Tanto en la comunidad científica como en la población general se atribuye un gran número de beneficios a la lactancia materna en comparación con el uso del biberón. Además de la mejora del sistema inmunitario o del ritmo de crecimiento físico, demostradas por la ciencia, en ocasiones se dice también que la lactancia materna aumenta la inteligencia de los bebés.

Las investigaciones disponibles en la actualidad no permiten afirmar de forma rotunda que el consumo de leche materna guarde una relación directa con el cociente intelectual. No obstante, y si bien existen datos contradictorios a este respecto, la probabilidad de que exista una relación causal pequeña pero significativa entre estas dos variables es elevada.

Relación entre lactancia materna e inteligencia

Según un metanálisis de 17 estudios sobre este tema realizado por Horta, Loret de Mola y Victora (2015), parece existir una relación entre la lactancia materna y un mejor rendimiento en las pruebas que miden el cociente intelectual.

La media de las diferencias, afirman los autores de esta investigación, tendría un valor de aproximadamente 3,44 puntos de CI. Se trata de una diferencia relativamente pequeña pero con una elevada significación estadística y que se mantiene en etapas posteriores del desarrollo.

No obstante, estos investigadores resaltan el hecho de que la heterogeneidad entre estudios es elevada, lo cual dificulta la extracción de conclusiones definitivas. Aun así cabe tener en cuenta que procuraron controlar el cociente intelectual de la madre, una variable que podría interferir, pero no así el nivel socioeconómico familiar, potencialmente clave.

Otro hallazgo interesante de este metanálisis es que la lactancia materna no sólo se asocia con un aumento del CI, sino que también podría influir en el rendimiento académico en general y en el nivel de ingresos durante la edad adulta. Estos efectos pueden deberse directamente a la lactancia materna, pero también a variables mediadoras no identificadas.

¿A qué se deben estos efectos?

Horta y sus colaboradores sugieren que el vínculo entre la lactancia materna y el aumento del CI no tiene por qué deberse a la leche materna en sí misma sino que podría venir determinada por otros factores, en particular la mayor interacción entre el pequeño y su madre, que comportaría un incremento de la estimulación que el bebé recibe.

En el caso de que se asuma la hipótesis de que la lactancia materna aumenta la inteligencia de forma directa, esta relación de causalidad podría ser atribuida a dos hechos principalmente: y la potenciación del vínculo entre el bebé y la madre y la riqueza nutritiva de la leche materna.

Este alimento contiene nutrientes muy beneficiosos para los pequeños, como los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga. Su consumo podría potenciar el desarrollo del cerebro y de la sustancia blanca en particular, según Isaacs y colaboradores (2011).

Evidencia en contra de esta hipótesis

Un estudio longitudinal realizado con una muestra de más de 8 mil familias en Irlanda (Girard et al., 2017) encontró una relación estadísticamente significativa entre la lactancia materna y el CI en las primeras etapas de la vida; no obstante, se trata de un incremento pequeño y que prácticamente ha desaparecido al llegar a los 5 años de edad.

Este equipo de investigación encontró que los bebés que eran amamantados de forma sistemática por sus madres durante los primeros 6 meses después del nacimiento mostraban una mejora en las funciones cognitivas, si bien no se mantuvo a medio plazo. Por tanto, en la edad adulta este incremento del CI sería predeciblemente inexistente.

Según estos autores los efectos encontrados en otros estudios se deberían al control insuficiente de variables. Destacan de forma particular los niveles educativo y socioeconómico de los padres, que a su vez se asocian a una mejor salud, incluyendo una probabilidad inferior de consumo de tabaco.

Otros beneficios de la lactancia materna

Distintas investigaciones han encontrado relaciones entre el consumo temprano de leche materna y un mejor funcionamiento del sistema inmunitario. Esto ayudaría a prevenir enfermedades muy variadas, desde infecciones a la diabetes e incluso al síndrome de muerte súbita infantil.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud afirma que el riesgo de muerte en el primer mes de vida es seis veces menor en bebés que son alimentados con leche materna en comparación con los que se nutren exclusivamente mediante el biberón.

En cualquier caso, es importante tener en cuenta que muchos de los estudios sobre los efectos de la lactancia materna en el organismo podrían estar sesgados de modo similar a los que hemos mencionado al describir la relación de este alimento con la inteligencia.

Por último cabe mencionar la relevancia del vínculo de apego entre la madre y el bebé. Éste puede tener una gran influencia en el desarrollo del pequeño, especialmente desde un punto de vista psicológico. La lactancia materna potencia esta relación íntima, pero por supuesto existen muchos otros elementos que pueden hacerlo.

Referencias bibliográficas:

  • Girard, L. C., Doyle, O. & Tremblay, R. E. (2017). Breastfeeding, cognitive and noncognitive development in early childhood: a population study. Pediatrics, 139(4).
  • Horta, B. L., Loret de Mola, C. & Victora, C. G. (2015). Breastfeeding and intelligence: a systematic review and meta-analysis. Acta Paediatrica, 104: 14–19.
  • Isaacs, E. B., Fischl, B. R., Quinn, B. T., Chong, W. K., Gadian, D. G. & Lucas, A. (2010). Impact of breast milk on intelligence quotient, brain size, and white matter development. Pediatric Research, 67(4): 357-62.
  • Lucas, A., Morley, R., Cole, T. J., Lister, G. & Leeson-Payne, C. (1992). Breast milk and subsequent intelligence quotient in children born preterm. The Lancet, 339(8788): 261-264.
  • Victora, C. G., Horta, B. L., Loret de Mola, C., Quevedo, L., Tavares Pinheiro, R., Gigante, D. P., Gonçalves, H. & Barros, F. C. (2015). Association between breastfeeding and intelligence, educational attainment, and income at 30 years of age: a prospective birth cohort study from Brazil. The Lancet: Global Health, 3(4): 199-205.