Una ayuda para detectar estos patrones de comportamiento deshonesto. Unsplash.

Existe en las sociedades occidentales un mito muy extendido relacionado con la idea de la meritocracia. Se trata de la creencia en el hombre hecho a sí mismo, alguien que tiene éxito en la vida (básicamente en términos económicos), y que no le debe nada a nadie, ya que todo lo que es ha surgido a partir de su esfuerzo y de sus decisiones. Es un mito justamente porque nadie tiene lo que tiene solo gracias a su esfuerzo.

Somos gran parte de lo que somos gracias a que, a lo largo de nuestras vidas, otras personas han contribuido a que tuviésemos la oportunidad de llegar a la adultez, seamos conscientes de ello o no, y muchas veces nos ayudan durante toda la vida o buena parte de ella.

Sin embargo, en esta red colaborativa, hay quien decide tomar mucho más de lo que da. Se trata de personas interesadas, que someten toda su filosofía de relaciones sociales a un principio: ¿qué obtengo yo de esto?

Las 4 características de las personas interesadas

Si las personas interesadas resultan tan dañinas es entre otras cosas porque no siempre es fácil reconocerlas o intuir sus intenciones. De esta manera, cuando tratan de obtener algo de los demás sin aportar nada a cambio, este hecho puede quedar camuflado de diferentes maneras que veremos más adelante.

Además, si bien a fuerza de repetir esta clase de comportamientos una y otra vez es difícil mantener el engaño, en ocasiones hay quienes logran un poder de seducción tan potente que ni siquiera caemos en la cuenta de que se están aprovechando de nosotros. Una vez se ha entrado en una dinámica en la que la vampirización se transforma en hábito, es complicado detectarla. Si llevamos tiempo involucrados en esa relación, nuestra percepción se vuelve sesgada, distorsionada.

Por todo lo anterior es importante atender a las señales que nos indican, de un modo más o menos sutil, cuándo estamos ante una de las personas interesadas dispuestas a hacernos perder tiempo y esfuerzos. A continuación encontrarás las principales características de estas. Ten en cuenta que no tienen por qué darse todas a la vez para que se pueda considerar que alguien se comporta de manera interesada, y que el hecho de que se cumpla una o varias acciones de este listado no hace que esa persona quede “etiquetada” de por vida: se trata de patrones de comportamiento que son aprendidas y que, por consiguiente, se pueden desaprender.

1. Utilizar el victimismo

Algo que forma parte de los comportamientos habituales de las personas interesadas tiene que ver con crear el espejismo de que todo el mundo se comporta de manera injusta con ella. De este modo, quien escucha este relato asume que es razonable hacer sacrificios para que esa situación de injusticia quede compensada, aunque sea en parte.

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2. Dar por supuesto que vamos a ayudar

Decir que no a la petición de un favor es algo que en la mayoría de las ocasiones cuesta. Quien actúa de manera interesada lo tiene fácil para explotar este hecho: basta con actuar dando por supuesto que el otro se va a sacrificar por ellas.

De esta manera, para negarse a hacer algo hay que luchar contra el doble de presión: no solo hay que arriesgarse a quedar como una persona egoísta, sino que además hay que romper el relato que la otra persona crea mediante su manera e hablar, según el cual lo normal es actuar tal y como ella espera ajustándonos a los objetivos que ella propone.

Es decir, hay que reformular la situación, explicando nuestra perspectiva de los hechos, algo que la otra persona no ha tenido que hacer, ya que su mensaje estaba implícito en su manera de hablar.

3. Utilizan formas de hablar que hacen pensar en una relación simétrica

Cuando se pide un favor de manera honesta, se hace de un modo que deja claro que se está haciendo justamente eso: pedir un favor. Sin embargo, algo típico de quien se ha habituado a actuar de manera interesada es intentar “camuflar” este hecho mientras, a la práctica, es pide un favor.

Por ejemplo, cuando en vez de pedir ayuda se está pidiendo “colaborar”, como si ambas partes sacasen algo igualmente valioso y beneficioso a través de una acción en el que uno da y el otro recibe lo que se pedía, se está actuando con poca honestidad. Es cierto que se trata simplemente de fórmulas lingüísticas y que por sí sola no causa un daño significativo, pero sienta un precedente, por un lado, y pone a la otra persona en un compromiso, de manera que se limita su libertad de negarse a realizar ese favor.

4. Intentan hacerse pasar por extravertidas

El modo más fácil de reconocer cuándo alguien actúa de manera interesada es fijarse en cómo se comportaba cuando no tenía ningún favor que pedir. Entre los amigos es común pedir favores, pero si se da el caso en el que se le hace una petición a alguien de menos confianza, lo honesto es ir al grano, explicar lo que se quiere. No se puede crear una amistad en pocos minutos justo antes de ir a pedir algo, eso es un engaño. Y no, esto tampoco es algo que sea atribuible simplemente a la extraversión y a la facilidad para socializar: quien es extravertido lo es siempre, no solo cuando se busca algo concreto que alguien le puede dar.