Psicología

¿Por qué parpadeamos automáticamente?

Esta acción automática e involuntaria forma parte de un mecanismo ancestral de protección.

¿Por qué parpadeamos automáticamente?
Oscar Castillero Mimenza Oscar Castillero Mimenza Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

En nuestra vida diaria miramos constantemente. Vemos y analizamos lo que observamos a través de nuestros ojos y, de hecho, una gran parte de nuestra corteza cerebral está dedicada a procesar datos visuales. Sin embargo, cada pocos segundos sucede algo de lo que muchas veces no nos damos ni cuenta: cerramos los ojos para volver a abrirlos inmediatamente. 

Dicho de otra manera, parpadeamos. Esta acción puede ser forzada e incluso controlada por nosotros si prestamos atención a ella, pero por norma general se trata de algo que realizamos de manera inconsciente e involuntaria. Pero ¿por qué hacemos ésto? ¿Por qué parpadeamos automáticamente?

El parpadeo

Denominamos parpadeo al proceso mediante el cual abrimos y cerramos los párpados a una relativamente elevada velocidad. Dicha acción es semivoluntaria, con lo que es posible restringirla o provocarla voluntariamente si así lo deseamos y prestamos atención o incluso anularla temporalmente, pero por norma general su realización escapa a nuestra consciencia.

El ser humano parpadea de media alrededor de entre quince y veinte veces por minuto, si bien no lo hace siguiendo un patrón temporal fijo sino que éste depende de las circunstancias.

Causas del parpadeo

El parpadeo es producido principalmente por la actuación del estriado, parte de los ganglios basales (ubicados en las profundidades del encéfalo), y está especialmente vinculado a la estructura denominada globo pálido. También se ha hallado implicación por parte del cerebelo.

Asimismo, el sistema nervioso autónomo también se vincula al reflejo de parpadeo, inhibiéndolo o facilitándolo ante la necesidad de activar el organismo y de prestar atención al entorno o bien relajarlo.

El principal motivo por el cual parpadeamos es para mantener el ojo protegido y lubricado: ya que los ojos son el órgano vinculado a la percepción más externo que poseemos (junto con la piel), es necesario poder defenderlo de sustancias químicas nocivas que puedan resultar perjudiciales. Asimismo, precisa de lubricación para funcionar de manera constante y permitir una visión nítida y limpia, cosa que se permite el parpadeo.

Además de ello, los ojos están en constante funcionamiento y reciben información continuamente, de manera que es necesario poder hacerlos descansar.

Funciones del parpadeo

El parpadeo es una acción que tiene múltiples utilidades y que puede verse alterada por diferentes motivos. Algunas de las funciones principales del parpadeo son las siguientes.

Defensa del ojo

El parpadeo nos permite que el ojo no se vea dañado por agentes nocivos externos, tales como sustancias químicas, agresiones físicas (tendemos a parpadear cuando vemos algo acercarse excesivamente a nuestro ojo) o incluso por un nivel de luz excesivo que pueda dañar el interior de nuestro ojo.

Lubricar y limpiar el ojo

La superficie del ojo es una lente en la cual se van a reflejar las imágenes procedentes del exterior. Una de las funciones del hecho de que parpadeemos es mantener la córnea limpia y permitir su buen funcionamiento y estado de salud, ya que al parpadear extendemos las lágrimas por toda la superficie del ojo.

Relajar el ojo y el cerebro

Además de sobre el ojo, el hecho de parpadear supone un alivio sobre partes concretas del cerebro. Se ha comprobado que el cerebro disminuye la activación de los núcleos visuales durante los momentos en los que parpadeamos, cosa que nos ayuda a organizar la información visual.

Aspectos que alteran el ritmo de parpadeo

Existen múltiples circunstancias que pueden alterar la frecuencia de parpadeo en el ser humano. Generalmente tienen que ver con el estado del ánimo o el nivel de activación o arousal. Algunos de los aspectos que alteran el ritmo o frecuencia de parpadeo son los siguientes

1. Atención, sorpresa e interés

Cuando algo nos sorprende o nos llama la atención, tendemos a disminuir en gran medida la frecuencia con la que parpadeamos e incluso a dejar de hacerlo por unos momentos. Ello permite que no perdamos información de la nueva situación o de aquello que capta nuestro interés.

2. Aburrimiento y desinterés

La mayoría de personas tiende a parpadear menos y con mayor lentitud cuando está cansado y/o aburrido.

3. Ansiedad y nerviosismo

Cuando estamos nerviosos, estresados o ansiosos, la mayor parte de las personas tiende a parpadear de forma continuada y con mucha más frecuencia de lo habitual.

4. Consumo de sustancias psicoactivas

El consumo de diferentes sustancias con efectos psicoactivos también puede alterar el parpadeo, reduciendolo o aumentándolo.

5. Enfermedad médica o trastornos psíquicos o neurológicos

Se ha demostrado que diferentes enfermedades médicas o incluso trastornos mentales cursan con o bien la alteración o bien la eliminación del parpadeo. De hecho, la ausencia de parpadeo puede ser entendido como síntoma de un trastorno

Personas que padecen trastornos por tics, accidentes cerebrovasculares o demencias u otros trastornos que cursan con una degeneración progresiva de funciones mentales suelen tener un parpadeo alterado o incluso ausente.

También se han visto alteraciones en sujetos con trastornos del estado del ánimo (las personas con depresión suelen parpadear menos y más lentamente mientras que las personas en fases maníacas tienden a parpadear en mayor medida). Del mismo modo, personas con esquizofrenia y otros trastornos psicóticos pueden presentar este tipo de alteraciones.

Etiquetas: Neurociencia, Cerebro
Oscar Castillero Mimenza Oscar Castillero Mimenza Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

Graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Actualmente finalizando el Máster de Psicopedagogía por la misma, así como preparando el examen de acceso a las oposiciones P.I.R.