Es importante poner límites en la familia. Donnie Ray Jones

Ser padres no es una tarea fácil, es habitual dudar constantemente de si se está siendo demasiado permisivo o demasiado estricto en cuanto al comportamiento de los hijos. No obstante, como padres se debe ejercer un grado de autoridad que puede variar según el contexto.

En relación a este tipo de autoridad, existen tres estilos de crianza que varían según el nivel de permisividad y poder que los padres ejercen sobre los hijos. En este artículo, hablaremos de las familias permisivas; en qué consisten, cómo son los hijos y qué desventajas o errores se pueden cometer en este tipo de crianza.

¿Cómo son las familias permisivas?

Existen diferentes formas o estilos de crianza a los que los padres pueden optar según sus características personales, prioridades vitales o según el entorno que les rodea.

Estos tipos de estilos son la crianza autoritaria o la democrática, en la que existen una serie de normas y reglas de crianza más o menos rígidas, o el estilo de crianza permisivo, el cual nos ocupa en este artículo, y que se caracteriza por dejar un gran margen de libertad al comportamiento de los hijos e hijas jóvenes.

Las familias permisivas son consideradas todo lo contrario al estilo de crianza autoritario. En estos casos, los padres ejercen un escaso o nulo control sobre el comportamiento de sus hijos, dejando que ellos tomen sus propias decisiones en todo, incluso cuando no es posible que estos tengan raciocinio suficiente para hacerlo.

No obstante, no se trata de dejar que los hijos sigan su instinto, ignorándolos o no preocupándose por sus necesidades. Los padres y madres miembros de familias permisivas tienden a ser muy afectuosos, mostrando siempre sus emociones y pensamientos a los hijos.

En esta línea, otro punto que caracteriza a estas familias es la fluidez en la comunicación entre sus integrantes; llegando en ocasiones a ser excesiva en cuanto al nivel de adecuación de cierta información. Es común, que se trate a los hijos como iguales, independientemente de su edad, lo que en ocasiones precipita conversaciones o declaraciones desproporcionadas para su edad y para su capacidad de razonamiento.

Características de los hijos

En comparación con los hijos criados en otro tipo de entorno o con otro tipo de crianza, los hijos de familias permisivas tienden a ser más joviales y alegres; al menos inicialmente. Sin embargo, con el tiempo tienen a desarrollar una baja autoestima debido a no saben enfrentarse a tareas adecuadas a sus capacidades.

Además, el hecho de haber sido criados sin ningún tipo de esquemas o guías para la interacción social presentan muchos problemas a la hora de comunicarse o relacionarse con otras personas, siendo demasiado insistentes y, en ocasiones, algo descontrolados.

Llegados a la adolescencia, una etapa ya de por sí difícil para cualquier niño, tienden a transgredir cualquier tipo de norma social, realizando una búsqueda constante de límites externos.

Errores de crianza en familias permisivas

Los padres son ante todo personas, y como tal son susceptibles de llevar a cabo ciertos errores permisibles en la educación de sus hijos. No obstante, existen estilos de crianza, como el de las familias permisivas, que tienden a presentar más errores o desventajas que otros en los que sí se aplican un mínimo de normas en el niño.

Estos errores de crianza tienen que ver con el hecho de conceder cualquier deseo que demande el niño en cualquier momento, la asociación del sentimiento de felicidad con la satisfacción de estos deseos, la falta de aceptación de algunas emociones como la decepción o la tristeza y una mengua en el amor propio del niño o niña.

1. Conceder todos los deseos del hijo

Otorgar a los hijos cualquier deseo o demanda que estos expresen puede suponer el desarrollo y potenciación de una baja tolerancia a la frustración, en tanto en cuanto estos deseos solamente son resueltos en casa.

En el momento en el que el niño descubra que no siempre va a poder obtener todo aquello que desee, la frustración puede convertirse en irritabilidad, agresividad y baja autoestima, y además, no será capaz de entender los límites y las figuras de autoridad presentes en otros ámbitos externos.

Estos deseos pueden ir desde querer jugar más horas de las establecidas, acostarse a altas horas de la noche, ver ciertos programas de televisión o incluso querer que los padres le compren cualquier cosa o le lleven a cierto lugar.

2. Asociar felicidad con la satisfacción de los deseos

Estos niños tienden a creer que el resto de personas tienen la obligación de cumplir sus anhelos o deseos, dado que es prácticamente lo único que conocen. Por lo tanto, vivirán con una necesidad constante de conseguir algo puesto que esto es lo único que le aportará felicidad.

Además, a la larga esto afectará a la relación entre padres e hijos puesto que, seguramente, en algún momento estos padres no podrán acaparar todos los deseos de estos.

3. Intolerancia a ciertos sentimientos y emociones

Cuando el niño aprende a vivir rodeado de sentimientos satisfactorios y sin ningún tipo de contacto con emociones menos gratificantes, pero necesarias para el buen funcionamiento psicológico, se elimina la tolerancia a los sentimientos negativos como la tristeza o la decepción.

Este hecho conllevará que el niño intente, por todos los medios posibles, no experimentar estas emociones puesto que para él serán absolutamente insoportables.

Como consecuencia, es muy probable que acabe llevando a cabo comportamientos destructivos y perjudiciales para él mismo.

4. Falta de disciplina, autocontrol y autoestima

Los niños criados en entornos sin ningún tipo de disciplina, no serán capaces de desarrollar la habilitar de establecer unos límites propios y por lo tanto, tanto en la adolescencia como en la madurez experimentarán serias dificultades para conseguir sus metas u objetivos; puesto que la disciplina y el autocontrol serán algo ajeno a ellos.

Estos problemas en la autorregulación y en la consecución de objetivos propios, también ejercerán un impacto negativo en la autoestima de la persona. Mermando su capacidad para valorarse positivamente.