Psicología forense y criminalística

Delincuencia, personalidad e inteligencia: ¿cómo se relacionan?

¿Qué aspectos de la personalidad y del Cociente Intelectual se vinculan a la propensión al delito?

Delincuencia, personalidad e inteligencia: ¿cómo se relacionan?
Alex Figueroba Alex Figueroba Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

La investigación psicológica ha tratado de determinar las relaciones entre delincuencia y variables psicológicas principalmente mediante métodos correlacionales, que suponen dificultades para establecer causalidad porque los distintos efectos posibles se solapan con frecuencia.

En este artículo analizaremos propuestas teóricas y estudios empíricos en torno a la relación de la delincuencia con la personalidad y la inteligencia. No obstante, como veremos los factores psicosociales y económicos parecen tener un peso relativamente mayor en la aparición de la conducta antisocial.

Relación entre delincuencia y personalidad

Diversos autores han relacionado rasgos de personalidad con la delincuencia. Cabe destacar la teoría de la personalidad delictiva de Eysenck, según la cual la conducta criminal se debe a fallos en la adquisición de la conciencia moral. 

Ésta se desarrollaría por condicionamiento de evitación del castigo y de la ansiedad asociados a la conducta antisocial.

1. Extraversión

Según Hans Eysenck, las personas extravertidas tienen un nivel de activación cortical bajo, lo cual las lleva a buscar estimulación constantemente; esto puede asociarse con determinadas conductas delictivas, como el consumo de sustancias, que a su vez favorece el comportamiento antisocial.

Asimismo las investigaciones de este autor revelan que los extravertidos tienen más dificultades para condicionar estímulos y respuestas. Por tanto, en estos casos los déficits en el condicionamiento de la conducta moral podrían ser explicados en parte desde una perspectiva biologicista.

2. Neuroticismo

Eysenck teorizó que las personas emocionalmente inestables también tienen dificultades para el condicionamiento, ya que reaccionan de forma intensa y duradera a los estímulos estresantes. Así, probablemente detectan en menor medida la diferencia entre sus reacciones fisiológicas normales y las que se deben al condicionamiento aversivo.

3. Psicoticismo

El rasgo que Eysenck etiquetó como “psicoticismo” recoge comportamientos hostiles y agresivos a nivel interpersonal, de modo que no es de extrañar que las personas con puntuaciones elevadas en esta dimensión temperamental cometan con mayor frecuencia conductas delictivas, que además tienden a ser más violentas y repetitivas.

Como la extraversión, el psicoticismo se relaciona con la necesidad de estimulación continua. Zuckerman propuso que son más relevantes la impulsividad y la búsqueda de sensaciones, dos características que Eysenck engloba dentro de este macrorrasgo.

4. Impulsividad y bajo autocontrol

Las personas con déficits de autocontrol tienen problemas para demorar la gratificación, es decir, para resistir la tentación de obtener un refuerzo a cambio de conseguir otro distinto posteriormente. Se ha encontrado que los delincuentes juveniles tienden a ser impulsivos, lo cual puede deberse a déficits en el aprendizaje de la conducta reflexiva (pensar antes de actuar).

5. Búsqueda de sensaciones

Zuckerman llamó la atención sobre este rasgo de personalidad y popularizó su uso en distintos campos. La búsqueda de sensaciones, que se asocia a la extraversión y al psicoticismo, se define como la predisposición activa a experimentar emociones y estímulos nuevos, incluso si suponen la toma de riesgos.

6. Baja empatía

La empatía es la capacidad para comprender e identificarse con las emociones y los contenidos cognitivos de otras personas. La falta de discriminación de los estados mentales ajenos facilita la comisión de delitos que perjudiquen a otros; cuanto menor sea el grado de empatía, menor relevancia emocional tiene para la persona el sufrimiento de la víctima.

¿Cómo influye la inteligencia en la criminalidad?

En el pasado autores como Lombroso y Goring afirmaban que la conducta criminal se debía básicamente a déficits cognitivos. Además, según la teoría de la degeneración, la “debilidad moral” se transmitía y se intensificaba de generación en generación, lo cual explicaba a su vez las clases sociales. Afortunadamente estas hipótesis han sido abandonadas de forma mayoritaria.

Según la American Psychological Association (APA), la correlación entre criminalidad y cociente intelectual es significativa pero baja, aproximadamente de -0,2. Esto indica que, de media, las personas que cometen delitos son ligeramente menos inteligentes que aquellas que no los cometen -o bien que las que los cometen y no son descubiertas.

Concretamente se ha encontrado que existe un número particularmente grande de personas que han cometido delitos en el rango de entre 80 y 90 puntos de CI, que se corresponde con la inteligencia límite, es decir, por debajo de la media pero sin llegar a la discapacidad intelectual.

No obstante, en estos casos las puntuaciones de inteligencia suelen ser más bajas en el CI verbal que en el manipulativo, que tiende a ser normal. De forma más específica, se dan con frecuencia déficits verbales, visoespaciales y visomotores; se ha sugerido que estos resultados en realidad indican déficits cognitivos leves debidos a variables socioeconómicas

Historia personal y factores socioeconómicos

A pesar de la tendencia humana a dar explicaciones unicausales e internalistas a la conducta, lo cierto es que las condiciones sociales y económicas resultan más relevantes en la aparición del comportamiento delictivo. Aun así no hay que despreciar el peso de los factores temperamentales y cognitivos.

La historia personal temprana es clave para explicar la delincuencia. Los hijos de padres que los maltratan, negligen sus responsabilidades, no desarrollan un apego seguro o consumen alcohol y drogas tienen una probabilidad mayor de consolidar patrones de comportamiento antisociales. Lo mismo sucede con las familias conflictivas y con muchos hijos.

Además, como es obvio, las personas jóvenes nacidas en familias negligentes o en entornos desfavorecidos tienen menos oportunidades para ajustarse satisfactoriamente a la sociedad (p. e. encontrar un trabajo digno) y reconducir sus patrones de conducta desadaptativos. En esto influye también el modelado negativo por parte de las personas significativas.

Algunos factores psicosociales particularmente relevantes en la delincuencia son el desempleo y las dificultades de aprendizaje, especialmente las que se relacionan con la lectura. Los niños con retrasos en el desarrollo cognitivo y con problemas académicos tienen una mayor probabilidad de acabar teniendo un CI bajo y de cometer delitos.

Alex Figueroba Alex Figueroba Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, mención en Psicología Clínica.