Eddy Van 3000

La capacidad de razonar y de planificar es uno de los grandes regalos que nos ha dado la naturaleza, pero hay que tener en cuenta que la racionalidad es un arma de doble filo. 

Si las emociones pueden hacer que nos abalancemos sobre proyectos altamente arriesgados en los que hay poco o nada que ganar, la razón puede mantenernos anclados en el sitio; nos da, en definitiva, una excusa para quedarnos en la zona de confort y no solo no progresar, sino crearnos problemas que antes no existían.

Rumiar y obsesionarse con una idea o tema es tan contraproducente como frustrante, pero eso no hace que nos "desenganchemos" de ese hábito cuando hay algo que capta la atención de nuestra mente una y otra vez, ya sea algo que nos preocupa (como haberle producido una mala primera impresión a alguien) o la incertidumbre de algo que nos espera en el futuro (como los resultados de unas pruebas médicas).

Por supuesto, hay temas que merecen buena parte de nuestra atención, pero en esos casos todo lo que no sea orientar nuestros pensamientos a resolver esa situación de manera efectiva nos llevará a perder la batalla del estrés y del tiempo mal invertido. Rumiar todo el rato con un pensamiento acerca de un problema sin solución o acerca de algo que no depende de nosotros, normalmente, nos quita más de lo que nos da.

Por qué obsesionarse con algo nos debilita psicológicamente

Estos son algunos motivos extra por los que deberías plantearte dejar de pensar todo el rato en lo mismo y aceptar los problemas con sencillez y actitud constructiva.

1. Es una coartada emocional

En muchos casos, nos obsesionamos con algo que, a pesar de que sí podríamos hallarle una solución, conseguirla nos parece muy complicado. En estos casos pensar todo el rato en eso actúa como una coartada para con nosotros mismos; nos da la sensación de que hacemos algo para caminar en la dirección de esa meta sin, realmente, hacer nada real que aumente nuestras probabilidades de éxito.

Regodearse en pensamientos catastrofistas, por ejemplo, no es hacer un balance de los riesgos, al igual que fantasear con el éxito todo el rato no es un modo de automotivarse. Simplemente nos convierte en personas más obsesivas y, por consiguiente, con menor capacidad para responder de un modo adecuado a las exigencias del entorno. Por eso es necesario analizar nuestros propios pensamientos y sentimientos para retirar cualquier hábito que huela a excusa para no asumir riesgos y cantidades razonables de esfuerzo y estrés.

2. Limita nuestra productividad

En definitiva, pensárselo demasiado es un modo de procrastinar, de dejarlo todo "para mañana" (indefinidamente). Cuando llega el momento en el que nos vemos obligados a reaccionar, nuestra mente debe lidiar con un montón de retos que llegan de golpe, y actúa de manera desorganizada; ni siquiera las personas notablemente inteligentes salen airosas de situaciones así.

3. Empeora nuestra salud mental

La rumiación, que en teoría parece cómoda, por postergar las responsabilidades a cambio de emplear tiempo en pensar obsesivamente en algo, no hace más que generarnos un problema de prisas y estrés a medio plazo. Este círculo vicioso de motivos para preocuparse por impedimentos que van saliendo a nuestro paso hace que nuestros niveles de ansiedad crezcan, lo cual aumenta las posibilidades de tener una crisis relacionada con algún trastorno mental. La relación entre la tendencia a pensarse demasiado las cosas y la posibilidad de desarrollar problemas mentales ha sido comprobada.

4. Causa problemas de sueño

Como consecuencia de lo anterior, la rumiación y las obsesiones que nos distraen dejan una huella devastadora sobre nuestros hábitos a la hora de dormir, lo cual a su vez causa muchos otros problemas relacionados con la falta de descanso, las distracciones, la fatiga y los problemas de memoria. No solo hace que durmamos menos horas, sino que además, según estudios, la calidad de nuestro sueño es menor, y pasamos menos minutos en la fase más profunda de este.

Consejos para no pensárselo demasiado y pasar de la preocupación a la acción

Si te interesa romper el círculo vicioso de la rumiación, estas son algunas pautas que puedes seguir:

1. Crea listas de objetivos

Prioriza aquello que quieres hacer de verdad sobre lo demás, para tener claro hacia dónde deber orientar tus acciones.

2. Organiza un calendario de mentas

Fragmenta tus objetivos en sub-objetivos más pequeños, a poder ser diarios, para no tener la sensación de que es algo inalcanzable (algo que propiciaría la rumiación).

3. Sigue horarios

Proponte compromisos a la hora de seguir horarios estrictos. Cada vez que no lo cumplas, deja dinero en una hucha cuyos contenidos disfrutará otra persona. De este modo tratarás de evitar la posible pérdida inmediata.