Las generaciones más modernas han manifestado que los cuentos de hadas y los estereotipos de princesitas han perjudicado seriamente la forma en que las propias mujeres se ven a sí mismas (y sus propias historias de amor mal interpretadas).

Este fenómeno social basado en los roles de género tradicionales ha dado lugar a lo que se conoce como complejo de Cenicienta.

¿Qué es el complejo de Cenicienta?

Definido de forma simple, el complejo de Cenicienta es un fenómeno psicológico que predispone a las mujeres a valorarse a sí mismas y a sus vidas dependiendo de la proximidad de una figura protectora: la pareja.

De este modo, este fenómeno psicológico y social favorece la aparición de una autoimagen caracterizada por la expectativa de la aparición de una pareja que supuestamente dará sentido a nuestra vida y, en los casos en los que ya se tiene pareja, alimenta la creación de una dinámica de relaciones basada en la dependencia.

La escritora norteamericana Colette Dowling escribió un libro en el que relataba cómo las mujeres con complejo de Cenicienta tienen cierto temor a la independencia y relacionan su felicidad con su estatus emocional, dando lugar a la insaciable y errónea búsqueda del “príncipe azul” para alcanzar la felicidad absoluta.

La Cenicienta como modelo femenino

El patrón psicológico de las mujeres con el síndrome de Cenicienta cuenta con tres características básicas: un deseo inconsciente de ser cuidadas, rescatadas y atendidas constantemente por otras personas incluso ajenas a la pareja sentimental.

Este tipo de comportamiento puede explicarse por varios factores. Y es que según la Colette Dowling, su raíz está en una suma de motivaciones: desde la manera en la que se educa a la mujer hasta ciertas reglas sociales que llevan a las mujeres a sentirse de esta manera, lo cual dificulta una explicación simple al problema.

De algún modo, el poso cultural basado en el machismo sigue alimentando esta clase de actitudes y de filosofías de vida que marcan fuertes distinciones entre lo que es propio de lo femenino y lo que corresponde a lo masculino. Lo primero es frágil y debe ser cuidado desde fuera, y lo segundo es fuerte, firme y autosuficiente. La combinación de los roles de género que se derivan de esta percepción polarizada del hombre y la mujer crea, entre otras cosas, el complejo de Cenicienta.

Sus características

Algunas de las características propias del complejo de Cenicienta son las siguientes:

  • Baja autoestima.
  • Dependencia constante.
  • Miedo a salir de la zona de confort.
  • Idealización de la pareja.

Si te identificas con alguno de estos síntomas, el mejor método para combatirlos o transformar este comportamiento es buscando la felicidad sin pareja y con las virtudes que tienes por ti misma, sin tener que esperar que nadie te venga a cambiar la realidad.

En caso de que no consigas superar estos miedos y actitudes, lo ideal es pedir ayuda a un especialista que te ayude a modificar tus creencias y tus hábitos.

¿Es un trastorno mental?

El complejo de Cenicienta no es un concepto utilizado en la psicología clínica ni en la psiquiatría para denominar un trastorno mental, simplemente describe un cierto patrón de comportamiento alimentado por las costumbres, los estereotipos acerca de las diferencias entre hombres y mujeres.

Sin embargo, si los patrones de comportamiento que describe son muy acentuados e interfieren con la calidad de vida de la persona o de su entorno, puede indicar la presencia de síntomas característicos del Trastorno Límite de la Personalidad o del Trastorno de la Personalidad por Dependencia.

5 claves para ser una mujer independiente

Es muy frecuente oír hablar hoy en día de la necesidad de reivindicar a la mujer independiente y autosuficiente. No obstante, tener claro cómo se puede adoptar una actitud más fundamentada en la seguridad en una misma es complicado. Por esta razón, trabajaremos en estas claves para desarrollar la independencia femenina siempre respetando la de los demás.

Básicamente, nos encontramos con dos tipos de independencia: la emocional y la económica. En parte, la una depende de la otra para poder consolidar un buen nivel de independencia.

Aquí presentamos cinco consejos para superar el problema:

1. Cuida tus emociones

Definitivamente el paso más difícil y el primero a afrontar, pues es la base del todo. La independencia emocional se consigue definiendo bien lo que quieres, lo que te gusta y lo que no. En cuanto a tus relaciones personales, ya sea con amigos, compañeros de trabajo, familia o tu pareja sentimental, hay que dedicar esfuerzos a analizar dónde terminan las capacidades reales de una misma y dónde se hace verdaderamente necesaria la colaboración de los demás

2. Responsabilidad con el dinero

La idea de que lo normal y lo deseable es depende económicamente de la pareja constriñe mucho la propia libertad. Aprende a depender de ti misma y no pedir dinero a nadie.

3. Disfruta de la soledad

No hay que caer en pánico cuando te quedes sola. Valora tus momentos de soledad como algo con aspectos positivos y encuéntrate con tus propios pensamientos, sentimientos y temores.

4. Cultívate

Gozar de un mayor nivel de competencias y de conocimientos nos empodera y nos hace más libres y autónomos, independientemente de nuestro género.

5. Trabaja la autoestima

Este punto es tan primordial como el primero. Quererte a ti misma te ayudará a mostrarte como una mujer empoderada y segura. Amarte, sin caer en la arrogancia, hace que te respetes, te cuides, te cultives, etc. Lo mismo debes esperar de la gente que te rodea.