Una persona con problemas de adicción, en las primeras etapas de la misma, no puede verla como tal. Por lo tanto no se da cuenta de la necesidad de pedir orientación, contención y ayuda. Puede sentir frustración, impotencia, confusión, desesperación pero aún así no hay pedido de ayuda o intención de cambio ya que tampoco hay conciencia del problema ni percepción de los riesgos que éste puede acarrear.

Una vez que la persona adicta logra visibilizar y reconocer la existencia de un problema, y acepta que necesita ayuda, es muy importante iniciar y transitar un complejo camino de recuperación para dejar esa conducta perjudicial, entre otras cosas…

A continuación veremos qué lógica de consumo hay detrás de las adicciones, por qué es bueno buscar ayuda para salir de ellas cuanto antes, y por dónde empezar.

Motivos para buscar ayuda contra las adicciones

A continuación puedes ver por qué una retirada adecuada del consumo de una sustancia es necesaria para salir del grave problema de la adicción.

1. Dejar de consumir es el inicio

Al dejar de consumir se empiezan a transitar las diferentes situaciones de la vida cotidiana de una manera nueva, con la reactivación de recursos propios y sin requerir del consumo de sustancias. Es indispensable implicarse verdaderamente en un tratamiento especializado, el cual arranca con el dejar de consumir (etapa de desintoxicación y deshabituación) y continúa con la construcción de hábitos de vida saludables, elaboración de proyectos de crecimiento personal, mejora en los modos de vincularse con los otros, nuevas maneras de resolver conflictos intra e interpersonales.

2. Se identifican factores de protección

En un tratamiento especializado en adicciones, se trabaja sobre el fortalecimiento de potencialidades y capacidades. Por ejemplo, tendrá importancia observar y potenciar si la persona cuenta con capacidad de toma de decisiones, de control de emociones e impulsos, de autoobservación, (conocerse más y mejor). Además, se mejora en autoestima, y la presencia de redes de contención que acompañen a esta persona y la motivación para estudio y/o trabajo también constituyen otros valiosos factores de protección.

De esta manera, la persona intenta ir construyendo con la terapia un saber sobre su malestar, para poder limitar las conductas compulsivas, repetitivas y comprender qué posibles significados y funciones tiene su adicción.

En términos generales el principal factor de protección está dentro de la persona y reside en la toma de conciencia de su problema y consecuente predisposición a generar cambios y a mejorar su calidad de vida.

3. Se visibilizan factores de riesgo

Es importante identificar cuáles son los factores de riesgo y vulnerabilidades singulares. Se indaga sobre aspectos personales y sociales, ubicando al consumo dentro de la historia tanto individual como familiar. 

Así, en contraposición a los factores de protección, la falta de apoyo y contención por parte de familia, amigos e instituciones, la ausencia de motivación, la anhedonia y la abulia, y en especial, la falta de conciencia del problema de salud constituyen fuertes factores de riesgo.

4. Se producen cambios

Se experimentan modificaciones en el hacer, pensar y sentir, por lo cual se pueden llegar a vivenciar ciertas crisis en tanto que esos cambios producen contradicciones o sensación de extrañeza a la hora de implementar recursos propios que son nuevos y muy distintos a los puestos en marcha en tiempos de consumo. Por lo tanto, estos momentos críticos, pueden ser considerados como propios e inherentes a esta etapa y hasta esperables y necesarios.

Probablemente antes de un tratamiento era común evadir o calmar angustia, enojo, tristeza, soledad, miedos, vergüenza, impotencia, (entre otros sentimientos, emociones y problemas de la vida diaria) con consumo de sustancia, interpretándolo como una salida, refugio o sostén para evadir u olvidar una situación insoportable.

5. Se construyen nuevos recursos

Durante un tratamiento, frente a sensaciones dolorosas o conflictos, se construyen e implementan nuevos recursos, los cuales se espera que sigan desarrollándose y fortaleciéndose en el después del tratamiento. 

Un ejemplo es la resolución de conflictos a través de la palabra, quizás algo impensable en situación de consumo, donde el acto (por lo general violento, hacia terceros y/o hacia sí mismo) reemplazaba a la palabra. 

Otros ejemplos son: incorporar hábitos de cuidados de la salud y el cuerpo, como una alimentación saludable y realizar actividad física, promover espacios de escucha y dialogo familiar, poner en palabras lo que antes se callaba y enfermaba, emprender, capacitarse y buscar un crecimiento personal con prácticas de autocuidado.