Ya en un artículo anterior, hablábamos de la importancia de ampliar nuestro repertorio sexual dejando a un lado el coitocentrismo (centrar la relación sexual casi de forma exclusiva en la penetración) imperante en nuestra cultura.

Hoy os proponemos una técnica que es utilizada en terapia sexual con el objeto de reducir tensión en la pareja cuando aparecen problemas. Esta estrategia es una variante de la desarrollada por Masters y Johnson ya en la década de los sesenta y setenta a la que llamaron “Focalización Sensorial”.

No obstante, no es necesario padecer un problema sexual en el entorno de la pareja para disfrutar de una sesión de caricias mutuas, por lo que el Placereado se convierte en un ejercicio divertido y agradable que ayuda a conectar con la pareja.

Del mismo modo que Masters y Johnson establecían varios niveles dentro de esta técnica, nosotros también lo vamos a diversificar en tres pasos, Placereado 1, 2 y 3. Hoy os presentamos el primero.

¿Cómo hacer el Placereado 1 en pareja?

1. Es preferible planificar el día en el que haremos el ejercicio, aunque también puede funcionar en estos casos improvisarlo. Aunque no hay un mínimo de veces a realizar, cuanto más lo hagamos más observaremos sus beneficios.

2. Buscaremos un lugar idóneo que reúna ciertas preferencias como: intimidad, temperatura adecuada, comodidad (la cama es ideal para hacer el ejercicio), o preferencias ambientales (música relajante, luz tenue, velas, etc.). Es importante apagar el teléfono o ponerlo en modo silencio para evitar interrupciones.

3. Igualmente es fundamental tener una buena actitud, estar motivado, no estar muy cansado o en plena digestión.

4. Comenzamos el ejercicio. Uno de los miembros de la pareja se tiende desnudo boca abajo y con los ojos cerrados. El otro, también desnudo, en una postura cómoda comienza a acariciar a su pareja suavemente desde la cabeza hasta los pies sin olvidar ninguna parte corporal. No se trata de hacer un masaje sino transmitir nuestra emoción a través de las manos, por lo que la estimulación debe ser relajada y placentera.

5. Cuando el que está acariciando llega a los pies, el que está tendido se da la vuelta y se repite el ejercicio por delante como antes, exceptuándose genitales y senos, ya que estamos en el Placereado 1. La estimulación corporal debe durar al menos quince minutos en total (unos siete minutos por cada cara del cuerpo).

6. Tras esto, se abren los ojos, el que estaba tumbado se incorpora y se dedican unos minutos para comentar cómo se han sentido, la calidad de las caricias, los afectos, etc. Después, se cambian los roles, el que ha recibido las caricias ahora las realiza y viceversa y se repite el ejercicio tal como se ha descrito en los puntos anteriores.

7. Al final del ejercicio, la pareja decide qué será lo siguiente, si iniciar una relación sexual o no, ya que no existe ninguna premisa previa de terminar excitado/a ni hacer sexo al terminar. El objetivo de esta estrategia no es por tanto “obligar” a nada más que dar y recibir caricias placenteras. Podemos utilizar esta experiencia para aprender a pedir, a saber decir sí o no, según los deseos de cada uno y aceptar las negativas sin enfadarse, ni vivirlas como rechazo.

¿Qué podemos conseguir haciendo un Placereado 1?

  • Esta técnica nos ayuda a desgenitalizar nuestras relaciones sexuales, es decir, a utilizar otras partes de nuestro cuerpo con un fin placentero, algo que sin duda ampliará nuestra sensibilidad erótica en toda la piel. No olvidemos que la cultura actual nos inculca centrar la relación sexual de manera casi exclusiva en la estimulación genital y este ejercicio facilita sumar elementos haciendo más divertido el sexo.
  • Con este ejercicio conseguimos dar y recibir placer sin sentir culpa y sin necesidad de contrapartidas ya que la estimulación será recíproca. De este modo, combatimos ese rol machista sobre el papel activo que debe jugar el hombre en cuanto a llevar la iniciativa y responsabilidad de la relación y el supuesto rol pasivo de la mujer. Disfrutar con ambos roles, pasivo y activo, enriquece la relación.
  • También nos ayuda a mantener la mente en "modo erótico". Si conseguimos durante el ejercicio mantener la atención en las caricias y en las sensaciones que ello produce, conseguiremos entrenar la mente a estar en el presente y evadirnos de pensamientos improductivos, normas o creencias que no facilitan la relajación, algo muy frecuente cuando aparecen disfunciones sexuales. (Una selección de frases eróticas, aquí).
  • Es una técnica de elección ante determinados problemas sexuales, ya que permite trabajar objetivos básicos como el descondicionamiento de la ansiedad asociado a la relación sexual característico en estas problemáticas.

En definitiva, un ejercicio diferente que permite relajarnos y conectar con nuestra pareja. En próximos artículo trataremos las variantes que ofrecen el Placereado 2 y 3 y sus aplicaciones prácticas.

Referencias bibliográficas:

  • Masters, W, H. y Johnson, V.E. (1996). Respuesta sexual humana. Buenos Aires. Inter-médica.