Sobre el asunto de los hemisferios cerebrales es común oír algunas frases como estas: “Si eres una persona con gran creatividad, utilizas mucho más el hemisferio derecho” o bien “Si eres una persona analítica usas más el hemisferio izquierdo”...

Hemisferios cerebrales: ¿cómo funcionan?

Además, han surgido en las redes sociales multitud de cursos, tests, e-books y libros que nos explican “las grandes diferencias entre usar uno u otro hemisferio del cerebro”, e incluso consejos y ejercicios para conseguir un equilibrio perfecto (sic) entre ambos hemisferios.

Sin embargo, cabe plantearse: ¿Es cierto que tendemos a usar más un hemisferio que otro? ¿Es precisa esta concepción de que cada hemisferio desempeña unas funciones diferenciadas?

Neurociencias de bolsillo: simplificando demasiado

Parece que ya es conocimiento general para muchas personas que el hemisferio derecho está vinculado al proceso y expresión de las emociones, tanto internas como externas (se vincula este hemisferio a la empatía) mientras que, por otra parte, el hemisferio izquierdo se encarga de procesar el lenguaje, la lógica racional y la capacidad analítica.

No obstante, este conocimiento, aunque por algún motivo ha enraizado en la cultura colectiva y todo el mundo parece darlo por sentado, no es del todo cierto. Se trata de un mito muy extendido y que guarda poca o ninguna relación con la realidad y con los datos científicos disponibles. Sin ir más lejos, el hemisferio derecho también realiza funciones asociadas al procesamiento de algunos aspectos del lenguaje, como la entonación y la intensidad.

Ciencia e investigaciones para arrojar un poco de luz

Los datos e informaciones extraídas sobre el asunto de las diferencias funcionales de los hemisferios del cerebro proceden de estudios neurológicos de principios de la década de los ‘70 realizados a pacientes a los que se les practicó un corte en el cuerpo calloso (las fibras que conectan ambos hemisferios) como intervención de choque para tratar la epilepsia.

Algunos de los académicos e investigadores que más aportaron al estudio del cerebro en pacientes sin cuerpo calloso fueron los psicólogos Roger W. Sperry y Michael Gazzaniga, quienes descubrieron que las dos mitades del cerebro desarrollaban sus procesos de forma independiente y con dinámicas también diferenciadas.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que en las personas sanas cuyos hemisferios cerebrales están correctamente conectados mediante el cuerpo calloso, los procesos perceptivos y ejecutivos se desarrollan en el cerebro en su conjunto, de forma que las distintas regiones cerebrales y hemisferios comparten información a través del cuerpo calloso. Actualmente, los neurocientíficos (neurólogos, biólogos y psicólogos) tratan de comprender de qué forma se realiza esta compleja coordinación entre hemisferios.

Creatividad, hemisferio derecho. ¿Seguro?

Hay que tener en consideración también que el tipo de tareas de la vida diaria que precisan de “un hemisferio en concreto” según la creencia popular, no se ajusta del todo a la categorización hemisferio izquierdo / hemisferio derecho.

Una de las habilidades con que es más fácil desmentir el mito es con la creatividad. Aunque resulta más fácil asumir que las tareas creativas se desarrollan en el hemisferio derecho y las tareas repetitivas y analíticas en el derecho, la realidad es que dichas tareas son más complejas e involucran el cerebro de una forma más global de lo que se podría esperar si nos creemos el mito. Además: “ser creativo” puede adoptar muchas formas, es un concepto demasiado abierto como para enclaustrarlo en una tarea fácilmente reconocible como proceso dentro del cerebro humano.

De hecho, existe un estudio que compara el cerebro de los estudiantes "de letras" (filología, historia, arte) con los estudiantes "de ciencias" (ingeniería, física, química)... y los resultados son sorprendentes. Te lo explicamos aquí:

Las diferencias cerebrales entre estudiantes "de letras" y estudiantes "de ciencias"

Estudios sobre el tema

Varias investigaciones apuntan que el hemisferio derecho tiene un mayor protagonismo en los momentos en que tenemos una gran intuición. De hecho, un estudio publicado en PLOS descubrió que la actividad del hemisferio derecho era mayor cuando los sujetos evaluados trataban de resolver una tarea de forma intuitiva, con poco tiempo de reflexión.

Otra investigación reveló que una exposición breve a una pista que daba algunas claves para resolver un rompecabezas era más útil para el hemisferio derecho que para el hemisferio izquierdo. El hemisferio derecho se activó de forma más clara, llevando a algunos de los participantes a la solución de la tarea.

De todos modos, hay que aclarar que el insight (el proceso de internalización o comprensión interno) es solo un aspecto de la creatividad. Por ejemplo, la habilidad para explicar historias sería otra vertiente creativa. Aquí encontramos ya un cisma importante: los estudios que evalúan la influencia de cada hemisferio en ciertas tareas han revelado que es el hemisferio izquierdo el mayor implicado en el proceso de inventar historias o cuentos, mientras que el hemisferio derecho se encarga de buscar una explicación al relato. Este curioso reparto de funciones fue denominado “fenómeno intérprete” por Gazzaniga.

Mitos simples que calan rápido en la mente de las personas

En una exposición general sobre los hemisferios cerebrales y sus (no tan) diferenciadas funciones Gazzaniga describió, en un artículo publicado en Scientific American, el hemisferio izquierdo como “inventor e intérprete” y al hemisferio derecho como “la veracidad y la literalidad”. Adjetivos que contrastan con la concepción popular sobre cada hemisferio.

Concluyendo: entre simplificaciones, exageraciones y rincones de realidad

La evidencia científica no se corresponde con el mito que nos dice que el hemisferio izquierdo está vinculado a los procesos lógicos y el derecho al ámbito creativo. Si esto es así, ¿por qué la gente e incluso profesionales de la psicología o las neurociencias siguen repitiendo este mantra?

Una de las posibilidades para entender como un mito se expande y se consolida en la cultura colectiva es su seductora simplicidad. La gente busca respuestas fáciles a preguntas que, ya de entrada, son bastante naíf: “¿Qué tipo de cerebro tengo?”.

Con una rápida búsqueda en Google o en las distintas redes sociales, una persona sin conocimientos científicos y con esta inquietud personal puede hallar aplicaciones, libros o talleres para “mejorar su hemisferio débil”. Cuando existe demanda, la oferta no tarda en aparecer, aunque el sustento científico en que se fundamenta el asunto sea más bien discutible. Como en este caso, en que la simplificación hace que esta información roce la falsedad.

Así pues, es complicado combatir contra un sistema de creencias erróneo, puesto que la complejidad que entraña el funcionamiento de nuestro cerebro no puede resumirse en un breve esquema básico. Con todo, los profesionales de la psicología y la salud mental y los estudiosos en neurociencias debemos ser los encargados de informar rigurosamente e ir desmintiendo estos mitos y simplificaciones.