonía.

Así pues, merece la pena tener en cuenta cuál es nuestra definición de esto, y ver si encajamos con esa descripción o, incluso, si nos interesa encajar en ella.

4. ¿Estoy sacrificando demasiado por mi vida laboral?

El mundo se está volviendo cada vez más competitivo, hasta el punto en el que la separación entre la vida personal y la profesional se está difuminando, cada vez está menos presente. Ahora es normal llevarse trabajo a casa, realizar tareas desde el ordenador portátil, llamadas a deshoras…

Por otro lado, como la competencia nos presiona, debemos trata de trabajar duramente, y el hecho de que el negocio vaya bien no siempre nos lleva a relajarnos, ya que la inestabilidad y la posibilidad de que una gran empresa nos perjudique nos llevan a estar en guardia.

¿No sería mejor dejar de sacrificar tanto por el trabajo? ¿Estamos en una situación en la que sea razonable tomarse un respiro? Estas son preguntas que deberían ayudarnos a orientar nuestras vidas de manera habitual.

5. ¿Qué es lo que me define?

Siempre que pensamos en el resto de personas, lo hacemos a partir de una serie de creencias sobre sus características acerca de su personalidad, sus motivaciones, etc. Estas valoraciones no se producen en el vacío, sino que las realizamos comparando a esa persona con las demás.

¿Qué pasaría si hiciésemos eso con nosotros mismos? A la hora de pensar en una característica que nos distinga de la mayoría, ¿qué es lo primero que viene a la mente?

6. ¿Qué es lo que me gustaría que dijesen de mí en mi funeral?

Imaginar esta situación es una manera de buscar características sobre nosotros que nos gustan, pero también una forma sencilla de tener en cuenta cuáles son esas características a las que aspiramos y que por algún motivo creemos que aún no hemos conseguido tener.

7. ¿Si tuviera que darle un consejo a alguien más joven, cuál sería?

Vivir consiste en aprender, y por eso la experiencia nos hace más sabios. Es por eso que cualquier persona, sean cuales sean sus circunstancias, tiene la capacidad de dar aunque solo sea un consejo a alguien significativamente más joven. ¿Cuál sería el que darías tú?

8. ¿Quiero cambiar, o quiero que el mundo cambie?

Ambas opciones son muy deseadas por la mayoría de las personas, pero siempre se puede establecer una serie de prioridades. Si percibes que el mundo es profundamente injusto y debe cambiar mucho, hacer esto te quitará tiempo y energías para cambiarte a ti, y viceversa.

9. ¿Tiendo a obsesionarme con problemas que no existen?

A la hora de plantearnos planes de futuro, el miedo a las situaciones que podrían ocurrir puede llegar a dejarnos en un estado de estancamiento y falta de evolución personal. ¿Tienes una propensión a caer en este tipo de trampas mentales?

10. ¿Me interesa hacer cosas nuevas, o perfeccionar lo que ya hago?

Hay quien sufre la monotonía como un mal menor que permite no moverse de la zona de confort, y hay quien usa las experiencias novedosas como una manera de escapar de sus preocupaciones constantemente. Ambas tendencias son dañinas, y es por eso que merece la pena que una de nuestras preguntas sobre la vida tenga que ver con la manera en la que nos relacionamos con lo nuevo, lo que rompe con lo cotidiano.