Aunque hoy en día son menos utilizados que los ISRS y otros antidepresivos más modernos, los tricíclicos fueron durante muchas décadas el tratamiento farmacológico de elección para los trastornos depresivos. 

En este artículo describiremos qué son los antidepresivos tricíclicos, para qué se utilizan y cuáles son sus efectos secundarios más comunes.

¿Qué son los antidepresivos tricíclicos?

Los tricíclicos son psicofármacos que se utilizan para tratar trastornos depresivos, si bien en muchos países han sido sustituidos como medicamentos de elección por otros antidepresivos más efectivos. Los efectos de los fármacos útiles para tratar la depresión suelen relacionarse con el agonismo de la serotonina y de la noradrenalina.

El nombre de estos fármacos proviene de su estructura química: están compuestos por tres anillos de átomos. Años después de la aparición de los antidepresivos tricíclicos surgieron también los tetracíclicos, que están formados por cuatro anillos en lugar por tres.

Desde el momento en que apareció la imipramina, el primer antidepresivo de esta clase, se ha fabricado un gran número de tricíclicos con algunas características diferenciales. Entre los más comunes encontramos la clomipramina, la amitriptilina, la nortriptilina, la desipramina, la maprotilina, la doxepina, la amoxapina, la protriptilina y la trimipramina.

¿Cuál es su mecanismo de acción?

Los antidepresivos tricíclicos son agonistas de las monoaminas, un tipo de neurotransmisor muy relevante en el sistema nervioso de los seres humanos. Estos efectos potenciadores afectan a la serotonina, a la noradrenalina y, de forma menos significativa, a la dopamina.

Su actividad terapéutica principal se debe a la inhibición de la recaptación de estos neurotransmisores, lo cual hace que aumente la disponibilidad de monoaminas en el espacio sináptico. Sin embargo, también afectan de forma colateral a la histamina y a la acetilcolina, sobre las que ejercen un efecto de antagonismo.

Debido a la baja especificidad de su mecanismo de acción, que no se dirigen sólo a los neurotransmisores más relevantes como sucede con otros antidepresivos, los tricíclicos pueden ser útiles para aliviar síntomas de depresión pero también provocan efectos secundarios y reacciones adversas muy significativas.

Historia de estos fármacos

Los tricíclicos fueron descubiertos en el proceso de fabricación de medicamentos antipsicóticos. En 1950 se sintetizó la clomipramina, un neuroléptico de estructura tricíclica. La información sobre este fármaco llevó poco después a la creación de la imipramina, el primer tricíclico utilizado específicamente para tratar la depresión.

En las últimas décadas la popularidad de los tricíclicos ha disminuido en la mayor parte del mundo a causa del descubrimiento de fármacos antidepresivos más eficaces y seguros, particularmente los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los antidepresivos de cuarta generación, como la venlafaxina y la reboxetina.

Sus funciones

A pesar de su nombre, los antidepresivos tricíclicos no se utilizan sólo en casos de depresión, sino que a lo largo de su historia han sido aplicados a un gran número de trastornos psicológicos distintos.

1. Trastornos depresivos

La indicación principal de los tricíclicos es el tratamiento de los trastornos depresivos, tanto la depresión mayor como otras variantes más leves, en particular la distimia. En la actualidad se prescriben sobre todo en la depresión melancólica y en casos que no mejoran mediante el consumo de otros antidepresivos con menos efectos secundarios.

2. Trastornos de ansiedad

Algunos tricíclicos son utilizados ocasionalmente para tratar distintos trastornos de ansiedad: la imipramina se ha mostrado efectiva en el trastorno de ansiedad generalizada y en el de pánico, mientras que la clomipramina se sigue utilizando en casos de trastorno obsesivo-compulsivo (muy relacionado con la depresión) y la amitriptilina en el estrés postraumático.

3. Dolor crónico

Entre los trastornos relacionados con el dolor crónico que se han tratado mediante tricíclico destacan la fibromialgia y el dolor neuropático; se cree que el agonismo de la serotonina y de la noradrenalina influye de forma indirecta en la producción de opioides endógenos, que tienen efectos analgésicos. La amitriptilina parece ser especialmente útil en este sentido.

4. Insomnio

Los efectos secundarios sedativos de los antidepresivos tricíclicos han llevado a que se usen en ocasiones para tratar síntomas de insomnio. No obstante es importante tener en cuenta que existen otros fármacos más específicos para estos problemas, y sobre todo que la terapia psicológica es la forma más recomendable de afrontar las dificultades para dormir.

5. Trastornos de la alimentación

Nuevamente, los efectos terapéuticos de los tricíclicos en los trastornos de la alimentación se asocian con uno de sus efectos secundarios más frecuentes: el aumento de peso. En particular, la clomipramina se prescribe en ocasiones como parte de la terapia para la anorexia nerviosa.

6. Enuresis nocturna y terrores nocturnos

La imipramina es efectiva para tratar dos trastornos del sueño infantiles: la enuresis nocturna y los terrores nocturnos. Estos efectos se relacionan con la disminución del sueño delta o de ondas lentas, durante el cual aparecen dichos episodios.

Efectos secundarios de los antidepresivos tricíclicos

Aunque los efectos secundarios asociados al uso de antidepresivos tricíclicos depende en buena parte de su agonismo o antagonismo para con determinados neurotransmisores, en este apartado nos centraremos en las reacciones colaterales asociadas de forma más común a esta clase de psicofármacos en su conjunto.

Como hemos mencionado en el apartado anterior, entre los efectos secundarios más habituales de los antidepresivos tricíclicos encontramos la sedación y el aumento de peso; ambos se deben a la inhibición de la actividad de la histamina.

El bloqueo de los receptores de acetilcolina provoca efectos secundarios como estreñimiento, retención urinaria, sequedad bucal, visión borrosa y problemas de memoria. Por otra parte, la inhibición de los receptores alfa-adrenérgicos se relaciona con alteraciones de la circulación sanguínea, especialmente mareos e hipotensión ortostática.

Entre las reacciones adversas graves al consumo de tricíclicos destaca el síndrome neuroléptico maligno, consistente en la aparición de alteraciones respiratorias, cardiacas y musculares que pueden provocar el coma y, en aproximadamente una quinta parte de los casos, la muerte. Este síndrome parece ser más frecuente en personas mayores de 50 años.

Cabe destacar también el elevado potencial adictivo de los tricíclicos, debido a que la tolerancia farmacológica se desarrolla con facilidad. La aparición de un síndrome de abstinencia intenso tras la interrupción brusca del consumo también es una consecuencia de la tolerancia. Asimismo, el riesgo de sobredosis y de suicidio resulta llamativamente elevado.