Siempre se ha dicho que las mujeres maduran antes que los hombres. Y lo cierto es que generalmente el género femenino tiende a desarrollarse antes, iniciándose los cambios propios de la pubertad entre los diez y doce años en la mujer mientras que el varón empieza a notarlos generalmente entre los doce y los quince.

Este hecho puede observarse a nivel físico, pero también a nivel de madurez mental ¿Por qué se produce este hecho? ¿Por qué maduran antes las chicas que los chicos? Para contestar a esta pregunta, empecemos por lo más básico.

¿Qué entendemos por madurez?

De cara a un mejor entendimiento del tema a tratar, puede ser de utilidad dejar claro a qué elemento nos estamos refiriendo exactamente cuando hablamos de madurez.

El término madurez se refiere al momento en el que una persona o objeto ha llegado a su máximo nivel de desarrollo. Generalmente tiende a vincularse al tiempo y a la edad. Cuando la mayoría de personas dice que una persona es más o menos madura que la otra tiende a referirse a su comportamiento o forma de actuar o responder a las situaciones. 

Una persona madura es capaz de autogestionarse, responsabilizarse de sus actos, adoptar diferentes perspectivas, ser crítico tanto con el mundo como consigo mismo y se capaz de adaptarse a las situaciones y responder a las demandas de la realidad.

A la madurez se llega en gran medida gracias a las vivencias que cada persona tiene a lo largo de su desarrollo, a la vez que dicho desarrollo depende también en gran medida de aspectos biológicos que lo permiten. Ser maduro depende en gran medida, pues, de nuestro desarrollo cerebral.

Una breve introducción al desarrollo del encéfalo

Nuestro sistema nervioso es un conjunto de elementos de gran importancia para nuestra supervivencia desde el momento en que nacemos. Pero no se trata de un sistema que permanezca inalterable, sino que se va desarrollando y se van manifestando cambios a lo largo de nuestro desarrollo.

Al nacer disponemos de una gran cantidad de neuronas, pero suelen estar poco conectadas entre sí, siendo relativamente pocas las sinapsis existentes. Desde ese momento y durante gran parte de nuestra infancia nuestro cerebro está sumergido en un proceso de neurogénesis constante, multiplicándose el número de neuronas y estableciendo conexiones entre ellas. Ello nos permite disponer de un potencial de aprendizaje y una plasticidad cerebral mucho mayor que en otros periodos de nuestra vida.

En este período del desarrollo tanto hombres como mujeres tienen un número de neuronas equivalentes y manifiestan un desarrollo semejante en lo que se refiere a su nivel de madurez.

Según vayamos viviendo, experimentando, moviéndonos y prestando atención a lo que nos rodea y a lo que hacemos y pensamos, nuestro organismo va reforzando las sinapsis más empleadas y fortaleciendo la conexión entre grupos y fibras neuronales. Diferentes zonas, como por ejemplo el córtex frontal, van madurando y desarrollándose cada vez más. Pero existe un momento a lo largo del desarrollo en el que la neurogénesis se estanca, y empiezan a morir una gran cantidad de neuronas. Se trata de la poda neuronal.

La poda neuronal

La llamada poda neuronal o poda sináptica es un un proceso biológico que ocurre principalmente durante la adolescencia en el que una gran proporción de las neuronas presentes en nuestro sistema nervioso se degradan y mueren.

Si bien aparentemente el hecho de que gran cantidad de neuronas se degraden y mueran puede parecer negativo, lo cierto es que este hecho cumple con una función de gran importancia. Concretamente cumple con la función de optimizar el funcionamiento de nuestro cerebro eliminando aquellas conexiones que prácticamente no utilizamos, permitiendo una mayor eficiencia de diferentes procesos mentales que se han revelado útiles para el sujeto durante su crecimiento.

De este modo, nuestro cerebro se deshace de aquellas conexiones que no usamos o que ofrecen una información redundante. Se reorganiza el cerebro de manera que las conexiones más utilizadas perviven y se permite que el procesamiento e integración de la información resulte cada vez más eficiente, gastando menos recursos mentales y por lo tanto pudiendo invertir mejor aquellos de los que disponemos.

Y en esta poda neuronal es donde se encuentra el principal motivo por el que el sexo femenino suele presentar una madurez más temprana que sus contraparte masculina. Diversas investigaciones demuestran que el proceso de poda neuronal empieza de forma precoz en las mujeres, lo que permite que optimicen sus redes neuronales y en muchos casos alcancen la madurez mental.

Aspectos hormonales

Una de las principales razones para este hecho puede hallarse en las hormonas. Mientras que en los varones las hormonas sexuales se observan en las primeras fases del desarrollo para posteriormente estancarse hasta entrar en la pubertad, en las féminas el ciclo hormonal y la secreción de estrógenos se presenta estable y continuado durante todo el periodo de desarrollo. Ello permite una aceleración del momento en que se produce la pubertad.

El efecto del ambiente

Las diferentes investigaciones llevadas a cabo reflejan que por norma general la mujer madura antes que el hombre. Así pues, por lo general llegan a desarrollar antes ciertas capacidades cognitivas y emocionales, especialmente durante la adolescencia y adultez joven.

También debe tenerse en cuenta que las expectativas sociales y los roles de género tienen un poderoso efecto en cómo actuamos. Tradicionalmente los roles de género han provocado que el hombre haya sido educado de una forma en que se tiende a fomentar la competitividad y la individualidad mientras que la mujer ha recibido una educación centrada en el cuidado de los demás, la autogestión y la preservación. 

Ello puede hacer que tengan en cuenta diferentes aspectos a la hora de actuar que conduzca a diferentes grados de madurez. Sin embargo este efecto va disminuyendo según los roles típicos se van difuminando.

Pero ello no implica necesariamente una mayor madurez por parte del sexo femenino. Y es que a pesar de que existe esa tendencia, hay que tener en cuenta que el nivel de madurez depende en gran medida de las condiciones en las que crecemos, la estimulación externa y lo que experimentemos a lo largo de nuestra vida. Un entorno que favorezca la madurez o uno que infantilice a los sujetos puede hacer que tanto hombres como mujeres puedan afrontar de manera más o menos eficaz las situaciones y alcanzar distintos grados de madurez a la misma edad.

Referencias bibliográficas:

  • Lim, S.; Han, C.E.; Uhlhaas & Kaiser, M. (2015). Preferential Detachment During Human Brain Development: Age and Sex-Specific Structural Connectivity in Diffusion Tensor Imaging Data. Cerebral Cortex, 25; 1477-1489.