Tengo la suerte de vivir en la costa, y cuando salgo a correr por la playa puedo observar la cantidad de personas que llevan “tattoos”. De hecho, hoy en día es poco habitual que una persona no tenga algún piercing o un tatuaje. En mis sesiones de running veo que los tienen tanto los jóvenes como los adultos. 

Para algunos, tatuarse y llevar piercings es un estilo de vida, otros se tatúan algo simbólico como por ejemplo, el nombre de un hijo, y hasta existen iniciativas en red que motivan a los jóvenes a tatuarse algún símbolo con un significado especial.

Los tatuajes y los piercings, en realidad, vienen de muy lejos

Las perforaciones y los tatuajes han existido desde casi el comienzo de los tiempos y han sido utilizados por diferentes culturas y tribus del mundo. Los Mayas ya llevaban perforaciones en los labios, las orejas y la nariz para mostrar su estatus; en el Imperio Romano, los centuriones llevaban anillas los pezones para demostrar su coraje y virilidad, los reyes egipcios se agujereaban el ombligo como señal de distinción, y los polinesios no sólo se tatuaban como una señal de riqueza, sino que también era una señal de fuerza y de poder.

Por tanto, ya sea por estética o por cuestiones culturales o religiosas, tanto los piercings como los tatuajes han acompañado al ser humano desde hace miles de años.

Los piercings y los tatuajes pueden excitar a algunos individuos

Desde hace tres décadas los investigadores han intentado encontrar respuestas al enamoramiento y a la atracción, puesto que este fenómeno nos atañe a todos. Son muchas las causas que definen nuestros gustos a la hora de sentirnos atraídos por alguien. La cultura, la educación o nuestras experiencias pasadas, entre otros factores, influyen en nuestro mapa mental que desencadenará la cascada química de la atracción.

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Algunas personas se sentirán atraídas por el atractivo físico, otras por el dinero y otras por el ocio o las experiencias excitantes que le proporciona la otra persona. Pero más allá de un cuerpo envidiable o una vida social muy deseable, hay gente que se siente atraída por las perforaciones y las obras de arte dibujadas sobre la piel. Recientemente, con la moda de los tatuajes y los piercings, los expertos han comenzado a mostrar curiosidad por la estigmatofilia.

La estigmatofilia hace referencia a la excitación que sienten algunos individuos por piercings y tatuajes. Es decir, que se ponen loquitos por las personas que llevan tattoos y piercings. Pero la estigmatofilia no hace referencia precisamente a que una persona le gusten los tatuajes y los piercings en otra persona del otro sexo porque queda moderno. “cool” y sexy, sino que, además, éstas también sienten atracción por las cicatrices y las marcas en la piel.

La estigmatofilia es una parafilia

Para algunos expertos la estigmatofilia es una parafilia, pues no hace referencia únicamente a que a la persona le gusten los tatuajes, cicatrices o piercing en el cuerpo del otro sexo, sino que estos individuos no siente excitación sexual si la otra persona no tiene esas características. La parafilia es un comportamiento sexual en el que el placer no se encuentra en la penetración, es decir en la cópula, sino en el acto o cosa que acompaña este encuentro sexual.

Los estigmatofílicos suelen sentir atracción por los tattoos, piercings y cicatrices en general, aunque en algunos casos también sienten atracción por sólo una de estas marcas o perforaciones. En algunos casos el estigmatofílico siente atracción por el dolor que han causado estas marcas o perforaciones, en otros casos por la historia que hay detrás.

Fetichismo y estigmatofilia

Otros expertos catalogan la estigmatofilia como un tipo de fetichismo (que es un tipo de parafilia). En el mundo del sexo y el placer los fetiches están a la orden del día, y consisten en la excitación erótica o logro del orgasmo por medio de objetos fetiches o partes del cuerpo que provocan excitación. Por ejemplo: los pies, los tacones, disfraces, etc.

En el caso de los piercings la excitación sexual es más común en las personas menores de 40 años, y las zonas del cuerpo preferidas son la lengua, labios, pezones y las zonas genitales, ya que están ubicadas en partes de interacción sexual.