El cerebelo es mucho más que una especie de hermano menor de la neocorteza, arrinconada medio oculta entre el lóbulo occipital y el tronco del encéfalo. De hecho, esta curiosa estructura semejante a un ovillo de lana aplanado es una de las partes del cerebro más importantes.

Es más, se considera que en la mayoría de los casos el buen funcionamiento del cerebelo es indispensable para que podamos sobrevivir y los casos en los que esta norma no se cumple se convierten en noticia.

Aunque es una estructura aparentemente bastante discreta por estar oculta en parte por la corteza cerebral, el cerebelo es una de las zonas del encéfalo con mayor densidad de neuronas. De hecho, aproximadamente la mitad de las neuronas del cerebro están ubicadas en esta estructura. Pero... ¿por qué es tan importante que el cerebelo esté en buenas condiciones? ¿De qué procesos se encarga?

Las funciones del cerebelo

Hace ya años que se viene relacionando el funcionamiento del cerebelo y la coordinación de la activación de los músculos. Así, se consideraba que la tarea del cerebelo era, básicamente, hacer posible que mantengamos el equilibrio, que podamos coordinar movimientos simples y complejos y, en general, que los músculos de nuestro cuerpo respondan de manera fiel y eficaz a las órdenes que emite el cerebro.

Por ejemplo, se consideraba que uno de los principales síntomas de alteraciones en el cerebelo es la pérdida del equilibrio después de beber demasiado alcohol. Sin embargo, en los últimos años se ha ido descubriendo que la idea de que el papel del cerebelo tiene que ver con la coordinación motora resulta demasiado simplista. Así, el cerebelo no interviene únicamente en los procesos motores, sino que además juega un rol importante en otras muchas funciones.

El cerebelo en la regulación de las emociones

Una de las vías de conexión del cerebelo unen esta estructura con amplias zonas del sistema límbico, que es el que está relacionado con la aparición y mantenimiento a lo largo del tiempo de los estados emocionales que tiñen nuestras experiencias. Al estar en comunicación con estructuras como la amígdala, el cerebelo tiene la capacidad de intervenir en la regulación de los estados emocionales que van apareciendo.

Así, por ejemplo, parte de las funciones del cerebelo tienen que ver con crear asociaciones entre sensaciones y sentimientos, lo cual sirve como apoyo para futuros aprendizajes al relacionar ciertas experiencias con sentimientos concretos.

El cerebelo y los procesos cognitivos

El hecho de que el cerebelo tenga tal densidad de neuronas y que esté conectado con amplias zonas de la corteza cerebral hace que la idea de que tenga algo que ver en procesos cognitivos como la memoria o la gestión de la atención no suene descabellada. Actualmente hay algunas investigaciones que apuntan en esa dirección.

Por ejemplo, se ha visto que el tamaño del cerebelo podría estar relacionado con el nivel de inteligencia que se tiene. Además, a partir de estudios en los que se observan los efectos que una lesión en el cerebelo tiene sobre las capacidades mentales de los pacientes, se ha podido relacionar la disfunción en esta estructura con los déficits de atención y el uso del lenguaje.

Lo complicado de investigar esto es que a partir de estos estudios basados en los casos de lesión cerebelar no se puede saber si la disminución de las capacidades cognitivas se debe a que las neuronas involucradas en ellas han muerto (al estar ubicadas en la zona de la lesión) o si estos efectos se deben a un desequilibrio en el funcionamiento del encéfalo ocasionado por la herida. Así pues, hace falta investigar mucho más para saber si el rol que tiene el cerebelo en las funciones cognitivas es tan importante como parecen sugerir esos estudios.

El cerebelo y la coordinación motora

Las antiguas ideas sobre el papel del cerebelo como centro de coordinación de la activación muscular no han sido refutadas. Hoy se sigue considerando que esta estructura tiene un papel protagonista en la coordinación de movimientos, mantenimiento del equilibrio y monitorización de las señales neuronales encaminadas a activar músculos.

Como el cerebelo está conectado a muchas zonas del cerebro, cruza la información motora elaborada en las regiones superiores del cerebro con la información motora más "concreta" y operacional dirigida a activar fibras musculares, y comprueba que no haya incoherencias entre ambas. Además, hay un debate generado alrededor de la posibilidad de que una de las funciones del cerebelo sea el aprendizaje motor, es decir, la capacidad de ir puliendo un patrón de movimientos para que se vaya perfeccionando cada vez más.

Estructura del cerebelo

Puede que el cerebelo sea relativamente pequeño, pero su composición es muy compleja. Aunque se puede hablar largo y tendido acerca de las diferentes partes y subdivisiones de las partes del cerebelo, en esta ocasión nos centraremos solo en la categorización más amplia de las estructuras del cerebelo, es decir, las partes que pueden ser vistas a simple vista con facilidad (siempre que se tenga un encéfalo delante, claro).

Los hemisferios del cerebelo

El cerebelo se parece al resto del encéfalo en que también está cubierto por una capa de células que crean una superficie rugosa y llena de pliegues. Aunque, eso sí, en el caso del cerebelo estos pliegues son aún más apretados y finos, tal y como se puede ver a simple vista. Es por eso que a una de las estructuras o subregiones del cerebelo se la conoce como córtex cerebeloso.

La corteza del cerebelo se divide en dos hemisferios cerebelosos, del mismo modo en el que el córtex cerebral se divide en un hemisferio derecho y otro izquierdo. En el medio de estos hemisferios se encuentra una región llamada vermis, que es una franja vertical que une ambas partes y las conecta entre sí.

Los lóbulos del cerebelo

Más allá de esta clasificación de partes de la corteza cerebelosa, hay varios lóbulos del cerebelo, del mismo modo en el que cada hemisferio de la corteza cerebral se divide en lóbulos del cerebro. Estos lóbulos son el lóbulo anterior, el lóbulo posterior, y el lóbulo floculonodular, ordenados desde la parte superior a la inferior.