Si hay una aspecto de nuestras vidas afectivas que levanta tantas pasiones como los primeros días de relación, son esos momentos en los que nos damos cuenta de que no hemos superado la ruptura con una ex-pareja y nos asaltan las dudas acerca de si volver a contactarla o no.

Y es que aunque en la mayoría de las películas románticas la separación entre lo que es bueno y lo que es malo aparezca dibujada nítidamente, la vida real es mucho más complicada.

De hecho, las ideas poco realistas acerca de cómo es una verdadera relación amorosa hacen que muchas personas den por sentado que hay que dar segundas oportunidades a relaciones fallidas, por mal que hayan terminado.

Por qué es mejor no retomar contacto con exparejas

Aunque en teoría todas las personas tienen la capacidad para superar las rupturas de pareja, a la práctica no todas tienen el tiempo o la energía para hacerlo. Es por eso que, en la mayoría de los casos, la tentación de volver a retomar el contacto con una antigua pareja suele generar problemas.

Si bien no hay nada malo en sí en volver a hablar o reunirse con un “ex”, es recomendable hacer esto cuando se haya superado totalmente ese proceso de duelo sentimental. A continuación puedes leer las 4 principales razones por la que es mejor no volver a contactar con una ex-pareja.

1. Es imposible empezar desde cero

Las tomas de contacto con las ex-parejas se caracterizan por la frustración de aspirar a ese estado de ilusión de los primeros días y no conseguirlo. Hay que tener algo claro: una vez se ha terminado una relación, aunque se retome el contacto ya nada vuelve a ser lo mismo, para bien o para mal. No podemos simplemente elegir olvidar todo lo que ocurrió, y los intentos de autoengaño para encubrir esos sucesos suelen generar crisis emocionales en los momentos más inoportunos.

Por ejemplo, aunque se pretenda correr un velo de ignorancia sobre el pasado y hacer ver que nada malo ha ocurrido entre nosotros y la expareja, si desde el principio una de las partes tiene la sensación de estar en deuda con la otra, o una cree que la otra le debe algo, esos sentimientos tarde o temprano aflorarán; de manera indirecta al principio, y de modo bastante claro al final.

2. Constantes recordatorios dolorosos

Lo único que hace que todos los seres humanos no sean profundamente infelices es que saben gestionar su foco de atención para no estar dirigiéndolo constantemente hacia recuerdos tristes o traumáticos.

Pero esto no es algo que dependa solo de la fuerza de voluntad de cada uno. El ambiente en el que vivimos, y específicamente el tipo de elementos con los que nos rodeamos, tienen un efecto sobre aquello acerca de lo que pensamos. Si vivimos rodeados de muerte, pensaremos más en ella, y si vivimos en contacto habitual con una expareja, se crearán más ocasiones en las que, sin pretenderlo, terminaremos pensando en esa relación y en lo que hizo que fallase.

Es por eso que, a no ser que tengamos totalmente superada la ruptura de pareja, no creemos las condiciones propicias para que los pensamientos sobre la separación nos asalten de improvisto.

3. La frustración se mezcla con las fantasías

Este inconveniente tiene que ver con los dos anteriores. Si hay algo que pueda producir tanto dolor como vivir una relación en la que todo es amargura, es vivir una en la que la frustración se mezcla con las fantasías acerca de cómo sería una realidad en la que los problemas con la ex-pareja han desaparecido.

Y es que estar en contacto con personas con las que en el pasado tuvimos una historia de amor romántico trae tanto recuerdos muy buenos como muy malos. Los segundos son parte de los conflictos que posiblemente aparecerán, mientras que los primeros nos tientan a intentar revivir lo que en algunos momentos llegamos a confundir con el presente: momentos fantásticos que experimentamos más a través de lo que nos gustaría que fuera que a través de la honestidad.

4. Cierra el paso a nuevas oportunidades

Muchas veces, las ganas de volver a tener contacto con la expareja e, básicamente, un elemento de distracción. En ocasiones la posibilidad de volver a tener una relación amorosa con esa persona hace que nos concentremos en esta clase de fantaseos y que dejemos pasar oportunidades de iniciar relaciones más funcionales e ilusionantes.

De hecho, en ocasiones el simple hecho de idealizar la vuelta de toma de contacto con la ex-pareja hace que la idea de iniciar una relación con otra persona diferente produzca sensaciones de culpabilidad, incluso aunque no se haya llegado nunca a “volver” con esa antigua pareja.

En estos casos se da por supuesto que estamos predestinados a retomar esa relación fallida, aunque no existan motivos objetivos para creer eso. Se trata de una creencia altamente disfuncional que a largo plazo no satisface a ninguna de las partes y que incluso puede dañar a terceros, ya que reciben señales contradictorias: a veces parecemos interesados en esas personas y a veces parece que las rechacemos totalmente.