A sus 21 años, Héctor Cuenca coordina, en calidad de socio y director de crecimiento, un proyecto ambicioso: NewGen (también conocido como Odder). Se trata de una plataforma nacida en Barcelona que pretende conectar a profesionales jóvenes que hayan decidido apostar por una idea prometedora.

Además de para intentar descubrir más sobre este interesante proyecto en el que está inmerso, hemos querido reunirnos con este estudiante de Administración y Dirección de Empresas y Derecho para conversar acerca del concepto de emprendeduría y la nueva realidad laboral de los que todavía no hemos superado la treintena.

Psicología y Mente: Sabemos que últimamente estás dedicando tu tiempo a NewGen, que es una plataforma para conectar a emprendedores y facilitarles las cosas para que puedan desarrollar su proyecto. ¿Estoy en lo cierto?

Héctor Cuenca: A eso y a intentar sacarme dos carreras, en ese orden de prioridades (risas).

En NewGen también habéis tenido la idea de ofrecer la posibilidad de que las personas apuntadas tengan el apoyo de mentores expertos en diferentes áreas de trabajo. ¿Cómo surgió la idea?

No es algo nuevo. El mentoring, como se le llama hoy en día, es una institución tan antigua como la humanidad. Lo que es nuevo es la voluntad de crear plataformas que democraticen el acceso al mismo. Es decir, a día de hoy, si quieres recibir mentoring de alguien lo más que puedes hacer es pedir consejo a familiares, amigos, ex-profesores… Y tener la suerte de que alguno de ellos tenga la suficiente fe en el proyecto y en tí, así como suficiente tiempo y recursos para ayudarte a desarrollarlo. ¿Qué significa esto? Que la gente con una extracción social más elevada, o con mayores redes de contactos, es la que de verdad obtiene mentores capaces de marcar la diferencia. Lo que nosotros planteamos -y es algo que está funcionando bastante bien en los EE.UU., facilitando el éxito de los proyectos novedosos, viables y originales y el ascenso social de sus creadores- consiste en crear una plataforma completamente transparente, en la que tú puedas ver a los diferentes mentores que están dispuestos a invertir una tarde mensual en un proyecto, así como sus habilidades y background profesional y académico, y solicitar la atención de los que más te convenzan, y en la que estos mentores puedan, también, ver los perfiles de todo tipo de jóvenes que postulan a su mentoría y seleccionar de entre estos al que le parezca más capacitado, brillante, original… Es, en definitiva, un modo de que primen talento y originalidad por encima de círculo y extracción social.

¿Qué es un emprendedor? ¿Cuál es la diferencia, en tu opinión, entre “emprendeduría” a secas y “emprendedurismo social”?

Emprendedor es, en teoría, aquel que con su creatividad idea un producto (o una variación sobre un producto) novedoso y que aporta valor añadido completamente diferente de los que existen en el mercado y que es capaz de, al menos, hacer los trámites necesarios para poner el proyecto en marcha. No todo empresario es un emprendedor; ni tampoco todo aquel que “tiene una idea”... Hay que desmitificar eso de “tener una idea”; hay un chiste entre emprendedores que, como tantas bromas, esconde una gran verdad “-Tengo una idea magnífica de negocio, solo me falta un inversor dispuesto a financiarla y un ingeniero capaz de realizarla -¿Entonces qué tienes?” Un emprendedor no es un intelectual que realice castillos en el aire, sino un ejecutor. Otra cosa es que esto sea deseable: Se podría argumentar, con toda la razón, que deberían existir organismos, estatales o privados, que posibilitaran que todas las buenas ideas (viables, con verdadero valor añadido y con un impacto positivo en la sociedad) tuvieran financiación y personal para realizarlas, y entonces los emprendedores podríamos ser solamente planificadores, y seguro que sería más eficiente y divertido, pero por desgracia esa no es la realidad.

Yo es que, para pertenecer al sector al que pertenezco, tengo ideas bastante… Dejémoslo ahí. Para mí, no debería haber diferencia alguna entre emprendeduría y emprendeduría social: Ni se puede pretender una economía viable basada simplemente en “proyectos sociales”, que muchas veces carecen de rentabilidad, ni tampoco una sociedad a la que valga la pena pertenecer si los proyectos económicamente rentables son dañinos para esa misma sociedad. Hay un concepto en economía que, solo con que se tuviera en cuenta y se corrigiera, acabaría con gran parte de la crueldad de los fallos de mercado: las externalidades. Una externalidad es un resultado (negativo, generalmente) de la actividad de una empresa concreta que, por no impactar en modo alguno sobre la misma, no es contabilizado. Es el caso, por ejemplo, de los vertidos tóxicos en caso de que no haya regulación en el estado en cuestión. Dado que no se gasta un solo dólar, esa actividad no se registra. Solamente con que los Estados calcularan a través de auditorías imparciales las externalidades de cada empresa, y no permitieran la existencia de proyectos que -aunque sea en términos meramente económicos- causan más daño que bien a la sociedad, acabaríamos con la necesidad de diferenciar entre “Emprendedurismo” rentable pero sin alma y “Emprendedurismo Social” comprometido pero inviable. Además, creo que precisamente esa dicotomía es muy dañina para nuestra cosmovisión: baña todo lo que tiene utilidad pública con una cierta pátina de insolvencia, de utopía, de deficitarismo.

¿Crees que se abusa del discurso emprendedor? Por otra parte, ¿cuál crees que es la relación entre esta nueva manera de entender las relaciones laborales con el fenómeno del “precariado”?

Claro que se abusa. Es un discurso muy útil en una coyuntura como la actual, de galopante crisis económica e institucional, y de creciente desentendimiento de los Estados para con sus ciudadanos, así como de creciente flexibilidad laboral. Y claro,a veces esto lleva a puntos absurdos, en los que parece que tenga que hacerse emprendedor y freelancer hasta el trabajador no cualificado de la construcción o la industria. Hay un punto perverso en eso, sobre todo cuando la legislación española lo pone tan difícil a los freelancers (o autónomos, como se les ha llamado toda la vida). Además, volvemos a aquello de “¿Qué es ser emprendedor?” y vemos que por la misma naturaleza del concepto, solamente es aplicable o a sectores en rápida evolución o a profesiones clásicas pero de tipo “creativo”, desde el Derecho a la Literatura o el Marketing, en las que las características personales del trabajador pueden marcar la diferencia.

De un mal uso (y abuso) del concepto es de donde terminan saliendo los failpreneurs, muchas veces simplemente empresarios/autónomos precarizados para los que la empresa termina siendo, más bien, un trabajo mal pagado e incluso más esclavo que si fuera por cuenta ajena. No le puedes decir a los parados de todos los sectores, al margen de su formación, que “a ver si emprenden”, porque luego tenemos casos como el de Rubí, la ciudad dormitorio en la que viví muchos años, en el que la rotación de dueños de bares, tiendas, etc. es enorme, generando incluso más frustración y pobreza en los que venían buscando en tener un negocio propio una fuente de ingresos y estabilidad.

Además, y como decía antes, ni siquiera una idea buena en un sector creativo te permite siempre salir adelante: No hay suficientes instrumentos de financiación, ayuda al emprendedor, etc. Al final, en lugar del “creador”, tienes que ser, especialmente al principio, el jefazo y el último mono a la vez. Y sí, durante ese tiempo, eres un “precario”. Y tanto.

¿Cuál es tu visión del mercado laboral actual y por qué crees que el “emprendedurismo” es una buena opción para dar salida a tantos jóvenes que no pueden encontrar trabajo? ¿Es el emprendedurismo una especie de ‘panacea’ para acabar con el desempleo?

Pues a medio-largo plazo es muy distinto. Tal como están las cosas, no se puede competir a la baja. La deslocalización, la creciente mecanización, las mejoras tecnológicas, hacen que la demanda de mercado de trabajadores no cualificados vaya, en Europa y gran parte del mundo Occidental, claramente a la baja. Cuando tu trabajo puede hacerlo cualquiera, en un mundo con 7.000.000.000 de personas y subiendo, encontrarán a alguien que lo haga más barato que tú. Es así, por eso no se puede competir por abajo. Especialmente cuando, como decía Toni Mascaró en nuestro evento el pasado 13 de Noviembre, en cuestión de años podemos ser testigos de la automatización de todos los procesos productivos en el mundo desarrollado.

En un mundo así, la única alternativa real que tiene la juventud de Europa es aportar mucho valor añadido. Ser capaz de hacer cosas que, literalmente, nadie más es capaz de hacer, al menos no del mismo modo. Tenemos la infraestructura perfecta: cobertura sanitaria casi universal; educación básica pública y gratuita; las mejores universidades del mundo y la renta per cápita más alta del planeta… Con esa base, o creamos una sociedad de élites o estamos haciendo el idiota. España, como ejemplo paradigmático de lo de hacer el idiota: tenemos una de las juventudes más formadas del mundo, con un porcentaje de estudiantes en el total de la población muy destacable, y estamos viendo como muchos deben abandonar el país o aceptar trabajos por debajo de sus capacidades y cualificación. No puede permitirse, es un verdadero desperdicio de talento y de dinero público.

¿Qué características crees que definen a las personas emprendedoras? ¿Su personalidad o manera de ver la vida se define por alguna característica común?

Supongo que hay cierta mezcla entre ambición (para qué vamos a negarlo) e independencia, una combinación, en mi opinión de persona humanista, con cierto halo de romanticismo, como el Corsario de Byron o el Pirata de Espronceda (risas). A fin de cuentas, te haces emprendedor en ese momento en qué piensas ¿Y estas son las posibilidades laborales que me ofrece la sociedad? Creo que puedo más, así que si no existe el puesto de trabajo que merezco tendré que crearlo yo, y eso tiene un toque, no me lo vas a negar, de rebelión, de quijotismo, de no aceptar el statu quo preestablecido.

También se relaciona el espíritu emprendedor con la juventud y, además, con la capacidad para resultar creativos. A partir de lo que has podido ir viendo en NewGen, ¿crees que hoy en día se valora más que antes la creatividad?

No sé si se valora o no, todavía, pero creo que debería serlo, ya que es un valor al alza. Es la única ventaja competitiva, a nivel laboral, que ofrece la juventud europea y occidental frente a la de otras partes del mundo. Y a otros niveles, si nos lo paramos a pensar: Somos una parte pequeña, tanto geográfica como demográficamente, y no precisamente de las más ricas en recursos naturales. A largo plazo, es eso o nada.

Puesto que Psicología y Mente es una web dedicada a la psicología, quisiera profundizar un poco en este aspecto. ¿Crees que el cambio de paradigma en el ámbito laboral está influyendo en un sentido negativo a nuestra capacidad para desarrollarnos en esta sociedad?

A nosotros tal vez sí, ya que la crisis nos ha pillado por sorpresa. Éramos la generación con más esperanzas de la historia de este país (y seguramente lo mismo se podía decir en el resto de Occidente), y ahora tenemos menos posibilidades que las que nos precedieron… Ha sido un mazazo, claramente. Ha dejado a muchos jóvenes, y no tan jóvenes, sin un lugar en la sociedad, y a los que todavía forman parte de esta les ha dado posiciones muy por debajo de las que esperaban o merecían. Ahora, yo creo que algunos saldremos más fuertes de esto, especialmente los que han crecido durante la crisis. Creo que muchos tenemos una actitud de “Si no existe, si no se hace, pues habrá que inventarlo” y eso puede ser una fuente de cambio social muy importante. Empezamos por lo más básico, el trabajo, sin el que no tenemos fuente de sustento ni papel en la sociedad… Pero imagina que la misma actitud se aplicara a la Política o cualquier otra área. ¿Que no nos gustan los partidos que hay? Creemos uno. ¿Que no nos gusta este sistema cultural? Pues pensemos uno mejor. Podríamos ser una de las generaciones más influyentes de la Historia… Pero para eso hay que entender de dónde sale el fenómeno emprendedor: de la falta de soluciones por parte de Papá Estado y Mamá Corporación (más el tío Gilito de la Banca) y plantearse que si cuando no nos dan trabajo nos lo montamos nosotros, pues a lo mejor hay que hacer lo mismo si no nos dan justicia o democracia.

¿Cuál es el mérito o valor que encontrasteis en Psicología y Mente que os llevó a querer incluirnos como una de las iniciativas destacadas dentro de NewGen?

Precisamente ese, que habéis sido un “Juan Palomo: Yo me lo guiso, yo me lo como”; un ejemplo de emprendeduría bien entendida: partiendo de cero, con una buena idea, mucho trabajo y sin que nadie os haya regalado nada. Joder, moláis bastante. Además, habéis vivido esa “precarización” del que inicia un proyecto, compatibilizándolo con largas jornadas laborales en una profesión distinta a aquella para la que habíais estudiado… Sois un paradigma de emprendedor.