La felicidad también llega desde el entorno. Unsplash.

Una de las peores trampas en las que podemos caer a la hora de decidir cómo queremos vivir es dar por supuesto que solo nosotros influimos en nuestro propio bienestar. Por eso es tan importante el concepto del bienestar socioafectivo.

A lo largo de este artículo veremos en qué consiste el bienestar socioafectivo, y por qué es un concepto central tanto de la psicología como de las ciencias sociales.

¿Qué es el bienestar socioafectivo?

El bienestar socioafectivo es el conjunto de factores biológicos, contextuales y relacionales que nos permiten sentirnos bien, en un sentido global y holístico. Es, en definitiva, sentirse bien con uno mismo y con el contexto material y social en el que se vive.

Es importante tener en cuenta, por ejemplo, que las personas que tienen todas las necesidades básicas cubiertas (es decir, aquellas que tienen que ver con mantener un buen estado de salud en tiempo real, o a muy corto plazo) pueden sentirse muy mal por varios motivos: un ambiente laboral en el que priman los castigos, una vida social pobre, etc.

Es por eso que, del mismo modo que los trastornos mentales no son experimentados simplemente “desde dentro hacia afuera”, sino que el entorno también influye en cómo se vive, lo mismo ocurre con nuestro bienestar.

El concepto de bienestar socioafectivo hace que la felicidad y la salud pasen de ser fenómenos que deben ser tratados individualmente a fenómenos mucho más complejos, para los que también cuenta la gestión pública y colectiva del entorno. Por consiguiente, la administración pública tiene también el deber de preocuparse por este tema.

Elementos contextuales que influyen en este

Para ayudar a comprender mejor en qué consiste el bienestar socioemocional, es bueno repasar algunos ejemplos de aspectos de nuestro entorno que influyen en este. Veámoslos.

1. Presencia o ausencia de maltrato

Este es un elemento muy importante, y más teniendo en cuenta que el maltrato no siempre es físico ni conlleva lesiones, sino que puede llegar a ser psicológico y muy sutil.

2. Cantidad de estímulos sociales y ambientales

No es lo mismo vivir en un lugar con una variedad muy rica de novedades y estímulos, que hacerlo en una cabaña solitaria en el medio de un desierto. A la larga, la monotonía y la escasez de novedades dejan una huella en la salud mental.

3. Presencia o ausencia de discriminación

La discriminación sigue siendo una problemática social muy presente y que es sufrida por varios colectivos en situación de vulnerabilidad. Por eso, tiene un impacto en el bienestar socioemocional de las personas que sufren en propia carne esta discriminación y, en menor medida, en el del resto de ciudadanos, que tienen pruebas de la fragilidad del tejido social en el que viven.

4. Presencia de cultura solidaria

La solidaridad permite que las personas menos favorecidas reciban ayudas de quienes están en una situación mejor. Como consecuencia, es una lógica que corre en dirección contraria al individualismo, y parte de una concepción colectivista de la sociedad en la que tiene una gran importancia el bienestar socioafectivo.

El bienestar socioafectivo en las etapas vitales

Las necesidades a las que debe responder el bienestar socioafectivo van evolucionando a medida que pasamos por las etapas de la vida. Veamos varios ejemplos de esto.

Infancia

Durante la niñez, cobra especial importancia el contacto físico con el padre o la madre, así como la existencia de una comunicación rica tanto en el contenido como en la carga afectiva que se expresa mediante los gestos y el lenguaje.

Además, es importante contar con un entorno rico que promueve el aprendizaje y el desarrollo de la curiosidad.

Adolescencia

En la adolescencia cobra especial importancia el hecho de tener relaciones sanas con los miembros del grupo de iguales (amigos y compañeros de clase). La propia identidad y la autoestima se van desarrollando, en gran parte, dependiendo de cómo nos tratan el resto de personas.

Post-adolescencia

Desde los 15 a los 20 años, aproximadamente, cobra especial importancia la necesidad de desarrollar una vida independiente y de percibir la propia autoeficacia. Saberse capaz de hacer todo lo que hacen los adultos permite sentirse parte de la sociedad.

Adultez

De los 20 a los 45 años, aproximadamente, las problamáticas sociales y las inquietudes intelectuales cobran más importancia. El acceso a la cultura, para poder aprender de manera autodidacta, ganan fuerza, dado que se busca cultivar los propios conocimientos. A su vez, se deja de darle tanta importancia a las opiniones de los demás acerca de uno mismo, dado que el autoconcepto está mucho mejor consolidado que antes.

Edad madura

En esta etapa se tiende a valorar más la estabilidad en lo relativo a lo que se ha ido consiguiendo a lo largo de los años. Del mismo modo, el riesgo de aislamiento a causa de un frecuente decaimiento en el número de amistades también preocupa y puede hacer peligrar el bienestar socioafectivo.