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Muchas de las quejas que abordamos los psicólogos con las personas que acuden a consulta vienen referidas a “lo injusto que es que mi pareja me haya dejado”, la injusticia de ver como “el puesto de trabajo ha sido para otra persona y no para mí”, o a pensar que “no hay derecho que fulanito se comporte de ese modo conmigo”.

Injusticias: una realidad dolorosa con la que debemos convivir

Abundan en nuestra vida cotidiana este tipo de reflexiones que nos encaminan a valorar lo que nos ocurre en términos de justicia, como si la realización personal y la felicidad de cada uno de nosotros pudieran medirse en nuestra percepción de los hechos justos e injustos que nos acontecen. Y es que algunos de los autores de más renombre del mundo de la Psicología (Albert Ellis, Wayne Dyer) nos explicaban hace ya algunos años cómo funciona la llamada “trampa de la justicia” y ya nos adelantaban que funciona a modo de distorsión cognitiva o, dicho de otro modo, como un error de pensamiento.

La llamada falacia de la justicia consiste en la tendencia a valorar como injusto todo aquello que no coincide con los deseos personales. Mediante este tipo de pensamiento consideramos que todo lo que no coincide con nuestra forma de ver las cosas es injusto.

Reformulando nuestra percepción sobre las injusticias

Y en esa valoración de injusticia establecida muchos quedan inmovilizados, atenazados por la frustración y recurriendo al diálogo interno de queja y desidia en el que cuando uno se instala sólo obtiene tristeza, abatimiento…

Llegados a este punto, no tiene mucho sentido cambiar nuestra forma de ver las cosas, si parto de la base de que “no es justo que esa plaza no sea mía con lo que he estudiado” y nos lo repetimos en cada convocatoria fallida de aprobar mi examen de oposiciones, ¿estamos favoreciendo una solución a nuestro problema?, ¿estamos generando un diálogo con nosotros mismos constructivo y dirigido a mejorar en los aspectos que sean necesarios para aprobar ese examen? ¡No! ¡Sólo nos estamos quejando! Y esa queja puede cumplir su función terapéutica a corto plazo a modo de desahogo, pero cuando la normalizamos e instauramos, ahí está el problema

5 estrategias para afrontar las injusticias

Estudiar mucho un examen o portarnos bien con los demás no puede ser el pasaporte a percibir injusto no obtener una plaza de oposiciones o una mala reacción de un amigo. Son realidades que simplemente ocurren y que no podemos tener 100 por 100 bajo control.

¿Qué alternativas podríamos barajar?

1. Diferenciar lo que deseo vs. lo que es injusto

Querer algo con todas nuestras fuerzas no hace más posible que lo tengas. Esta realidad tendría ciertas implicaciones en nuestro diálogo interior, convendría por tanto cambiar el “es una injusticia” por “es una lástima” o por un “yo lo preferiría”.

2. Las cosas pueden ocurrir de forma distinta como nos gustaría

Trabajar con nuestras metas no conseguidas como excusa para mejorar y no para utilizarlas en nuestra contra. Si desear algo te encamina a luchar y trabajar para esa meta, quejarte de la injusticia de no conseguirlo y atormentarte al respecto te aleja mucho de tu objetivo.

3. Los otros tienen derecho a presentar opiniones diferentes a la mía

¿Por qué nos embarcamos tantas veces en intentar cambiar las opiniones de los demás? Convendría que nos liberásemos del yugo del pensamiento único y que promoviéramos que cada cual opine lo que quiera sobre cualquier asunto. El egocentrismo no nos va a ayudar.

4. Optar por actuar no por observar y analizar

Cuando nos detenemos en el análisis de lo que ocurre y no salimos de ahí nos estamos bloqueando. Apostar por la acción nos encaminará a optar por lo que queremos, si necesitas que tu pareja cambie algo ¡pídeselo!, si quieres esa plaza de oposiciones ¡estudia y sigue intentándolo!

5. Dejar de buscar la equidad en nuestras relaciones con los demás

Si yo elijo portarme bien con alguien y ser generoso no puedo frustrarme reiteradamente cuando los demás no actúan como me gustaría, cuando buscamos ese reparto equitativo de “yo te doy” y “tú me debes dar” nos estamos perdiendo del camino. Si yo elijo ser generoso tengo que tener en cuenta que es una elección personal, y que es mi responsabilidad el decidir cambiar mi actitud con dicha persona o seguir siendo como soy.

Reflexiones y conclusiones posibles

Por encima de todo lo anteriormente expuesto, convendría remarcar que para poder salir de la esclavitud de la injusticia percibida sólo podemos hacerlo si recuperamos el protagonismo de nuestra vida y dejamos de compararnos todo el tiempo con los demás.

Teniendo en cuenta la realidad que nos rodea en la que ni los propios jueces tienen una visión única y objetiva de lo que es justo e injusto ¿Para qué empeñarnos en perder el tiempo impartiendo justicia a nuestro alrededor?