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Puede que a la mayoría de nosotros nos parezca complicado entender el funcionamiento de las máquinas. Sin embargo, al lado de nuestro cerebro un sistema de inteligencia artificial parece un puzzle de seis piezas. Quizás por eso creemos que para entender nuestra manera de pensar, percibir y sentir resulta útil crear una analogía entre nuestro sistema nervioso y una máquina inteligente: quizás, pensamos, esta segunda podría utilizarse como maqueta simplificada de lo que ocurre en nuestras cabezas. Creemos, incluso, que con la sofisticación de las nuevas tecnologías seremos capaces de crear formas de inteligencia artificial que funcionen de manera similar a nosotros, simplemente mejorando cuantitativamente la capacidad de nuestros sistemas informáticos.

Inteligencia artificial vs inteligencia humana: ¿por qué nuestro cerebro no es un ordenador?

Ese día parece que aún no está cerca. Son muchas las diferencias que nos separan de los cerebros electrónicos, y no se trata de cuestiones superficiales, sino de estructura. Este es un listado con las principales diferencias entre los sistemas de inteligencia artificial propias de ordenadores y el funcionamiento de nuestro cerebro.

1. Su arquitectura es distinta

Una máquina dotada de inteligencia artificial tiene una serie de puertos de entrada y salida de datos que podemos identificar fácilmente. Esto no se da en nuestro cerebro: cada subestructura de su globalidad puede ser a la vez receptora de datos y emisora de información. Tampoco se sabe en qué dirección viaja la información, ya que las ramificaciones interminables y los bucles son una constante en el mundo de las neuronas.

2. Su funcionamiento es distinto

En cualquier estructura de inteligencia artificial se puede diferenciar el canal por el que viajan los datos (hardware) y la información propiamente dicha. En un cerebro, en cambio, la distinción entre información y el medio material por el que viaja no existe. Los datos que se transmiten son en sí mismos cambios materiales que determinan la fuerza de atracción que existen entre las neuronas. Si la neurona A está más conectada con la neurona B que con la C, la información es una, mientras que si A pasa a estar más conectada con C, la información es otra.

3. Los datos con los que trabaja el cerebro no se pueden almacenar

Una consecuencia de que no distingamos entre canal e información es que tampoco existen grandes depósitos de datos en nuestra cabeza. Es por eso que nunca recordamos algo de la misma forma, siempre hay pequeñas variaciones. De hecho, se ha comprobado que incluso en las personas con una memoria autobiográfica muy desarrollada pueden tener falsos recuerdos.

4. La importancia del contexto

Nuestros cerebros orgánicos se adaptan como un guante a cada situación, a pesar de que cada una de las situaciones que vivimos sean únicas. Es más: ante contextos impredecibles, diferentes personas son capaces de reaccionar de la misma manera. Esto es algo que no encontramos en los sistemas de inteligencia artificial, en los que diferentes estímulos llevan al mismo resultado sólo si esos estímulos están previamente determinados: si A, entonces C; si B, entonces C. Los seres humanos, con todos nuestros defectos, estamos hechos para vivir en un contexto caótico. Nuestro cerebro es capaz de interpretar todos los estímulos, aunque se presenten de manera inesperada y sean totalmente nuevos.

5. La Inteligencia Artificial necesita regularidad

Los sistemas de inteligencia artificial necesitan estar montados de una manera muy concreta para poder ejecutar órdenes y hacer que la información pase de un lugar a otro de la manera correcta. Los cerebros, en cambio, son únicos en cada uno de nosotros. Al lado del entramado de aproximadamente 100.000.000.000 de neuronas que sostienen nuestro pensamiento, las huellas digitales que sirven para identificarnos en algunos contextos parecen ser todas iguales. Además, nuestro cerebro está cambiando constantemente, incluso mientras dormimos. La gran virtud de nuestro cerebro es que puede funcionar bien en todo momento a pesar de estar sujeto a constantes alteraciones imprevisibles: de ahí que haya sido definido como el sistema más complejo que existe.

6. Su origen es distinto

Cualquier sistema de inteligencia artificial ha sido construido por uno o más agentes intencionales: científicos, programadores, etc. Nuestros cerebros, sin embargo, han sido tallados por la evolución. Eso significa que, mientras que la inteligencia artificial se erige sobre maneras determinadas de codificar la información siguiendo unos patrones y unas operaciones lógicas, nuestro cerebro tiene que apañárselas con un conjunto de células nerviosas que hacen cosas propias de las células nerviosas (valga la redundancia). Si una máquina funciona a partir de instrucciones, el funcionamiento de nuestro cerebro se fundamente en el juego de interacciones que se dan entre neuronas.

7. Somos seres más emocionales que racionales

Puede que esta sea una afirmación precipitada (a fin de cuentas, ¿cómo se mide lo racional y lo irracional?) pero, sin embargo, sí se puede decir que el pensamiento lógico y sistemático está reducido sólo a ciertas situaciones y momentos de nuestro día a día. Mientras que las máquinas dotadas de inteligencia artificial sólo pueden trabajar a partir de argumentos y premisas, en nuestro caso lo normal es saltarse a la torera este paso. 

Date cuenta, por ejemplo, de todo lo que estás haciendo ahora. ¿Responde la postura en la que te has sentado a criterios racionales, como la necesidad de mantener la espalda en una posición que no la dañe? ¿O en algún momento has decidido que por encima de tu salud lo que prima es evitar el esfuerzo de mantener la espalda erguida? Es más: ¿has llegado a plantearte alguna vez este tema? Lo cierto es que, aunque el pensamiento racional y la lógica hayan aparecido recientemente en nuestra historia evolutiva, nuestro cerebro sigue siendo más o menos el mismo desde hace 200.000 años.