Este trastorno puede ser mitigado mediante ciertas terapias psicológicas.

Los trastornos de ansiedad son muy frecuentes en la actualidad, y se estima, según datos de varias investigaciones, que el 20% de la población experimentará una crisis de ansiedad a lo largo de su vida.

Uno de los trastornos de ansiedad más conocidos son las fobias, entre las que podemos destacar la fobia social. Pero, ¿qué es la fobia social? ¿Qué podemos hacer para superarla?

Entrevista a una psicóloga experta en fobia social

En este artículo hablamos con Sandra Isella Perotti, una psicóloga que cuenta con más de 20 años de experiencia clínica y psicoterapéutica, que trabaja en el en Centro Psicológico Cepsim de Madrid, una de las clínicas de Psicología más prestigiosas de nuestro país, para que nos ayude a entender cuáles son las características de este trastorno.

cepsim

El miedo es una emoción que ha cumplido un papel fundamental en la supervivencia de los seres humanos. Pero, ¿cuándo se convierte en un problema?

Si, el miedo es fundamental en los animales y en el ser humano para la supervivencia. Sirve principalmente para orientarnos acerca de los peligros que pueden amenazarnos en un momento dado, ya sea que estos se perciban en el mundo externo o bien en el mundo interno. Activan en nuestro organismo las respuestas de huida o de lucha, según sea más conveniente.

Es muy fácil ver esto en los animales, por ejemplo, en un perro, cuando está comiendo con gran apetito y escucha un ruido desconocido para él, se detiene, levanta la cabeza, olfatea, mira, es decir se orienta a ver si el estímulo indica que tiene que salir a ladrar porque hay alguien, o huir a esconderse si se asusta mucho. En esa orientación, el sistema nervioso en estado de alerta, le sirve para tomar esas decisiones. Si al orientarse, descarta que haya un peligro para él, continuará comiendo tranquilamente.

El miedo en el ser humano es una especie de alarma que se enciende para advertirnos que algo puede ponernos en riesgo, a nosotros mismos, a alguien de nuestro entorno cercano o tal vez simplemente puede verse en riesgo, nuestra estima, nuestra imagen o nuestro sentimiento de seguridad.

La reacción de miedo se origina en la parte más antigua de nuestro cerebro, que se caracteriza por la activación rápida, de 0 a 100, al instante. Por ejemplo, si al cruzar una calle, vemos que viene un coche, el susto activa nuestro sistema nervioso, primero haciéndonos dar un salto hacia atrás, luego dándonos la sensación de sobresalto y finalmente puede que pensemos “Podría haberme matado”. Vemos allí, como el miedo activa una respuesta inmediata ante el peligro, aún antes de que seamos conscientes del mismo, es decir que podamos pensarlo.

El miedo se convierte en un problema cuando se activa en nosotros tan a menudo o durante un tiempo tan prolongado, que deja de discriminar realmente los riesgos y peligros, sintiéndonos asustados en forma más o menos constante, por ejemplo ante situaciones nuevas, que no representan en sí mismas un peligro, pero que se viven de forma amenazante.

Y también el miedo se convierte en un problema cuando surge asociado a un estímulo, objeto o circunstancia cada vez que este aparece o se toma contacto con ello, y que sin embargo no conllevan en sí mismo nada amenazante ni representan un peligro real, pero ocasiona que la persona les esquive constantemente para no sentir el malestar que el miedo le produce. Esta situación es lo que llamamos fobia.

Es como vivir en un permanente estado de alerta o alarma, que al estar constantemente encendida, ya no sólo advierte sobre los peligros, sino que deja de discriminar y por tanto de servir para la orientación o para las reacciones rápidas en la supervivencia.

Se convierte así en un problema muy limitante que ocasiona pérdida de libertad, preocupación excesiva, ansiedad, entre otras dificultades que tienen que ver fundamentalmente con la adaptación al entorno, a nosotros mismos y a los demás.

Entonces, ¿qué es una fobia? ¿Cuáles son sus síntomas?

Una fobia es un miedo irracional asociado a ciertos estímulos externos (fobia a volar, a los perros, a los insectos, a las alturas, a la sangre, a las agujas) o bien a ciertos estímulos internos (fobia a la intimidad, al contacto social, a hablar en público).

Sus síntomas son variados y van desde un terror pánico, con taquicardias, sudoración, agitación psicomotriz hasta parálisis, congelamiento, temblores incontrolables.

Psicológicamente, estos síntomas tienen que ver con no sentirse capaz de afrontar algo, con sentirse superado y con no verse uno mismo en condiciones de enfrentarse a algún objeto o situación, con una sensación de riesgo de vida o muerte y sobre todo, con la convicción de no poder atravesar con éxito determinadas circunstancias relacionadas con aquello que ocasiona la fobia, lo que lleva a la persona a evitar todo lo que pueda significar un acercamiento al objeto o situación fóbica.

¿Qué tipos de fobias existen?

Las fobias simples, generalmente se dan hacia un solo objeto. Tienen una fuente, desde donde provienen, generalmente en la infancia, adonde al ser niños nos asustamos ante determinadas cosas o situaciones. Siendo ya adultos y en escenarios similares, algo actúa como disparador y nos hace revivir esas sensaciones aterradoras del pasado, como si aún fuésemos pequeños e indefensos, desarrollando una fobia a algo.

Existen fobias complejas, que son miedos relacionados y entremezclados con las características de personalidad y el carácter. Aparecen generalmente en el transcurso del desarrollo en la infancia, o asociados a diversas experiencias traumáticas en la adolescencia que recrudecen aspectos ya vulnerables en los primeros años de vida. Principalmente, dificultan la relación con los demás, la intimidad, el compromiso y aspectos del autoconcepto, como la valoración propia. La fobia social es un ejemplo de las fobias complejas.

Diferencias las fobias complejas de las simples y hablas de la fobia social. ¿Qué diferencia este tipo de fobia de la timidez?

La timidez es una característica de las personas introvertidas, que son más bien reservadas, con mucha vida interior y que a veces les cuesta mostrarse más socialmente, aparecer, tener protagonismo y desenvolverse socialmente con habilidades relativas a la buena conversación, ser entretenido o divertido, ser el alma de la fiesta. Suelen ser personas muy reflexivas con un mundo emocional intenso que se trasluce poco hacia afuera.

La fobia social, en cambio, hace que la persona no pueda acudir a reuniones, eventos, a veces al colegio o trabajo, en los casos más graves que permanezca recluida en casa o que necesite alcoholizarse o drogarse para establecer una interacción satisfactoria con los demás, ya que el contacto social se vive como algo muy amenazante y muy atemorizante. El miedo y la vergüenza son los afectos que prevalecen.

¿Cómo afecta la fobia social a la vida de las personas que la padecen?

Es muy limitante. Puede llegar al extremo de que la persona tenga que vivir recluida en su casa, rehuyendo del contacto con otras personas ajenas a su familia. O también, se observa cuando la persona encuentra dificultades para acudir a actividades sociales usuales (estudio, trabajo, espectáculos) o excepcionales (bodas, bautizos, graduaciones).

El miedo a ser evaluado o verse expuesto, es el afecto predominante que estas personas experimentan, además de tener muchas dificultades para mostrarse públicamente, ser el centro de atención de los demás o destacar por alguna razón en particular.

Es un sufrimiento muy grande el que padecen, llegando al extremo de no sentirse dignos de ser amados por los demás o tener la sensación de que hay un fallo o un defecto en ellos que no quieren que los demás vean.

¿En qué contexto afecta más la fobia social?

La fobia social afecta más en contextos con escasa valoración de los sentimientos, que son vividos como muestra de debilidad, en ambientes de carencia afectiva, donde no se les ofrece a los niños experiencias de seguridad dentro de la familia, para que luego fuera se conviertan en niños que triunfen. También en ambientes muy sobreprotectores y normativos, donde los niños no desarrollan sentimientos autoafirmativos del propio valor, donde todo se les da resuelto y no tienen que esforzarse y poner en juego sus propios recursos para obtener lo que quieren.

Se desarrolla entonces un miedo a salir al mundo, a conectar con los demás tal cual somos, con nuestros defectos y nuestras virtudes, a lidiar con nuestras limitaciones para superar aquellos obstáculos que se nos presenten. También puede ocurrir que uno de nuestros cuidadores en la infancia, tenga este mismo problema y aprendamos de alguna forma esos miedos u otros similares.

De todos modos, aunque hayamos crecido en un entorno adverso, podemos adquirir de adultos la seguridad que no obtuvimos en la crianza en forma posterior, desarrollar recursos nuevos y fortalecernos para abrirnos paso en el mundo externo. Esto a veces ocurre porque existen más adelante en el desarrollo, nuevos contextos más favorables (pareja, contextos educativos o de deporte, familiares de amigos, pandillas de compañeros de universidad, equipo de trabajo) o porque las personas piden ayuda especializada, médica, psiquiátrica o psicológica para superar esas dificultades.

En Cepsim, ¿qué tratamiento realizáis a las personas que sufren este trastorno?

En Cepsim, primero realizamos un diagnóstico exhaustivo durante las primeras sesiones para valorar cuál es el problema y el contexto en el que se presenta, valoramos también a cada persona en particular y su forma de ser, caso a caso, para poder llevar a cabo el tratamiento más conveniente.

En nuestro equipo, estamos formados en diversos enfoques y conocemos distintos abordajes terapéuticos que nos permiten adaptar las herramientas a cada paciente en particular y no al revés, al igual que combinar distintos enfoques para conseguir la recuperación en el menor tiempo posible.

Usamos terapias de tercera generación, como Técnicas de Integración Cerebral, terapia SensorioMotriz o SomaticExperience, Modelo de la Familia Interna, Hipnosis, que están orientadas a buscar el/los escenario/s fuentes de la fobia en el pasado, para “desactivarlo” por decirlo de algún modo, o procesarlo, para que deje de encenderse en el presente cada vez que un disparador recuerda la emoción de miedo experimentada entonces. Eso en el caso de fobias simples.

En el caso de las fobias complejas los tratamientos son más largos ya que se trabajan aspectos ligados a la forma de ser y a la personalidad, focalizándonos en el modo de establecer los lazos afectivos y de gestionar el mundo emocional.

Una de las técnicas más empleadas para el tratamiento de las fobias es la desensibilización sistemática. ¿En qué consiste exactamente? ¿Por qué es tan útil la exposición al estímulo fóbico?

La desensibilización sistemática consiste en la planificación de la exposición muy gradual y progresiva a aquellos estímulos que producen la fobia.

La persona va desarrollando la posibilidad de acercarse a aquello que le aterroriza con apoyo al principio del terapeuta, que actúa a veces como acompañante contrafóbico y mediante repeticiones sistemáticas, que aumentan la dificultad y el tiempo de exposición, se busca justamente desensibilizar, es decir que ya no sienta miedo y que el objeto de dicha fobia se convierta en algo no atemorizante para la persona.

¿Es posible superar una fobia sin aplicar técnicas de exposición?

Por supuesto. La técnica de exposición ha sido desarrollada por el enfoque Cognitivo Conductual y a determinados pacientes les va muy bien y resuelven así su problema.

Pero estamos muy habituados a recibir personas que habiendo experimentado este tipo de tratamiento puntual sobre una fobia, basado en técnicas de exposición, con el paso del tiempo desarrollan otra similar o la misma recrudece, por lo cual es necesario aplicar aquí otros tipos de tratamientos orientados a mayor profundidad que permitan trabajar el problema en su raíz, de modo que no se vuelva a reproducir.

¿Una persona con fobia social se puede recuperar completamente?

Una persona con fobia social, o cualquier otro tipo de fobia, se puede recuperar. Puede volver a experimentar gran parte de su funcionalidad, puede desarrollar roles y recursos que le permitan salir al mundo sintiéndose a salvo y protegido, en forma segura y sin temor, recuperando una relación normal con aquello que generaba tanto temor.

Muchas veces nuestros pacientes se sorprenden al descubrir que algo que han sufrido durante tanto tiempo pueda remitir dando lugar a nuevas experiencias y ampliando las posibilidades de vivencias, que antes no se encontraban disponibles.