Cognición e inteligencia

​Las personas con las pupilas grandes tienden a ser más inteligentes

Este rasgo de los ojos correspondería, según una investigación, a un mayor nivel de CI.

​Las personas con las pupilas grandes tienden a ser más inteligentes

Imagen: Pexels

Arturo Torres Arturo Torres Psicólogo

Se suele decir que los ojos son el espejo del alma, y hay algo de verdad en eso. Desde hace tiempo se sabe que las pupilas no se limitan a dilatarse y contraerse reaccionando a la luz, sino que también lo hacen como reacción a los procesos mentales que ocurren en nuestro cerebro

Por ejemplo, cuando vemos algo o alguien que nos atraen se dilatan más para no perder detalle de lo que tenemos delante. Del mismo modo, en tareas de memorización sencillas, se ha visto que la pupila se expande a medida que se van manteniendo elementos en la memoria y se contraen cada vez que se recuerda algo memorizado anteriormente.

Así pues, nuestra mirada expresa más de nuestro mundo interno de lo que cabría esperar. Sin embargo, una reciente investigación lleva esta idea más allá, al aportar nuevas pruebas acerca de la relación entre el comportamiento de las pupilas y nuestra faceta psicológica: las personas con pupilas más grandes suelen ser más inteligentes, en términos estadísticos.

El vínculo entre las pupilas y la inteligencia fluida

Los resultados de esta investigación, publicados en la revista Cognitive Psychology por un equipo de psicólogos estadounidenses, muestran que el diámetro de las pupilas está correlacionado con unas puntuaciones de inteligencia más altas. Es decir, que los grupos de personas que tienen unas pupilas más grandes tienen una mayor posibilidad de ser más inteligentes que el resto, aunque esta norma no tiene por qué cumplirse en todos los individuos.

Para realizar esta investigación se utilizó un grupo de 331 personas voluntarias y se midió el tamaño de las pupilas en las que estas adoptaban su tamaño "por defecto" para asegurarse de que los niveles de luminosidad no afectaban a los resultados. Además, los psicólogos tuvieron en cuenta variables como la edad, el sexo o el consumo de ciertas sustancias como por ejemplo la nicotina. Una vez se restaba de la ecuación la influencia de estas variables, la correlación entre el tamaño de las pupilas y la inteligencia aparecía.

Sin embargo, la medida de inteligencia cuya relación con el diámetro de las pupilas fue registrada por este grupo de psicólogos no era cualquier tipo de inteligencia.

Concretamente, se trataba de la inteligencia fluida, uno de los componentes más importantes del cociente intelectual. Básicamente, la inteligencia fluida se refiere a la agilidad mental con la que encontramos soluciones ante problemas imprevistos y novedosos. Por lo tanto, es un tipo de inteligencia que no depende de nuestro nivel cultural ni de los conocimientos adquiridos a lo largo del paso de los años.

¿Cómo se explica esto?

Lo que causa esta relación entre el tamaño de las pupilas y las puntuaciones mayores en inteligencia fluida es, por el momento, un misterio. Por supuesto, podría ser una correlación espuria, ser fruto de una curiosa casualidad o bien reflejar que hay una variable entre estas dos que las provoca a ambas a la vez. Por ejemplo, podría ser que las personas con las pupilas más grandes de lo normal provengan de una línea de ancestros con características neuroanatómicas que las haga más inteligentes.

Otra explicación somera es la que propone Jason S. Tsukahara, uno de los investigadores responsables del estudio. La respuesta podría estar en una red de neuronas sensibles a una sustancia llamada noradrenalina que están localizadas en una parte del cerebro que se conoce como locus coeruleus, situado en el tronco del encéfalo. Señala que otras investigaciones han mostrado una relación entre el nivel de actividad de este grupo de células nerviosas y el tamaño de las pupilas. A la vez, la noradrenalina hace que las neuronas sean más propensas a comunicarse entre sí, con lo cual se crean nuevas rutas neuronales que hacen más fácil encontrar posibles soluciones y considerar más opciones.

Para aclarar esto será necesario repetir investigaciones de este tipo en varios contextos y ver si la correlación está presente en cada una de ellas. De ese modo, a partir de ahí, se podrá empezar a desarrollar una teoría que explique el fenómeno.

Arturo Torres Arturo Torres Psicólogo

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona. Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.

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