Una tendencia a pensar en pares. Greg Williams.

Cuando pensamos en las cosas que nos rodean, o en las personas, o en nosotros y nosotras mismas, tendemos a categorizar de dos en dos: hombre-mujer, bueno-malo, hetero-homo, naturaleza-cultura, mente-cuerpo, innato-aprendido, individual-colectivo, y así sucesivamente.

Lejos de ser una casualidad, este pensamiento dualista ha sido la solución transitoria a dilemas filosóficos, sociales y científicos que han resultado de procesos históricos y culturales. A muy grandes rasgos, en occidente hemos organizado (pensado y manipulado) jerárquicamente al mundo de dos en dos a partir de la época que conocemos como “la modernidad”.

La mente y el cuerpo: el dualismo moderno

El pensamiento dualista, dicotómico o binario, es una tendencia que tenemos en occidente y que nos ha llevado a organizar el mundo de una forma que hasta hace poco había pasado desapercibida por ser considerada "sentido común". Según este, lo que existe puede ser dividido en dos categorías fundamentales, cada una de las cuales es relativamente independiente. Por un lado estaría la mente, las ideas y la racionalidad, y por el otro lo material.

Este pensamiento dualista es también conocido como cartesiano porque en historia de las ideas se considera que fueron las obras de René Descartes las que finalmente inauguraron el pensamiento racional moderno. Esto a partir del famoso cogito cartesiano: pienso luego existo, que indica que la mente y la materia son entes separados, y que la materia (y todo lo que puede conocerse) se puede conocer mediante el pensamiento racional y el lenguaje lógico matemático (para Descartes, la mente, dios y el razonamiento lógico se relacionan estrechamente).

Es decir que muy cerca de esta tendencia (y por ende de la forma de hacer ciencia y de nuestros pensamientos y prácticas), se encuentra la filosofía occidental moderna de tradición racionalista (la que está fundamentada en la creencia de que la única o la principal forma válida de conocer objetivamente el mundo es la que se realiza con base en el razonamiento lógico).

Por eso mismo la tradición racionalista también se conoce como objetivista o abstracta, y se vincula con otros conceptos que tienen que ver con la forma tradicional de hacer ciencia, por ejemplo conceptos como “positivismo”, “reduccionismo” “computacionalismo”.

Con sus obras, Descartes representó gran parte del proyecto de la modernidad, no obstante, estas obras también son producto de un debate que en su época se estaba tratando de solucionar: la relación mente-cuerpo, cosa que él resuelve, entre otras cosas, mediante su oposición.

Impacto en la psicología y en la organización social

El pensamiento dualista fundamentalmente racional marcó de manera importante el desarrollo de la ciencia moderna, que comienza a estudiar la realidad separando a la mente de la materia (y a partir de ahí el cuerpo del alma, la vida de la no vida, la naturaleza de la cultura, hombre-mujer, occidental-no occidental, modernos-no modernos, etc.).

De ahí que esta tradición guarde una estrecha relación con el conocimiento y la práctica de la psicología moderna, cuyas raíces se establecen precisamente en las divisiones entre el mundo físico y el mundo no-físico. Es decir que la psicología está fundamentada en un modelo físico-psíquico; donde se supone que hay una realidad mental (que se corresponde con la realidad “objetiva”) y otro ente, material, que es el cuerpo.

Pero no solo eso, sino que el conocimiento racional era también androcéntrico, con lo que el hombre se posiciona como el centro de la creación del conocimiento y el peldaño más alto de los seres vivos. Así se fortalece, por ejemplo, la división entre los mundos “natural” y “humano” (lo que se encuentra en la base de la crisis ecológica y también en muchas de las alternativas ineficaces para repararla); lo mismo que podríamos analizar sobre las divisiones entre los sexos, o en las bases de la colonización, donde se establecen ciertos paradigmas (occidentales) como los únicos o los mejores mundos posibles.

El problema de razonar de esta manera

En el fondo, el problema de separar las cosas y de explicarlas en binomio es que se simplifica de manera importante nuestro conocimiento del mundo, así como nuestras posibilidades de acción e interacciones; además de que son binarismos asimétricos, es decir que operan en la base de relaciones de poder frecuentemente desiguales.

En otras palabras, el problema en sí no es pensar de dos en dos (cosa que también ocurre en sociedades no occidentales), sino que esos dos son casi siempre desiguales en términos de dominación y opresión. Un ejemplo claro es el dominio de la naturaleza que a partir de la modernidad se ha constituido como un imperativo humano occidental y que recientemente se nos ha enfrentado como un problema serio.

Así que, tal como otros paradigmas filosóficos y científicos, el pensamiento dualista no se queda solo en el plano de lo mental, sino que genera relaciones, subjetividades, formas de identificación y de interactuar con el mundo y con las otras personas.

El retorno al cuerpo y la superación de los dualismos

Recuperar el terreno del cuerpo, la materia y la experiencia es una de las grandes tareas posmodernas. En otras palabras, la cuestión actual en muchos contextos sobre todo de las ciencias humanas y sociales, es cómo salir del pensamiento dualista para generar alternativas de relación e identificación.

Por ejemplo, son varias las teorías que desde las ciencias sociales se han posicionado críticamente ante la epistemología realista, el androcentrismo y a la verdad fundamentada en la ciencia moderna. Lo que algunas de ellas proponen, a muy grandes rasgos, es que si bien hay una realidad externa (o muchas realidades), no tenemos acceso neutro a ella, ya que el conocimiento que construimos está sujeto a las característica del contexto donde lo construimos (un realismo crítico o un conocimiento situado).

Hay otras propuestas que plantean que no es necesario un rechazo absoluto de la racionalidad y del pensamiento cartesiano, sino una reorientación de esta tradición, con lo cual reformulan el concepto mismo de cognición, entendiéndola como una acción corporizada.

Así, se extienden los horizontes de la misma racionalidad, y la comprensión de la realidad se desarrolla considerando las interacciones, ya que se entiende que lo que está entre la mente y el cuerpo (y de las demás dicotomías) es la relación, y es esto lo que hay que analizar y comprender.

Se han desarrollado incluso algunos principios de la relacionalidad, como un nuevo paradigma de comprensión y organización del mundo, así como numerosos estudios sociales de la emoción que van más allá del marco racionalista (de hecho, su desarrollo se ha reconocido como un giro afectivo).

Algunas alternativas

En el terreno social y político también han emergido algunas propuestas. Por ejemplo, movimientos sociales que intentan retomar los conceptos de tradiciones orientales, ancestrales, prehispánicas, y en general no occidentales; así como movimientos políticos que denuncian la pretensión de universalidad del Mundo Único y proponen la existencia de muchos mundos. En términos generales son propuestas que pretenden desestabilizar los dualismos y cuestionar las supremacías, no solo desde el discurso sino en acciones concretas y en la vida cotidiana.

Está claro que no hay una sola alternativa, el desarrollo mismo de las alternativas es consecuencia histórica de una época en donde se cuestiona la excesiva racionalidad de la modernidad, porque entre otras cosas nos dimos cuenta de que tenía algunos efectos negativos en las relaciones interpersonales y en la construcción jerárquica de nuestras identidades.

Es decir que, el programa de superación del dualismo es una tarea inacabada y en constante actualización, que surge también como consecuencia de proyectos históricos e ideológicos de un contexto concreto, y que sobre todo pone sobre la mesa la necesidad de reformular nuestras sociedades.

Referencias bibliográficas:

  • Grosfoguel, R. (2016). Del “extractivismo económico” al “extractivismo epistémico” y al “extractivismo ontológico”: Una forma destructiva de conocer, ser y estar en el mundo. Tabula rasa, 24: 123-143.
  • Escobar, A. (2013). En el trasfondo de nuestra cultura: la tradición racionalista y el problema del dualismo ontológico. Tabula rasa, 18: 15-42.
  • Araiza, A. & Gisbert, G. (2007). Transformaciones del cuerpo en psicología social. [Versión Electrónica] Psicología: Teoría e Pesquisa (23)1, 111-118.