Psicología

​Conductismo social: historia y principios teóricos

Un paradigma psicológico que rompió con el conductismo tradicional basado solo en lo objetivo.

​Conductismo social: historia y principios teóricos
Oscar Castillero Mimenza Oscar Castillero Mimenza Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

El estudio de la mente humana se ha realizado tradicionalmente a través del análisis de verbalizaciones, reacciones físicas y conductas. Se han planteado diferentes test y pruebas a través de los cuales poder inferir el estado mental de las personas y cómo reacciona al entorno natural y social.

Uno de los múltiples aspectos que se han estudiado es el proceso de socialización y la capacidad de relacionarnos con nuestros semejantes. Estudiada entre otras disciplinas por la psicología social, este objeto de estudio ha sido observado desde diferentes perspectivas, entre ellas por el conductismo.

Si bien éste último se basa en la asociación entre estímulos y respuestas en un mismo sujeto sin tener por lo general en cuenta los procesos mentales intermedios, existe una rama que de éste que sí tuvo en cuenta estos factores, intentado explicar la mente a través de la conducta, centrándose en los procesos de interacción social. Se trata del conductismo social.

Preámbulo: breve explicación del conductismo

El conductismo es una de las principales corrientes teóricas que han surgido a lo largo de la historia con el propósito de comprender el porqué el ser humano actúa como lo hace. Este paradigma se basa en la observación objetiva de la realidad, buscando un conocimiento empírico y científico basado en evidencias observables y medibles.

Siendo la mente algo que no goza de tales características, el conductismo en general ignora su estudio directo y se basa en la conducta como objeto de estudio. Para ello se fundamenta en la observación de la capacidad de asociación entre estímulos, que permite generalizar respuestas de un estímulo a otro. De este modo, la base del conductismo es la asociación entre estímulo y respuesta.

Desde que los conductistas empezaron a trabajar en base al condicionamiento operante, se pasó a considerar que la realización de una conducta concreta se ve principalmente influenciada por las consecuencias de ésta, que pueden ser positivas (con lo que la conducta emitida se volverá más probable) o negativas, suponiendo la realización de la conducta un castigo (cosa que reduce la conducta).

La caja negra

Si bien desde el conductismo se es consciente de que la mente existe, se la considera una “caja negra”, un elemento incognoscible a la que se concede poca importancia para explicar la conducta y que se encuentra en un punto intermedio entre estímulos y respuestas. El ser humano es un ser fundamentalmente pasivo que se limita a captar estímulos y responder de la manera pertinente.

Sin embargo, la mera asociación entre estímulos y respuestas o la vinculación con consecuencias positivas o negativas no basta para explicar una gran cantidad de conductas complejas, procesos como el pensamiento, o entender el porqué de determinados comportamientos (como por ejemplo algunos debidos a psicopatologías).

La mente no deja de tener una influencia sobre dicho proceso, cosa que haría que con el paso del tiempo surgieran otras corrientes como el cognitivismo centradas en explicar los procesos mentales. Pero antes de ello algunos autores intentaron tener en cuenta la existencia de un punto intermedio. Es así como nació el conductismo social.

El conductismo social

El conductismo tradicional, como hemos visto, basa su teoría en la asociación entre estímulos e intentaba explicar la conducta de manera directa. Sin embargo, dejaba de lado la influencia de procesos internos e ignoraba el papel en la conducta de facetas subjetivas y no medibles de nuestra vida mental. Elementos como la opinión de los demás o las creencias, que en principio no suponen un daño o un refuerzo inmediato a nivel físico, no eran considerados.

Es por ello que algunos autores, como George H. Mead, decidieron intentar explicar la mente a través de la conducta, centrándose sus investigaciones en el terreno de la vinculación social y iniciando el tipo de conductismo denominado conductismo social.

En el conductismo social, más centrado en en el proceso de formación de la conducta y en los factores que la inician, se considera que el ser humano no es un mero elemento pasivo en la cadena entre estímulos y respuestas sino que es una parte activa que es capaz de actuar en base a impulsos internos o elementos externos. La persona interpreta los estímulos y responde de acuerdo a dicha interpretación.

Explorando los procesos mentales

Así, en el conductismo social se tiene en cuenta que todas aquellas huellas que deja en nuestra mente la interacción con los otros y su estudio es en parte conductista, en el sentido de que parte de la observación sistemática de la conducta en el proceso de realización de actos sociales. Sin embargo, no es posible pasar por alto la existencia de procesos internos que afectan a la realización de las conductas sociales.

Si bien se sigue utilizando el vínculo entre estímulos y respuestas para explicar la conducta, en el conductismo social dicho vínculo se ejerce a través del concepto de actitud, en el sentido de que a través de la acumulación e interpretación de experiencias nos formamos una actitud que va a alterar nuestra conducta e inducir un tipo de respuesta concreto, a la vez que dichas respuestas y actitudes pueden actuar como estímulo en otros.

Lo social, tanto la propia interacción con otros como el contexto cultural en que se realiza, es usado como estímulo para la emisión de conductas, mientras que a su vez la conducta elicita una respuesta por parte del entorno.

Claves para entender esta escuela psicológica

A continuación puedes ver una serie de ideas que ayudan a comprender cuál es la perspectiva desde la que parte el conductismo social y qué metodología la define.

1. La conducta social

El conductismo social considera que la relación entre personas y las acciones y conductas que llevamos a cabo se vuelven un estímulo que va a provocar en otro una respuesta, que a su vez se volverá un estímulo para el primero.

De esta manera, la interacción se va a dar de manera continuada, afectando los actos de unos a los otros y siguiendo en parte la cadena estímulo-respuesta.

2. La importancia del lenguaje en la construcción de la persona

Para el conductismo social uno de los principales elementos de interés que media en todo acto social es la comunicación y el lenguaje. La persona surge como tal en un contexto concreto en el que numerosos significados se han construido socialmente, adquiriendo diferentes actitudes respecto a éstos y ejerciendo nuestra conducta en base a ellos.

Compartir el uso de significados mediante el lenguaje permite la existencia del aprendizaje, y en base a ello puede nacer la subjetividad a través de la cual guiamos nuestra conducta. Es por ello que para Mead y el conductismo social el yo y la mente son un producto, una consecuencia de la interacción social.

De hecho, la formación de la personalidad depende en gran medida del lenguaje. A lo largo del desarrollo el niño va a ir participando en diferentes situaciones y juegos en los que su actuación va a ir recibiendo una serie de respuestas por parte del resto de componentes de la sociedad, que mediante el lenguaje y el acto le son comunicados. En base a ellos se iran formando distintas actitudes respecto al mundo y respecto a sí mismo, permitiendo que se forje la personalidad y el yo.

3. El autoconcepto desde el conductismo social

Para esta corriente el término autoconcepto se refiere al conjunto de autodescripciones verbales que un sujeto hace de sí mismo, descripciones que son usadas por los demás de cara a interactuar con el. 

Se puede observar pues que dichas autoverbalizaciones actúan como un estímulo que elicita una respuesta en los demás sujetos, respuesta que como hemos dicho nos generará una respuesta. Pero estas autodescripciones no aparecen de la nada, sino que dependen de la estimulación que haya recibido la persona.

4. El yo y el mí

Así pues, la subjetividad de una persona depende en gran medida de la captación de las respuestas de nuestras conductas, que empleamos como estímulo. 

Mead consideraba la existencia en el self de dos elementos internos en la estructuración de la persona, el mí y el yo. El mí es la percepción que el individuo tiene respecto a cómo la sociedad, entendida como el “otro generalizado”, le percibe. Se trata de la parte valorativa de la persona que integra las expectativas externas en el propio ser, reaccionando y actuando en base a ellas.

Por contra, el yo es la parte más interna que permite la existencia de una reacción concreta ante el entorno, la parte primal y espontánea. Se trata de lo que creemos ser, una parte de nosotros que va a surgir a través de la conjunción y síntesis de los diferentes “mis” percibidos. A través de esto podemos volver a observar como dentro del conductismo social de Mead se considera la mente como algo surgido y preparado desde y para la acción social.

Referencias bibliográficas:

  • Mead, G. H. (1934). Espíritu, persona y sociedad. Desde el punto de vista del conductismo social. Buenos Aires: Paidós.
Oscar Castillero Mimenza Oscar Castillero Mimenza Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

Graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Actualmente finalizando el Máster de Psicopedagogía por la misma, así como preparando el examen de acceso a las oposiciones P.I.R.