Cada uno de nosotros tiene su propia forma de ver el mundo, de explicarnos a nosotros mismo y a la realidad que nos rodea. Observamos y recibimos los datos del entorno a través de nuestros sentidos, para posteriormente darles un significado, interpretarlos y reaccionar ante ellos. 

Pero en la interpretación entran en juego una gran cantidad de procesos mentales: empleamos nuestros esquemas mentales, nuestras creencias, nuestros conocimientos y experiencias previas para darles un sentido. Y en ocasiones, nuestra interpretación se ve sesgada y distorsionada por algún motivo. Uno de los sesgos que solemos aplicar en nuestro día a día es la inferencia arbitraria.

Los sesgos cognitivos

La inferencia arbitraria es uno de los distintos sesgos o distorsiones cognitivos, los cuales se entienden como aquél tipo de error en el que el sujeto interpreta la realidad de una manera equivocada producto de creencias derivadas de experiencias o patrones de procesamiento aprendidos a lo largo de la vida.

Por ejemplo, las distorsiones cognitivas son las que provocan que hace que existan los prejuicios y los estereotipos, o que se malinterpreten las intenciones de los demás hacia nosotros o que solo se contemplen una o dos posibles soluciones a un mismo problema en vez de pensar en soluciones intermedias o diferentes.

El individuo genera una explicación del mundo o de si mismo basado en premisas falsas, lo que puede provocar que cometa diversos errores interpretativos y que pueden tener consecuencias en su manera de actuar. Entre estos sesgos podemos encontrar la abstracción selectiva, el pensamiento dicotómico, la personalización, la sobregeneralización, la minimización o maximización o la inferencia arbitraria.

La inferencia arbitraria

Cuando hablamos de inferencia arbitraria estamos hablando del tipo de distorsión cognitiva en el cual el sujeto llega a una conclusión determinada sobre un hecho sin que existan datos que apoyen dicha conclusión o incluso en presencia de informaciones contrarias a ella.

La persona en cuestión no utiliza las evidencias disponibles, sino que salta rápidamente a interpretar la situación de una manera determinada, con frecuencia debido a sus propias expectativas, creencias o vivencias previas. 

Por ejemplo, pensamos que alguien quiere perjudicarnos y desacreditarnos porque se ha mostrado en desacuerdo con nuestra opinión, que suspenderemos un examen independientemente de lo que estudiemos, que una persona quiere acostarse con nosotros porque nos ha sonreído o que un número concreto tiene más o menos posibilidades de ganar la loteria que otro porque ese número coincide con el día de un cumpleaños o aniversario.

La inferencia arbitraria es un error muy común en la mayoría de las personas, y sirve como atajo cognitivo que nos permite ahorrar la energía y el tiempo de procesar la información de manera más detallada. En ocasiones es posible incluso que lleguemos a una conclusión correcta, pero éste no se habría elaborado a partir de la información disponible.

Influencia en trastornos mentales

La inferencia arbitraria es un tipo de distorsión cognitiva que todos nosotros podemos cometer y cometemos de vez en cuando. Sin embargo, su aparición habitual puede sesgar nuestro comportamiento y nuestra forma de interpretar la realidad

Junto con el resto de distorsiones cognitivas, la inferencia arbitraria aparece como distorsión que participa en generar y mantener patrones de pensamiento desadaptativos en múltiples trastornos mentales.

1. Depresión

Desde la perspectiva cognitivo-conductual, concretamente desde la teoría cognitiva de Beck, se considera que las alteraciones cognitivas de los pacientes depresivos son generadas por la activación de esquemas de pensamiento negativos y disfuncionales, siendo estos pensamientos debidos a distorsiones cognitivas como la inferencia arbitraria. 

Estas distorsiones a su vez provocan que el problema se mantenga debido a que dificultan interpretaciones alternativas. Por ejemplo, un paciente puede pensar que es un inútil y que no llegará a nada a pesar de que existen informaciones que apuntan a lo contrario.

2. Trastornos psicóticos

Uno de los síntomas más conocidos de los trastornos psicóticos es la existencia de alucinaciones y delirios. Si bien éstos últimos pueden estar más o menos sistematizados, el hecho es que no se tienen en cuenta diferentes aspectos que podrían contradecir la creencia del sujeto y es frecuente que se infiera arbitrariamente una intención o hecho a partir de otro que no tiene porque tener ninguna vinculación. Por ejemplo, la idea de que nos están persiguiendo puede partir de la observación de un sujeto que está nervioso por la calle.

3. Trastornos vinculados a la ansiedad y fobias

La ansiedad es otro de los problemas que se vincula a distorsiones cognitivas como la inferencia arbitraria. En la ansiedad surge pánico ante la anticipación de un posible daño, perjuicio o situación que puede o no ocurrir en el futuro.

Al igual que ocurre con la ansiedad, en las fobias existe un estímulo, grupo de estímulos o situaciones que nos provocan pánico. Este pánico puede provenir de la creencia de que si nos acercamos a dicho estímulo vamos a sufrir daños. Por ejemplo, infiriendo arbitrariamente que si se acerca un perro me va a morder.

4. Trastornos de personalidad

La personalidad es el patrón relativamente estable y consistente de maneras de pensar, interpretar y actuar ante nosotros mismos y ante el mundo. En muchos trastornos de personalidad, como el paranoide, existen interpretaciones sesgadas de la realidad que pueden deberse a procesos como la inferencia arbitraria.

¿Solución mediante terapias?

Si bien la inferencia arbitrario no es un trastorno, en los casos en que aparezca en un contexto de psicopatología en el que cree o mantenga el problema es necesario reducir o eliminar el sesgo que esta distorsión cognitiva provoca.

Para ello se emplea a menudo la reestructuración cognitiva como método mediante el cual el paciente combate los pensamientos derivados de la inferencia arbitraria y otras distorsiones y aprende a no realizar dichas distorsiones. Se trata de ayudar a buscar alternativas igualmente válidas a la propia, discutir qué provoca tales pensamientos o en qué se basan, buscar y contrastar la información disponible.

Referencias bibliográficas:

  • Beck, A. (1976). Cognitive Therapy and the emotional disorders. International University Press. New York.
  • Santos, J.L. ; García, L.I. ; Calderón, M.A. ; Sanz, L.J.; de los Ríos, P.; Izquierdo, S.; Román, P.; Hernangómez, L.; Navas, E.; Ladrón, A y Álvarez-Cienfuegos, L. (2012). Psicología Clínica. Manual CEDE de Preparación PIR, 02. CEDE. Madrid.
  • Yurita,C.L. y DiTomasso, R.A. (2004). Cognitive Distortions. En A. Freeman, S.H. Felgoise, A.M. Nezu, C.M. Nezu, M.A. Reinecke (Eds.), Encyclopedia of Cognitive Behavior Therapy. 117-121. Springer