Pixabay

En la tradición budista, Mindfulness y compasión se consideran las dos alas del pájaro de la sabiduría, y se piensa que ambas son imprescindibles para poder volar, por lo que se practican de forma conjunta y se refuerzan mutuamente. 

Para practicar la compasión es necesario mindfulness, porque tenemos que poder tomar conciencia del sufrimiento propio y del de los otros, sin juicio, apego o rechazo, para sentir compasión hacia la persona que sufre.

Pero, por encima de todo, para realizar las prácticas de compasión hacen falta unos niveles mínimos de atención que se obtienen con la práctica de mindfulness (García Campayo y Demarzo, 2015). Algunas de las primeras prácticas de compasión, como por ejemplo el mindfulness en la respiración compasivo y body scan compasivo, pretenden ir desarrollando mindfulness y disminuir el vagabundeo de la mente, mientras se asocia con una actitud compasiva de base.

El vínculo entre mindfulness y la compasión

Se sabe que la práctica de mindfulness representada por los dos principales protocolos de intervención desarrollados, el programa Mindfulness-Based Stress Reduction (MBSR) (Birnie y cols, 2010) y el programa Mindfulness-Based Cognitive Therapy (MBCT) (Kuyken y cols 2010), aumentan la compasión. En estos programas no se enseña específicamente compasión, pero se envían mensajes implícitos sobre la importancia de ser compasivo y amable con uno mismo y sus procesos mentales cuando se habla de la actitud compasiva, elemento que es nuclear en la práctica de mindfulness.

Sin embargo, cuando se asocian las dos intervenciones, la terapia de compasión le aporta al mindfulness la conjugación con los procesos mentales que están detrás del compromiso social de intentar que el mundo sea mejor, y del compromiso individual de establecer vínculos de apego y afecto cuando estamos sufriendo. La compasión es un concepto más amplio que el de mindfulness y, de hecho, los estudios apuntan a la posibilidad de que sea un tratamiento más efectivo que el mindfulness en algunas patologías específicas, como por ejemplo la depresión (y en trastornos relacionados con la autoimagen, la culpa y la autocrítica), además de en las intervenciones centradas en aumentar el bienestar psicológico en sujetos sanos.

Las diferencias entre ambas prácticas

Centrándonos en la psicobiología que da pie al mindfulness y la compasión, existen grandes diferencias entre ambas prácticas. 

Mientras que los procesos mentales más vinculados al mindfulness generan una forma de metacognición y regulación de la atención relacionada con la actividad de las regiones medias prefrontales y es por tanto un logro evolutivo reciente (Siegel 2007), la compasión es mucho más ancestral, y va ligada al sistema de cuidado de los mamíferos. Involucra a sustancias como la oxitocina y otras hormonas relacionadas con el sentimiento de apego seguro, y también a sistemas y redes neuronales vinculados al amor y la afiliación (Klimecki y cols 2013). La siguiente tabla resume lo que aporta cada una de las dos terapias.

Tabla: Aportaciones específicas de las terapias de mindfulness y compasión


MINDFULNESSCOMPASIÓN
Pregunta a la que responde¿Cuál es la experiencia aquí y ahora?¿Qué necesitas ahora para sentirte bien y disminuir el sufrimiento?
ObjetivoTomar conciencia de la experiencia real y aceptar su naturalezaReconfortar al sujeto ante el sufrimiento, entendiendo que el dolor primario es consustancial al ser humano
Riesgo de cada terapia si no se equilibra con la otraAceptar el malestar del sujeto, olvidándose de sus necesidades, centrándose exclusivamente en la experiencia.Eventual ausencia de motivación y actitud ética y compasiva hacia uno mismo y hacia el mundoNo aceptar la experiencia del sufrimiento primario (que es inevitable y consustancial a la naturaleza humana). No centrarse en el aquí y ahora, en la naturaleza real de las cosas, y centrarse exclusivamente en buscar sentirse mejor en el futuro

A modo de conclusión

La experiencia de la autocompasión puede parecer paradójica: por un lado se experimenta el sufrimiento presente con aceptación, pero a la vez se pretende disminuir el sufrimiento futuro.

Ambos objetivos no son incompatibles, sino complementarios: el primero (la aceptación mindfulness de la experiencia del sufrimiento) es el reconocimiento de la naturaleza humana, y el segundo es el camino a seguir (compasión) ante la realidad del primero.

Referencias bibliográficas:

  • Birnie K, Speca M, Carlson LE. Exploring self-compassion and empathy in the context of Mindfulness-based Stress Reduction (MBSR). Stress and Health 2010; 26, 359-371.
  • Kuyken W, Watkins E, Holden E, White K, Taylor RS, Byford S, et al. How does mindfulness-based cognitive therapy work? Behavior Research and Therapy 2010; 48, 1105-1112.
  • Siegel D. The mindful brain. New York: Norton, 2007.