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Es bien sabido que nuestro cerebro está constantemente cambiando, incluso cuando se duerme o cuando creemos que tenemos la mente en blanco. 

Es lo que se conoce como plasticidad cerebral: todo lo que experimentamos hace que nuestro cerebro (y nuestro sistema nervioso) cambie en tiempo real. Eso significa que no hay un momento en el que nuestra mente permanezca tal y como estaba un tiempo atrás.

Sin embargo, hay ciertas experiencias que modifican nuestra vida mental de un modo más consistente que otras. Es decir, que el tipo de cambios que introducen en nuestro cerebro son más reconocibles y uniformes. Es el caso de lo que ocurre durante la meditación o, por ejemplo, al sentir que estamos frente al mar o el océano.

Nuestra mente cambia cuando el mar nos rodea

Son muchos los poetas para quienes el mar ha sido un elemento de clara inspiración; Pablo Neruda, por ejemplo, siempre hacía referencia a esta gigantesca masa de agua en sus poemas. Y eso no es por casualidad: el mar causa un gran impacto cuando se ve, y permanecer en sus orillas o aguas durante un rato hace que la actividad de nuestro cerebro cambie mucho.

Veamos de qué manera nos influye.

1. Consigue relajarnos y salir del estado de alerta

El mar transmite una sensación de tranquilidad que se extiende por todas las partes del cuerpo. El sonido continuado y suave de las olas y la omnipresencia del color azul (que no solo aparece en el agua, sino también en un cielo que en el mar no aparece tapado por las montañas o los edificios) hacen que nos relajemos profundamente.

Además, cerca del mar es difícil que queden puntos ciegos en los que se escondan posibles peligros, porque casi todo es llano y está a la vista. La consecuencia de esto es que podemos permitirnos hacer que nos alejemos del estado de alerta en el que nos introduce nuestro sistema nervioso simpático cuando detectamos fuentes de estrés.

2. Facilita la meditación

Los estímulos visuales y sonoros relacionados con el mar y con el rumor del oleaje son muy característicos, y alteran la actividad de nuestro cerebro. Concretamente, potencian la aparición de ondas alfa, relacionadas con un estado de relajación y de poco esfuerzo en el que, sin embargo, la capacidad para gestionar el foco de atención no desaparece, algo que no ocurre durante el sueño.

Cuando las neuronas se ponen a disparar siguiendo el patrón de las ondas alfa, la facilidad para llevar a cabo actividades como la meditación y el mindfulness se ve potenciada; es por eso que las playas solitarias son un lugar en el que frecuentemente se practica meditación normal o taichí.

3. Permite romper con la rumiación

La rumiación es ese círculo vicioso que sigue nuestro pensamiento cuando una preocupación nos obsesiona. Los entornos naturales como los bosques han demostrado ser buenas localizaciones por las que pasear para que la rumiación desaparezca, y lo mismo ocurre con el mar.

Esto es así porque tanto el mar como los bosques son lugares en los que apenas hay elementos que puedan ser interpretados como referencias a nuestra vida cotidiana, por lo cual nuestro pensamiento puede desengancharse de estas obsesiones, ya que nada de lo que vemos, tocamos u oímos nos recuerda a nuestros problemas.

4. Genera bienestar de bajo coste

Experimentar la inmensidad del mar produce una curiosa forma de bienestar que nace de algo tan sencillo como atender a los estímulos relacionados con este tipo de parajes naturales. Se trata de una especie de efecto hipnótico en el cual podemos permanecer durante mucho rato y en el que, seguramente, nuestra herencia cultural juega un papel importante.

5. Potencia la creatividad

Se ha comprobado que los contextos que inducen a orientar la atención hacia el exterior de manera rápida y obsesiva durante mucho rato producen estrés y afectan negativamente en la solución de problemas novedosos. Esto es así porque nuestro cerebro se adapta para detectar con gran rapidez estímulos externos concretos, en vez de dedicar recursos a conectar ideas entre sí.

El mar, al facilitar la relajación y al proveer de un entorno sencillo compuesto por pocos elementos, facilita que nuestra creatividad se libere, haciendo que se conecten entre sí ideas que nunca antes se habían relacionado.