El enamoramiento es un torbellino de emociones tan intensas que, en ocasiones, las personas experimentan una sensación de que no tienen el control de nada de lo que hacen o dicen y de que se encuentran indefensas. Esta sensación de caos, normalmente, también se extiende a su habilidad a la hora de analizar sus propios sentimientos por esa persona.

Y es que aunque el amor sea algo importante, eso no significa que estemos bien preparados para identificarlo allí donde se da. Es por eso que resulta muy útil conocer las principales diferencias entre el amor y el encaprichamiento.

Principales diferencias entre encaprichamiento y amor

Si tenemos que crear una distinción teórica entre el encaprichamiento y el enamoramiento, esta puede ser la siguiente: en el encaprichamiento no nos sentimos atraídos por la persona, sino por la idea que nos hemos formado de esa persona, basada en buena parte en invenciones y autoengaños.

Así pues, mientras que en el amor a pesar de que el vínculo emocional también es básicamente irracional este se basa en las experiencias vividas juntos y no en las ficciones, en el encaprichamiento hay una especie de enamoramiento de una persona que realmente solo existe en nuestra cabeza y que se parece superficialmente a alguien real. Eso significa que lo único que nos aporta la persona que de verdad existe es su aspecto y su atractivo superficial.

Ahora bien… ¿cómo distinguir entre encaprichamiento y enamoramiento en el día a día? Para ello las definiciones teóricas no sirven de mucho, teniendo en cuenta que saber reconocer estos fenómenos en nuestro día a día resulta complicado, y más cuando una parte de nuestra racionalidad ha sido secuestrada por las emociones.

Afortunadamente, existen algunos descubrimientos que nos permiten hallar diferencias concretas entre el enamoramiento y el encaprichamiento. Veamos cuáles son.

1. El contacto visual

Algo tan simple como mirarse a los ojos de manera sostenida es capaz de reforzar vínculos afectivos duraderos, tales como los que son propios del amor. Es por eso que el tiempo que se pasa estableciendo contacto visual mutuo de manera espontánea es un indicador de la fuerza de los lazos amorosos. De hecho, en los tipos de atracción basados simplemente en el físico la mirada se dirige más bien a otras zonas del cuerpo, especialmente aquellas que tienen carga erótica.

Por cierto, el reforzamiento de los vínculos amorosos a través de la acción de mirarse a los ojos se da incluso entre humanos y algunos de los animales domésticos que cuidan, tal y como puedes ver en este artículo: "¿Puede existir el amor entre especies? Una investigación respalda el "sí"".

2. Usas el “nosotros” casi tanto como el “yo”

El amor no solo se plasma en lo que hacemos, sino que también ejerce un efecto sobre lo que decimos; tanto en el contenido de nuestro discurso, como en las formas en las que lo expresamos. Es por eso que tiene sentido fijarse en si se utiliza la primera persona del plural más de lo normal cuando se habla acerca de lo que se siente acerca de la relación.

Esto indica que se ha pasado de una perspectiva totalmente personal a otra en lo que lo compartido ha ganado importancia. Se habla algo más desde el punto de vista de la pareja, una entidad que es más que la suma de dos personas independientes la una de la otra.

3. Vuestras personalidades son similares

Contrariamente a lo que señala la cultura popular, los polos opuestos no se atraen, o por lo menos estadísticamente no tienden a hacerlo durante relaciones de largo recorrido. Las dificultades que supone relacionarse mucho con alguien cuyos hábitos, costumbres y patrones de comportamiento distan mucho de los propios desgastan mucho las relaciones.

Sin embargo, no resulta raro encapricharse de personas muy distintas a uno mismo, ya que presentan un componente exótico que, en un primer vistazo, genera interés y curiosidad, o incluso un toque de exclusividad por la “rareza” de la otra persona.

4. Os habéis relacionado muy poco y ya fantaseas con la relación

El elemento definitorio del encaprichamiento es la idealización. Como se sabe poco acerca de la otra persona, rellenamos los vacíos de conocimiento acerca de ella con fantasías absolutamente optimistas acerca de ella. Y, aunque no nos demos cuenta, esas fantasías pasan a marcar el modo en el que percibimos las acciones de esa persona; por eso algo que encontraríamos ridículo si lo hiciese nuestro primo nos parece adorable si lo hace ese alguien especial.

Además, hay evidencias de que parte del atractivo especial que se le atribuye a otras personas proviene simplemente del hecho de que “son nuevas”, no las conocíamos antes y llegan en un momento en el que tenemos predisposición a encontrar pareja. Esto está muy relacionado con un fenómeno psicológico observado en los mamíferos en general: el efecto Coolidge, por el cual se busca tener relaciones con nuevos individuos.

5. Te parece bien sacrificarte por la relación

En el encaprichamiento es menos frecuente que se muestre predisposición a realizar sacrificios por la relación, mientras que en el amor es relativamente normal en términos estadísticos. Sin embargo, es importante señalar que no se trata de sacrificios por la otra persona, sino por la relación, la unidad que forma el vínculo emocional que une a esas personas. De no ser así, siempre sería la misma persona la que comprometería su tiempo, sus recursos y sus esfuerzos en hacerle favores a la otra, por lo que estaríamos hablando de una relación tóxica asimétrica.