La inteligencia es uno de los rasgos psicológicos más interesantes que existen. Conocer nuestras capacidades cognitivas nos permite saber el grado en el que somos hábiles a la hora de adaptarnos a retos nuevos, entornos cambiantes y, en general, a situaciones que requieren un cierto grado de improvisación.

Pero otro aspecto fascinante de la inteligencia es que estadísticamente también suele ir de la mano de muchas otras características personales, físicas, sociales y psicológicas. Por ejemplo, las personas con una mayor puntuación en los test de CI tienden a vivir más, a ganar más dinero y a tener mejor aspecto físico.

En el mundo del amor y de la búsqueda de pareja, esto también tiene implicaciones curiosas. Por ejemplo, se ha visto que las personas más inteligentes tienden a ser más infieles que la media, patrón que es especialmente acentuado en el caso de las mujeres. ¿Por qué ocurre esto?

La relación entre inteligencia e infidelidad

Hace unos años, el psicólogo Satoshi Kanazawa demostró que, según datos de los General Social Surveys, las personas que responden “sí” a la pregunta “¿Alguna vez has tenido una aventura fuera de la pareja?” tienden a obtener puntuaciones significativamente más altas en los test de inteligencia, incluso controlando variables como la clase social, la etnia, el nivel educativo y, por supuesto, la edad.

Esta diferencia era algo mayor en el caso de las mujeres. En su caso, las que habían cometido una infidelidad sobrepasaban en unos 3 puntos de CI a las que habían cumplido con su compromiso, mientras que en el caso de los hombres la diferencia era de dos puntos ¿Por qué ocurre esto?

Kanazawa reconoce que no hay datos que indiquen de un modo claro por qué existe esa relación directa entre inteligencia y propensión a la infidelidad, pero traza algunas hipótesis que podrían apuntar en la dirección correcta.

Atractivo, inteligencia y géneros

En primer lugar, el investigador destaca un hecho que a lo largo de los años ha sido probado con creces: por lo general, las personas más inteligentes tienden a ser más altas y más atractivas que el resto.

Esto significa, entre otras cosas, que les cuesta menos encontrar a alguien interesado en tener relaciones con ellas. El estereotipo de personas poco agraciadas que son muy inteligentes “para compensar” no queda confirmado por los datos que nos aporta la realidad, al menos de momento.

Por otro lado, como psicólogo evolucionista, Kanazawa está convencido que, en lo que a conducta sexual se refiere, las mujeres tienen la mayor parte del poder, ya que son las que eligen cómo y dónde se producen los encuentros.

A partir de aquí, Kanazawa traza una interesante reflexión. Aunque parezca contradictorio, los hombres más inteligentes suelen valorar más la monogamia y la fidelidad, algo que no ocurre con las representantes con mayor CI del sexo contrario. Sin embargo, tal y como hemos visto, a la práctica tanto hombres como mujeres con alta puntuación en inteligencia tienden más a romper ese compromiso de fidelidad. Esto podría ser porque las mujeres con mayor CI tienen más oportunidades de resultar atractivas y de romper la exclusividad sexual.

En cuanto a estos últimos, el hecho de que valoren más la exclusividad sexual podría explicar por qué incluso los más inteligentes (y potencialmente atractivos) tienden a tener menos aventuras. Por otro lado, Kanazawa destaca que como los hombres tienen menos espacio para la elección en la conducta sexual, no pueden ser tan consecuentes con sus ideales y con sus valores, bajo el supuesto de que para seguir a rajatabla los valores propios se necesita tener un control en ese ámbito de la vida; en este caso, el sexual.

Una cuestión de tentaciones

Así pues, las hipótesis hacia las que apunta Kanazawa tienen que ver con el grado en el que las personas más inteligentes tienen que decir "no" a un mayor número de ocasiones para cometer infidelidades. Las mujeres con mayor CI no valoran más que la media la exclusividad sexual, y por eso están algo más expuestas a caer en la tentación, mientras que en los hombres esa deseabilidad que les viene asociada con la inteligencia queda parcialmente amortiguada por su valoración positiva de la monogamia en un sentido "ideal".

Por supuesto, aún quedan muchas incógnitas por resolver. Por ejemplo, si este patrón de comportamiento, o relación entre CI y actividad sexual, se cumple en todas las culturas (probablemente no). También es necesario disponer de más datos acerca de cómo se relacionan el atractivo sexual y la propensión a la infidelidad: de momento solo se han cruzado datos relativos a lo segundo y al nivel de CI.

Es necesario recordar, por último, que tan solo estamos hablando de números, de patrones estadísticos. Está claro que cada caso es único y una persona no está predestinada a ser infiel por ser superdotada, ni mucho menos. Sin embargo, en general, los más inteligentes, posiblemente, habrán tenido más oportunidades de decir "no" ante ofertas que parecían irresistibles.