Cognición e inteligencia

¿Qué es la memoria declarativa?

Este tipo de memoria nos permite devolver a la conciencia episodios pasados.

¿Qué es la memoria declarativa?
Alex Ortega Andero Alex Ortega Andero Psicólogo

¿Recuerdas qué desayunaste ayer? ¿Cómo te has desplazado a la universidad o al trabajo? ¿A quiénes te has dirigido desde que te despertaste? Si la respuesta es afirmativa, significa que tu memoria declarativa funciona correctamente.

Este tipo de memoria sin la cual no podríamos funcionar, almacena todos los recuerdos explícitos, es decir, todos los recuerdos sobre episodios, hechos y datos de nuestra vida. Desde nuestro octavo cumpleaños hasta el sabor de una naranja.

Qué es la memoria declarativa

La memoria declarativa, también llamada memoria explícita, es la capacidad para traer a conciencia de forma voluntaria episodios o hechos de nuestra vida. Es gracias a ella podemos revivir experiencias que ocurrieron hace tiempo, reconocer caras de personajes famosos y ponerles nombre o incluso qué hemos comido a lo largo de la semana.

La historia de la memoria declarativa es relativamente joven. Su historia se remonta a los estudios del paciente H.M. en 1957, que arrojaron luz sobre dos cuestiones: qué componentes constituyen la memoria, y en qué lugar del cerebro podemos encontrar la memoria declarativa.

Al paciente H.M., que sufría una severa epilepsia de los lóbulos temporales, se le seccionaron estos lóbulos en ambos hemisferios. Se consiguió controlar la epilepsia con éxito, pero ocurrió algo inesperado: había perdido muchos recuerdos de hacía once años atrás y no recordaba nada de los últimos dos años, y era incapaz de crear nuevos recuerdos. Así, su memoria declarativa había quedado afectada.

Sorprendentemente, sí conservó la memoria que almacena habilidades motoras. Ir en bicicleta, usar el lenguaje, etcétera, son habilidades que se almacenan de forma diferente porque no son datos ni episodios, sino “formas de hacer”. A esta memoria se le llama memoria procedimental o implícita. Quedó evidenciada, así, la existencia de dos grandes bloques de memoria con funciones diferentes y anatómicamente independientes.

Bases neurológicas de la memoria declarativa

La primera diferencia entre la memoria declarativa y la procedimental es que se ubican en regiones diferenciadas. De aquí se desprende que, a nivel funcional, utilicen circuitos neuronales distintos y tengan una forma de procesar la información diferente.

En la memoria procedimental la mayor parte de la información se almacena tal como se recibe de los sentidos. Los psicólogos decimos que se trata de un procesamiento de abajo hacia arriba, es decir, de lo físico directamente a lo psíquico. En cambio, en la memoria declarativa los datos físicos son reorganizados antes de ser almacenados. Como la información depende de la elaboración cognitiva, hablamos de un proceso de arriba hacia abajo. La memoria declarativa, en cambio, depende de los procesos controlados conceptualmente o de “arriba hacia abajo”, en los que el sujeto reorganiza los datos para almacenarlos.

De esta forma, la manera en que recordamos la información está muy influenciada por la forma en que la procesamos. Es por esto que los estímulos internos que usamos a la hora de almacenar la información pueden servirnos para volver a recordarlos de forma espontánea. De la misma forma, los estímulos contextuales que se procesan con los datos pueden ser una fuente de recuperación. Algunos métodos mnemotécnicos explotan esta característica de la memoria, como el método loci.

A través del estudio de animales y seres humanos, Petri y Mishkin proponen que la memoria implícita y la explícita siguen circuitos neuronales diferentes. Las estructuras que forman parte de la memoria declarativa se localizan en el lóbulo temporal. Aquellas más importantes son la amígdala, que juega en papel crucial en el proceso emocional de los recuerdos, el hipocampo, que se encarga de almacenar o recuperar recuerdos y la corteza prefrontal, que se ocupa de la memoria que almacena los datos más a corto plazo.

Se incluyen también otras estructuras como los núcleos del tálamo, que conectan el lóbulo temporal con el prefrontal, y el tronco encefálico que envía los estímulos al resto del cerebro para que sean procesados. Los sistemas de neurotransmisores más involucrados en estos procesos son los de acetilcolina, serotonina y noradrenalina.

Dos tipos de memoria declarativa

Endel Tulving, a través de sus estudios acerca de la memoria, distinguió en 1972 dos subtipos de memoria declarativa: la memoria episódica y la memoria semántica. Veamos cada una de ellas a continuación.

La memoria episódica

De acuerdo con Tulving, la memoria episódica o autobiográfica consiste en aquella que permite a una persona recordar sucesos o experiencias personales pasadas. Permite a los seres humanos recordar las experiencias personales pasadas. Requiere tres elementos:

  • Sentido del tiempo subjetivo
  • Conciencia de este tiempo subjetivo
  • Un “sí mismo” que pueda viajar en el tiempo subjetivo

Para comprender el funcionamiento de la memoria, Tulving lo explica mediante la metáfora del viaje del tiempo. Según esta metáfora, la memoria autobiográfica es una especie de máquina del tiempo que permite a la conciencia viajar hacia atrás y volver a visitar de forma voluntaria episodios pasados. Esta es una capacidad que requiere conciencia y, por lo tanto, se teoriza que es única a nuestra especie.

La memoria semántica

Al conocimiento del mundo -todo lo que no es autobiográfico- Tulving lo llamó memoria semántica. Este tipo de memoria declarativa incluye todo el conocimiento que podemos evocar de forma explícita que no tenga que ver con recuerdos propios. Es nuestra enciclopedia personal, que contiene millones de entradas acerca de lo que sabemos sobre el mundo.

Contiene información aprendida en la escuela como el vocabulario, las matemáticas, algunos aspectos de la lectura y la escritura, figuras o fechas históricas, conocimientos sobre el arte y la cultura, etcétera.

Etiquetas: Memoria, Cognición
Alex Ortega Andero Alex Ortega Andero Psicólogo

Graduado en Psicología por la Universidad de Barcelona. Master Universitario en Psicología General Sanitaria por la misma institución. Trabaja como psicólogo en el proyecto de acogida a refugiados de la Cruz Roja.