La valoración que hacemos del pasado modifica nuestra percepción de si somos felices o no. Unsplash.

Todo el mundo habla de felicidad. Libros, conferencias, coaching, mentoring… son algunos de los productos que las personas podemos comprar hoy en día en los supermercados de la felicidad. La mayoría suelen ser un compendio de frases bonitas, consejos motivadores y aforismos para enmarcar que pueden resultar de motivación mientras los lees pero carecen de utilidad práctica a largo plazo. El problema es que la felicidad es algo tan complejo que cuesta mucho investigar sobre esta.

Daniel Kahneman, uno de los psicólogos más influyentes de nuestra época, revela en los últimos capítulos del libro que le llevó a conseguir el premio nobel los hallazgos actuales de la ciencia sobre el bienestar y la felicidad.

Kahnmeman y su idea de felicidad

Básicamente, los estudios de Kahneman revelan que no existe un concepto de felicidad único. Este psicólogo nos habla la existencia de dos “yo”: el “yo que experimenta” y el “yo que recuerda”. Ambos son de gran importancia para la manera en la que tenemos de valorar nuestra felicidad.

Aunque el yo que experimenta es responsable de registrar las sensaciones que tenemos de los eventos mientras éstos suceden, el yo que recuerda es que le da un sentido a esas experiencias.

Para ilustrar ambos conceptos relata el siguiente ejemplo:

“Un comentario que oí de un miembro del público después de una conferencia ilustra la dificultad de distinguir recuerdos de experiencias. Contó cómo estuvo escuchando extasiado una larga sinfonía grabada en un disco que estaba rayado hacia el final y producía un ruido escandaloso, y cómo ese desastroso final arruinó toda la experiencia”.

Pero la experiencia no resultó realmente arruinada, sino solo la memoria de la misma. La realidad del espectador había sido realmente grata durante la mayor parte del tiempo; no obstante, el ruido del final hizo que la valoración general de la experiencia para el espectador hubiese sido escandaloso.

El “yo” que disfrutó placenteramente el transcurso de la sinfonía en el momento presente, es el “yo que experimenta”. Por otra parte, el “yo” que consideró la experiencia como desagradable es el “yo que recuerda”.

Las lógicas de la memoria

En este ejemplo, Kahneman muestra el dilema entre experiencia directa y memoria. Asimismo, muestra lo diferentes que resultan estos dos sistemas de felicidad que son satisfechos con elementos distintos.

El “yo que experimenta” tiene en cuenta las emociones del día a día en el momento presente. Cómo te has sentido la mayor parte del día, la emoción de un encuentro con alguien querido, el confort de una siesta o la liberación de endorfinas al hacer deporte.

El “yo que recuerda” mide la satisfacción general con nuestra vida. Cuando alguien nos pregunta cómo estamos, qué tal las vacaciones, el trabajo o simplemente hacemos un balance de nuestra vida. Se trata de un narrador que valora experiencias específicas en base a lo que consideramos relevante en la vida.

Otro ejemplo en el que muestra la diferencia entre ambos es el siguiente: Imaginemos que en nuestras próximas vacaciones sabemos que al final del periodo vacacional se destruirán todas nuestras fotos, y nos administrarán una droga amnésica de modo que no recordaremos nada. Ahora, ¿elegirías las mismas vacaciones?

Si lo pensamos en términos de tiempo, entonces obtendremos una respuesta. Y si lo pensamos en términos de recuerdos, obtendremos otra respuesta. ¿Por qué elegimos las vacaciones que elegimos?, es un problema que nos remite a una elección entre los dos yoes.

El bienestar tiene más de un tiempo

Como puede comprobar el lector, la felicidad se presenta como un concepto complejo y problemático a la luz de estos estudios. Como dice Kahnemam:

“En los últimos diez años hemos aprendido muchas cosas nuevas sobre la felicidad. Pero también hemos aprendido que la palabra felicidad no tiene un significado único y no debiera usarse como se usa. A veces el progreso científico nos deja más perplejos de lo que ya estábamos antes”.

Por este motivo, en este artículo no se encuentran consejos, ni frases ni lecciones sobre qué es lo que hace nuestra vida más gratificante. Solamente hallazgos científicos relevantes que deberían hacernos más críticos con los autores que venden soluciones rápidas y fáciles para llevar una vida de satisfacción y felicidad.

Referencias bibliográficas:

  • Kahneman, Daniel. Pensar rápido, pensar despacio. Barcelona: Debate, 2012. ISBN-13: 978-8483068618.