Todos o casi todos nosotros nos hemos enamorado en alguna ocasión. Muchos de estos enamoramientos acaban en algún tipo de relación con la persona en cuestión.

Pero no siempre es así: a veces nos enamoramos de alguien que no nos corresponde o no lo hace en la misma medida, somos rechazados, se producen rupturas o lo que empezó como una buena relación se ha truncado con el tiempo.

Y aunque algunas personas dicen no sufrir demasiado con ello, a la mayoría le duele. Y es que la pérdida o la imposibilidad de tener una relación tal y como queremos con la persona que queremos es un foco de sufrimiento bastante habitual y que tarde o temprano tenemos que afrontar.

Esa sensación de sufrimiento, que incluso puede llevar a cierta obsesividad y sintomatología depresiva, forma parte de lo que se conoce popularmente como mal de amores, algo de lo que vamos a hablar en este artículo.

Mal de amores: ¿qué es?

Se entiende por mal de amores o desamor a la situación de sufrimiento, malestar y disconfort que vive una persona ante la dificultad o ausencia de posibilidades de vivir una relación de pareja con la persona amada, o bien que esta carezca de las características que el propio sujeto considera necesarias en dicha relación.

Generalmente se caracteriza por la aparición de tristeza, angustia, desesperanza, dudas y emociones como culpabilidad o incluso rabia ante la situación, que puede llevar a un aislamiento, deterioro de las relaciones sociales, falta de concentración y pérdida o disminución de la capacidad para sentir placer (síntomas depresivos). También es posible que se pase al extremo opuesto, con un aumento de la actividad social, búsqueda constante de actividad sexual, agitación y nerviosismo.

Dicho malestar puede partir de un rechazo amoroso en el que nunca haya habido una correspondencia sentimental por parte de la otra persona, que a pesar de que la otra persona sí que corresponda la relación no sea posible o que aunque ha habido una relación entre ambas esta se ha malogrado y/o roto por alguna razón.

Causas y síntomas

En este sentido, quien sufre mal de amores no tiene por qué tener un concepto realista de la relación en sí, sino que depende en gran medida de su percepción de lo que es y lo podría haber sido. Una de las principales bases del mal de amores son las expectativas que se tengan en la otra persona, en la posibilidad de tener una relación con ella y en la propia relación. El mal de amores es una reacción habitual a la decepción que genera el no cumplimiento de expectativas y esperanzas puestas y, a menos que no se resuelva o aparezcan complicaciones o aparezcan conductas desadaptativas, no implica patología.

Al fin y al cabo, tras una ruptura o ante la aceptación de que nuestro interés amoroso no nos corresponde aparece el cansancio ante las energías invertidas (aunque sean a nivel emocional) en dichas esperanzas e interacciones, aparece también la sensación de soledad, la impotencia y las dudas del porqué si la ruptura viene de la otra persona, la angustia ante lo que podría haber sido.

Se ha de tener en cuenta también que el mal de amores puede aparecer no solo las personas con relaciones equilibradas y positivas: puede ocurrir en relaciones con desequilibrio de poder o incluso en situaciones de maltrato físico y mental, al menos inicialmente.

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Fases

El mal de amores se deriva de un hecho que para la persona que lo padece es en mayor o menor medida traumático, y de hecho podría llegar a conceptualizarse como un proceso de duelo ante la anteriormente citada imposibilidad de tener, mantener o recuperar una relación de pareja.

Como tal, es habitual que aparezcan una serie de fases por las cuales el sujeto suele pasar: en un primer momento se produce la negación de la finalización o imposibilidad de tener dicha relación. Tras ello suele aparecer una fase de intensas emociones, tales como rabia, dudas sensación de culpa o desesperanza. Y finalmente, una vez el sujeto logra procesar la no relación o la ruptura, la aceptación de la situación.

Pero al igual que ocurre con otros tipos de duelos, no todo el mundo logra llegar correctamente a una fase de aceptación. Es muy habitual que aparezcan sintomatología ansiosa o depresiva que puede llegar a constituirse en trastorno del estado del ánimo o ansioso si se prolonga en el tiempo.

En algunos casos pueden aparecer lo que algunos profesionales denominan limerencia, o necesidad obsesiva de ser correspondido amorosamente por la persona amada. Esta necesidad puede llevar en casos extremos puede llegar generar conductas de acoso y suponer cierto peligro tanto para la persona que lo padece (por ejemplo, llevando a intentos de suicidio) como para la persona a la que considera amar.

¿Cómo superar el dolor?

Superar el mal de amores no es fácil. A nivel general, lo primero que hay que tener en cuenta es el hecho de que la persona debe ver su malestar como algo normal en la situación en la que está, y que el proceso de superación de dicho mal de amores tiene su tiempo. Resulta importante no aislarse socialmente, y pasar tiempo de calidad con otras personas de nuestro entorno. Asimismo, es fundamental expresarse y desahogarse. Además de expresarlo verbalmente, es posible emplear procedimientos tales como escribir nuestros sentimientos y sensaciones, escribir una carta o un diario o acudir a elementos artísticos tales como la expresión a través de diversas artes, como por ejemplo la música, la pintura o la creación literaria o poética.

Se recomienda a las personas que eviten refugiarse en estímulos que únicamente nos eviten el sufrimiento, como la comida, la bebida, las compras o la búsqueda compulsiva de sexo, puesto que si se llevan a cabo con el único propósito de evitar el dolor ello en realidad puede perpetuar el malestar (ya que la evitación impide que se procese la situación) y puede generar adicciones.

En lo que respecta a la persona amada es recomendable no mantener un contacto continuado con ella al menos al principio, de cara a poder procesar la información y las emociones de manera positiva y no perpetuar el malestar.

También la práctica de ejercicio físico puede ser una gran ventaja. Por último, en caso de necesitarlo puede recurrirse también a un profesional de la psicología para ayudar a combatir creencias disfuncionales.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. DSM-IV-TR. Washington, DC: Author, 2000 (Trad. Castellano, Barcelona: Masson, 2002).
  • Perestelo Pérez L, González Lorenzo M, Rivero Santana AJ, Pérez Ramos J. Herramientas de ayuda para la toma de decisiones de los pacientes con depresión. Plan de Calidad para el SNS del MSPS. SESCS; 2010. Informes de ETS: SESCS Nº 2007/04.