Personalidad

Diferencias entre la personalidad antisocial y la personalidad asocial

Estos tipos de patrones de comportamiento pueden ser confundidos. Te contamos cómo distinguirlos.

Diferencias entre la personalidad antisocial y la personalidad asocial
Alex Figueroba Alex Figueroba Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

Aunque la personalidad antisocial y la asocial se confunden con frecuencia en el lenguaje común, lo cierto es que se trata de dos formas de ser muy distintas: la primera es considerada patológica ya que se asocia con perjuicios a otras personas (comportamientos antisociales), mientras que la asocialidad se refiere a la falta de interés por la interacción.

En este artículo describiremos de forma detallada en qué consisten y en qué se diferencian la personalidad antisocial y la disocial. Para ello nos basaremos principalmente en los criterios diagnósticos del manual psicológico DSM-IV, así como en aportaciones de otros expertos.

¿Qué es la personalidad antisocial?

La personalidad antisocial se considera un tipo de trastorno psicológico crónico. El DSM-IV lo recoge como “Trastorno antisocial de la personalidad” dentro de la categoría “Trastornos de la personalidad”; en el caso de la CIE 10 está incluido entre los “Trastornos específicos de la personalidad”.

El trastorno antisocial de la personalidad se caracteriza por comportamientos recurrentes que implican el desprecio y/o la violación de los derechos del resto de personas. Según el DSM-IV deben cumplirse al menos 3 de los siguientes criterios diagnósticos:

  • Incumplimiento repetido de las leyes que puede llevar a detenciones.
  • Mentiras y comportamientos deshonestos con el objetivo de obtener beneficios o placer.
  • Impulsividad y falta de planificación del futuro.
  • Irritabilidad y agresividad que se manifiestan en agresiones físicas y/o verbales.
  • Falta de preocupación por la seguridad propia y/o la de los demás.
  • Irresponsabilidad mantenida; por ejemplo, incapacidad de cumplir con las obligaciones económicas y laborales.
  • Ausencia de remordimientos con respecto a los comportamientos dañinos.

Para poder diagnosticar el trastorno antisocial de la personalidad es necesario que la persona tenga al menos 18 años, así como que algunos de los criterios descritos hayan estado presentes desde los 15 años o con anterioridad.

El trastorno disocial como manifestación temprana

Antes de la mayoría de edad los comportamientos antisociales persistentes se clasifican con la etiqueta “Trastorno disocial”, que el DSM-IV incluye en la categoría “Trastornos por déficit de atención y comportamiento perturbador”, a su vez uno de los apartados de la macrocategoría “Trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia”.

Los criterios diagnósticos del trastorno disocial también se focalizan en la violación de los derechos de otras personas. En particular los criterios se categorizan en cuatro bloques: agresión a personas y animales (crueldad física, robo a mano armada, etc.), destrucción de la propiedad (p. e. provocar incendios), fraudulencia o robo y violaciones graves de normas.

El trastorno disocial es considerado el precursor del trastorno antisocial, más grave ya que se produce en etapas más avanzadas del desarrollo. Cuanto más temprano aparezcan los síntomas (“Trastorno disocial de inicio en la infancia”), más probable es que resulten graves y que se mantengan al llegar a la edad adulta como trastorno antisocial de la personalidad.

Definiendo la asocialidad

El término “asocial” se utiliza para describir a las personas que no sienten interés por la interacción social o bien que prefieren estar solas. Se trata de una característica no patológica propia sobre todo de las personas muy introvertidas, si bien en la sociedad actual, dominada por las personalidades extrovertidas, suele ser vista como problemática.

Hans Eysenck propuso que el grado de extraversión de las personas depende de la actividad del sistema nervioso central, concretamente del sistema activador reticular ascendente (SARA). Las personas extrovertidas tienen un nivel de activación bajo, por lo que requieren mucha estimulación externa; lo opuesto sucede con las introvertidas.

En este sentido, parece probable que muchas personas calificadas como asociales sean simplemente muy introvertidas, hasta el punto de que la estimulación externa, incluyendo la de tipo social, llegue a resultarles más o menos desagradable. Los factores ambientales también pueden influir en el desarrollo de este tipo de personalidad, por otra parte.

Al no ser una patología los manuales diagnósticos no recogen ningún “trastorno asocial de la personalidad”, como sí sucede con el antisocial. No obstante, algunos trastornos psicológicos se relacionan claramente con la falta de interés social y con la ausencia de placer en la interacción con otras personas.

Trastornos psicológicos relacionados

Existen varios trastornos de personalidad recogidos en el DSM-IV que se caracterizan de forma notable por la asocialidad. En particular el trastorno esquizoide de la personalidad se define como un patrón de conducta en que predominan la tendencia al aislamiento, la frialdad emocional, la apatía y la falta de interés por las relaciones sociales.

El trastorno esquizotípico también se relaciona con la asocialidad, aunque en este caso la falta de contacto social se debe más a la ansiedad social (que no disminuye con la familiaridad) y a los comportamientos extravagantes. En la esquizofrenia, que guarda relación con este trastorno y el anterior, pueden darse signos asociales similares.

Las personas con trastorno de personalidad por evitación, por otra parte, querrían relacionarse más pero se ven superados por la ansiedad y por el miedo a hacer el ridículo. El trastorno evitativo es considerado una manifestación extrema de la fobia social (o ansiedad social), en la que también se pueden presentar conductas asociales.

¿En qué se diferencian?

Ciertamente existen pocas similitudes entre estos dos tipos de personalidad; la frecuente confusión entre la antisocialidad y la asocialidad se debe fundamentalmente al parecido superficial entre las dos palabras, más que al hecho de que compartan características.

En concreto, habitualmente se utiliza la palabra “antisocial” para describir conductas asociales, es decir, relacionadas con la falta de interés por las relaciones sociales. Sin embargo, el concepto de la personalidad antisocial hace referencia a las acciones contra la sociedad y quienes la componen, no al rechazo pasivo de la interacción social.

El prefijo “anti-” significa “opuesto a”, “contra” o “que previene”; así, de forma literal las personas antisociales son aquellas que se oponen a las normas sociales y/o que actúan contra los demás. En cambio el prefijo “a-” indica negación o ausencia (podríamos traducirlo como “sin”), de modo que la asocialidad sería la falta de interacción social.

En cualquier caso, y dado que se trata de dos dimensiones de personalidad distintas, la antisocialidad y la asocialidad no tienen por qué excluirse una a la otra. De hecho, es relativamente habitual que las personas con trastorno antisocial sientan cierto grado de rechazo a la interacción social, de un modo que podríamos calificar como misántropo.

Alex Figueroba Alex Figueroba Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, mención en Psicología Clínica.