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Las neuronas son las células nerviosas gracias a las cuales somos capaces de pensar, sentir, tomar decisiones y, más aún, de tener consciencia.

Sin embargo, aunque el concepto de "neurona" sea muy conocido incluso más allá de los laboratorios y de las aulas universitarias, lo cierto es que para entender cómo es nuestra vida mental no es suficiente con saber que en nuestra cabeza hay diminutas células que se mandan impulsos nerviosos las unas a las otras. También hay que entender que existen diferentes partes de las neuronas, encargadas de realizar tareas distintas. Los axones son unos de estos componentes.

¿Qué es un axón?

Un axón neuronal es una especie de manga o "brazo" que sale desde el centro de la neurona y va hasta un lugar alejado de este. La forma de esta pequeña estructura nos da pistas sobre cuál es su función. Básicamente, el papel de los axones es el de hacer que las señales eléctricas que viajan a través de las neuronas vayan a parar a otro lugar del organismo.

El axón es, por tanto, una especie de conducto por el que pasan impulsos nerviosos a toda velocidad; actúa como canal de comunicación entre la parte central de la neurona (que se llama soma neuronal o cuerpo de la neurona y es donde está el núcleo con el ADN) y otra parte del sistema nervioso al que ha de llegar este estímulo eléctrico.

Al final de los axones o bien hay una parte de fibra nerviosa que se contrae al hacerle llegar la señal eléctrica, o bien hay un espacio sináptico entre neuronas, que es el punto en el que estas células nerviosas se comunican entre sí, normalmente a través de señales químicas. Es decir, que en la punta de los axones el impulso eléctrico acostumbra a transformarse en un patrón de liberación de partículas químicas que llegan a la otra neurona a través del espacio sináptico.

El tamaño de los axones

Si el cuerpo humano se caracteriza por algo, es por su complejidad y por la gran variedad de piezas que trabajan conjuntamente para que funcione bien. En el caso de los axones neuronales, eso significa que el tamaño de estos depende del tipo de neurona al que pertenezca y de su localización y función. A fin de cuentas, lo que ocurra en nuestro sistema nervioso repercute de un modo determinante en nuestras posibilidades de sobrevivir, y por eso la evolución se ha encargando de que en nuestra especie existan muchas células nerviosas especializadas y de diferente forma y configuración.

La longitud de los axones de las neuronas puede variar mucho dependiendo de cuál sea su función. Por ejemplo, es frecuente que en las regiones de materia gris del encéfalo haya neuronas con axones más cortos que un milímetro, mientras que fuera del sistema nervioso central hay varios axones que miden más de un palmo, a pesar de ser muy finos. En definitiva, en muchos casos, los axones son tan cortos que la distancia entre su punta y el cuerpo de la neurona es microscópica, y en otros casos pueden llegar a tener varios centímetros de longitud para poder llegar a zonas lejanas sin intermediarios.

En cuanto al grosor de los axones en los seres humanos, suelen ser de entre uno y 20 micrómetros (milésimas de milímetro) de diámetro. Sin embargo, esto no es una regla universal que se de en todos los animales con células nerviosas. Por ejemplo, en algunas especies de invertebrados, como el calamar, los axones pueden llegar a tener un milímetro de grosor, con lo cual se puede ver a simple vista con facilidad. Esto es así porque cuanto más grueso es el axón más rápidamente viaja por este el impulso eléctrico, y en el caso de los calamares esta es una capacidad importante para hacer que el sifón por el que expulsan agua funcione bien, ya que deben contraer una gran parte de tejido muscular a la vez para poder escapar rápidamente por propulsión a chorro.

La formación de los nervios

Tal y como hemos visto, los axones no se encuentran solamente en el cerebro. Al igual que lo que ocurre con los somas neuronales, están repartidos por todo el cuerpo: por los órganos internos, los brazos y las piernas, etc.

De hecho, un nervio es, principalmente, un conjunto de axones que es tan grueso que podemos verlo directamente sin necesidad de un microscopio. Cuando encontramos un nervio en una porción de carne, lo que estamos viendo es nada más y nada menos que muchos axones agrupados en un fajo, combinados con otras células nerviosas auxiliares.

Las vainas de mielina

Muchas veces los axones no están solos, sino que van acompañados por unos elementos conocidos como vainas de mielina, los cuales se adhieren a su superficie hasta el punto de parecer un componente inseparable de la neurona.

La mielina es una sustancia grasa que en los axones actúa de manera parecida a como lo haría un aislante de goma a lo largo de un cable eléctrico, aunque no exactamente. En resumidas cuentas, las vainas de mielina, que se reparten a lo largo del axón creando una forma parecida a una ristra de salchichas, separan el interior de los axones del exterior de estos, por lo cual la señal eléctrica no se va perdiendo a través de las paredes y viaja de un modo mucho más rápido. La protección que ofrecen va dirigida tanto a la neurona en sí misma como a la señal eléctrica que se transmite a través de ella.

De hecho, gracias a las vainas de mielina la electricidad no va avanzando de manera continua a lo largo del axón, sino que va saltando entre los puntos de este en los que hay una separación entre las vainas de mielina, unas zonas llamadas nódulos de Ranvier. Para entenderlo mejor, a efectos de la agilidad con la que viaja la electricidad esto supone la misma diferencia que hay entre ir subiendo una rampa e ir subiendo escaleras apareciendo cada vez dos escalones más arriba. Ocurre algo parecido a lo que cabría esperar si el impulso eléctrico fuese teletransportándose para recorrer pequeños tramos de axón, de un nódulo de Ranvier al siguiente.