¿Cómo ver la vida desde una filosofía más alegre y divertida? Unsplash.

El sentido del humor es una de las características psicológicas más positivas y apreciadas en general. A fin de cuentas, quien lo tiene muy desarrollado es capaz de encontrar motivos para la risa casi en cualquier contexto, simplemente por la facilidad con la que ve ese lado cómico de la vida. Además, afortunadamente es algo que se puede adquirir a lo largo de la vida.

En este artículo nos centraremos en el tema de cómo desarrollar sentido del humor y aplicarlo en nuestra manera de ver la vida.

¿Cómo desarrollar sentido del humor?

La facilidad con la que llegamos a desarrollar sentido del humor depende en parte del contexto en el que crecemos. Si a nuestro alrededor reina la pobreza extrema y otras formas de miseria, es más difícil, aunque no imposible ni poco frecuente.

Saber esto es importante porque de otra forma podemos llegar a culparnos por no sonreír constantemente ante los acontecimientos que vamos observando. Nuestros procesos mentales no dependen solo de uno mismo, sino que están ligados a los estímulos que vamos recibiendo.

Dicho esto, veamos una serie de consejos para desarrollar sentido del humor aplicando pequeños cambios a nuestros hábitos y a nuestra filosofía de vida.

1. Acostúmbrate a adoptar una perspectiva distanciada

Puede que suene paradójico, pero para potenciar el sentido del humor, es necesario un paso previo en el que nos distanciamos de nosotros mismos, adoptamos una perspectiva neutral (o relativamente neutral), y observamos lo que ocurre a nuestro alrededor como si todo eso no formase parte de la realidad en la que uno vive.

¿Qué sentido tiene eso? Pues que saber encontrar resquicios de humor en las situaciones más variadas es en parte saber descomponer la realidad en partes para poder trazar conexiones entre ideas de un modo que rompe los esquemas.

Si omitimos esta visión analítica de la realidad, cuesta más perderle el miedo a no seguir a ciegas las convenciones sociales y realizar algún que otro acto o comentario que llevan a exponerse a un riesgo a parecer excéntrico. Lo cual nos lleva al siguiente consejo.

2. Aprende a no tener miedo del qué dirán

Cualquier persona que haga gala de un buen sentido del humor asume el rieso de no hacer gracia y quedar como una persona rara o que dice cosas sin sentido. Es inevitable, por ejemplo encontrarse con personas que no entenderán una referencia necesaria para comprender un chiste improvisado. Para conseguirlo, no viene mal trabajar en el mantenimiento de una buena autoestima y de unas habilidades sociales correctas.

Tener sentido del humor y guardárselo para uno mismo está bien, pero es mejor, y se desarrolla más rápido, si nos lleva a relacionarnos de otra forma con los demás, exteriorizándolo.

3. Aprende a reírte de ti

Esta es posiblemente la regla más importante para potenciar el sentido del humor. Saber bromear acerca de uno mismo es fundamental, porque muestra compromiso y consistencia con una filosofía de vida basada en la idea de que prácticamente nada es lo suficientemente solemne como para no reírse de ello en ciertas circunstancias.

4. Culturízate

Este es un aspecto que muchas personas pasan por alto, pero la calidad de nuestro sentido del humor puede verse muy beneficiada si nos acostumbramos a leer y a aprender acerca de diferentes ámbitos. ¿Por qué? Porque así es mucho más fácil crear conexiones graciosas e interesantes entre conceptos aparentemente muy alejados entre sí.

Cabe recordar que uno de los pilares del humor consiste en romper las expectativas, ir más allá de lo que se considera normal y volver habiendo creado asociaciones que no cabría esperar en un principio pero que podemos entender al instante. Por eso, la cultura nos permite navegar en un mar de conocimientos en el que si se sabe lo suficiente es posible crear chistes y comentarios graciosos a partir de las ideas más variadas.

5. No te aprendas chistes

Este es el camino aparentemente fácil que algunas personas eligen creyendo que les permitirá acceder al sentido del humor a través de la memorización. Pero no existe ningún sentido del humor que se fundamente en memorizar cosas: por definición, esta cualidad se basa en la espontaneidad y en el modo en el que reaccionamos a nuestro contexto en tiempo real.

Está claro que aprenderse unos chistes no le hace daño a nadie y puede servir para echarse unas risas, pero conviene no confundir esto con el sentido del humor, si bien probablemente este último elemento influirá en nuestra habilidad a la hora de contar uno.

Por otro lado, vincular el sentido del humor a los chistes puede llevarnos justamente a lo opuesto, a fomentar una manera de entender lo gracioso basado en la aplicación “técnica” de bromas, algo que queda muy rígido y puede llegar a hacerse hasta aburrido para todos.

6. Aprende a diferenciar cuándo es apropiado usarlo y cuándo no

Hay situaciones en las que bromear está de más. No porque la situación en sí no tenga un componente gracioso para nosotros (en caso de no ser así, no se nos habría ocurrido ningún comentario gracioso, en primer lugar), sino básicamente para no dañar a otras personas que lo están pasando mal o para las cuales es importante que el momento sea solemne. Conviene respetar su voluntad y dejar que tengan esos espacios libres de comentarios que para ellas serían inapropiados.