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Aún en pleno siglo XXI, las organizaciones están lejos de ser esas máquinas de eficiencia en las que las ofertas y las demandas encajan entre sí de forma perfecta, y lo mismo ocurre en el ámbito interno de las empresas: las necesidades de los trabajadores y lo que los cargos superiores pueden ofrecer no siempre se encuentran para generar una solución que beneficie a todas las partes.

Donde antes se nota esto es en la frecuencia con la que los trabajadores renuncian.

¿Por qué algunos buenos empleados acaban abandonando las empresas?

Está claro que hay muchos posibles motivos por los que los empleados se van del trabajo en grandes cantidades, pero los principales motivos, dejando al margen las causas externa a la organización, pueden ser resumidas en las siguientes.

1. Las contradicciones absurdas

Muchas veces, los conflictos y los fallos de comunicación que se dan en los puestos más altos del organigrama de una empresa hacen que los empleados estén recibiendo órdenes contradictorias con cierta frecuencia.

Esto es muy fácil que ocurra cuando una o más personas encargadas de coordinar equipos dan por sentadas demasiadas cosas acerca de los conocimientos y las intenciones de otros jefes que están en su mismo nivel jerárquico, o bien cuando no están claras las competencias de cada uno y, sin saberlo, se inmiscuyen en las tareas de los demás dando unas órdenes que no deberían estar dando.

Los empleados ven estas contradicciones como una fuente de inestabilidad que, además de hacer de su trabajo una experiencia menos grata, en algún momento podría transformarse en un despido por culpa de un superior.

2. Las ofensas a la meritocracia

Ascender o aumentar el sueldo a las personas incorrectas no solo suele hacer que la productividad de la empresa sufra más, sino que genera un clima organizacional malo en el que todo el mundo da por supuesto que los esfuerzos que se hacen no tienen por qué verse recompensados.

Internalizar esta lógica hace que los empleados con menos expectativas acerca de su posible ascenso en la empresa tiendan a rendir lo justo para alcanzar los objetivos mínimos que se les exigen, mientras que los que se encuentran trabajando en la empresa por la posibilidad de ser promocionados buscarán otros empleos.

3. Confundir a los mejores empleados con un parche

Pensar que los empleados más productivos y mejor formados pueden cargar con sus responsabilidades y con las de aquella parte del personal que es incapaz de rendir lo necesario (muchas veces, cargos altos e intermedios) es especular con su rendimiento y desplazar hacia el futuro unos problemas que se van acumulando con el tiempo.

Si se hace esto, no solo se estará favoreciendo la aparición del Síndrome Burnout en esos empleados "ejemplares", sino que además se estarán desplazando hacia él problemas que existen más allá de su trabajo. Cuando estos trabajadores renuncien, no solo quedará un vacío en su cargo, sino que la inoperancia de muchas otras personas será expuesta totalmente.

4. La habituación al espíritu de sacrificio

Hay algunos empleados que, sin que nadie se lo pida, rinden más de lo que se espera de ellos. Normalmente esto es agradecido por sus superiores, pero es posible que con el paso del tiempo esta clase de sacrificios se tome como algo normal y que, el mes en el que el empleado trabaja lo justo, aparezcan los reproches y las recriminaciones por trabajar menos. Esta es una práctica totalmente tóxica y propia de situaciones de explotación, los empleados lo saben, así que no tardarán en desaparecer de la empresa.

Si se quiere garantizar este tipo de esfuerzos extra, lo que hay que hacer es que dejen de ser extra. Es decir, dar algo a cambio.

5. Las intromisiones en la vida privada

Tener un trato informal y amigable con los empleados no es algo malo de por sí, pero a nadie le gusta estar obligado a ser amigo de su jefe o jefa. Insistir mucho en llevar la naturaleza de la relación más allá del ámbito de trabajo puede ser visto como una intromisión y, si es muy intensa e insistente, como un modo de manipular a los empleados.

6. Las mentiras

Las mentiras no son solo una muestra de falta de respeto hacia el interlocutor. Todo lo que ocurre en una organización se da a partir de la existencia de pactos. Si un superior incumple claramente su palabra, aunque sea en un tema aparentemente insignificante, acerca de lo que se hace en la empresa o lo que se va a hacer en el futuro, esto puede ser interpretado como un signo de amenaza.

Los trabajadores y trabajadoras interpretarán que sus superiores solo dejan de mentir allí donde la ley les obliga a ello y, por lo tanto, pueden ser estafados mientras se les roba su fuerza de trabajo.

7. La imposibilidad de aprender

Es cierto que no todos los perfiles de empleados buscan aprender en una organización, pero privarles esta posibilidad a aquellos que sí quieren desarrollar su formación acostumbra a ser fatal. Muy pocas de estas personas están dispuestas a permanecer en una empresa a cambio de un sueldo y de unas líneas en su currículum: necesitan sentir que avanzan por una curva de aprendizaje.

8. La falta de comunicación bottom-up

Las empresas en las que los trabajadores no pueden entrar en contacto con los puestos más altos del organigrama, o que solo pueden hacerlo cuando estos segundos deciden, saben que existen muy pocas posibilidades de que sus demandas y necesidades sean cubiertas por la organización, ya que en primer lugar ni siquiera se los escucha. Por lo tanto, serán pesimistas acerca de su porvenir en la organización, y buscarán otros empleos.