Varios consejos para educar mejor.

La dislexia se ha convertido en uno de los trastornos más comunmente diagnosticados en la población infantil en los últimos años. Aunque resulta muy complejo detectar un porcentaje exacto de prevalencia debido a la problemática para establecer de forma rigurosa un diagnóstico claro, los útlimos estudios afirman que aproximadamente un 15% del alumnado escolar presenta dichas dificultades. Por este motivo, parece cada vez más necesario definir qué orientaciones psicopedagógicas y psicológicas resultan más eficaces para atender de manera eficaz a este colectivo poblacional.

Dislexia: principales indicadores

La dislexia es la nomenclatura habitual que recibe el Trastorno Especifico del Aprendizaje (TEA) relativo a la presencia de dificultades en la capacidad de la lectoescritura. Según lo aportado por el Manual Estadístico de los Trastornos Mentales en su versión más actualizada (2013), se refiere a la presencia de dificultades en el reconocimiento fluido de las palabras, pobre decodificación lectora en la capacidad de deletreo y déficits en la comprensión lectora.

Además puede verse acompañado por alteraciones en la expresión escrita o en el razonamiento matemático, los cuales deben especificarse adicionalmente en el diagnóstico inicial. Otro aspecto clave es la presencia de un nivel de capacidad intelectual general preservado, por lo que el TEA-Lectoescritura es incomptible con niveles significativos de discapacidad mental, así como tampoco puede ser explicado por déficits sensoriales, ya sean visuales o auditivos. Las dificultades señaladas deben ser petentes durante un periodo mínimo de seis meses y deben ocasionar una interferencia significativa en el desarrollo académico del alumno.

Más concretamente, al observar los siguientes comportamientos que se exponen a continuación se puede sospechar la presencia de un TEA-Lectoescritura, a partir de los cuales se sabe necesario plantear una evaluación psiopedagógica exhaustiva que corrobore dichos indicios:

  • Colocación alterada u omisión al escribir las letras que conforman una palabra.
  • Dificultad en la adquisición de la capacidad lectora, baja fluidez lectora.
  • Confusión u olvido de algunas palabras.
  • Dificultad para establecer la secuencia temporal entre días, meses, etc.
  • Alteración en la capacidad atencional y dificultades de concentración.
  • Mayor dominio en tareas manipulativas por encimas de las actividades verbales.
  • Mejor expresión oral que escrita.
  • Falta de dominio del alfabeto o de las tablas de multiplicar.
  • Necesidad de leer diversas veces un texto, pobre comprensión escrita.
  • Mayor dominio de la capacidad creativa o imaginativa.

Orientaciones en la atención educativa en niños con dislexia

Como educadores, deviene indispensable tener en cuenta las siguientes pautas a la hora de tratar con un niño con esta particularidad, ya que una actitud empática, reforzadora de sus potencialidades y flexible de acuerdo a sus dificultades van a tener un efecto protector a fin de evitar problemas de bajo autoconcepto o autoestima e incluso situaciones de fracaso escolar más a largo plazo:

1. Establecer un hábito lector diario de unos 20 minutos máximo de duración

El contenido de dicha lectura se recomienda que sea de una temática de interés para el niño, independientemente de si se trata de un cuento, una revista o un cómic. El punto relevante es que adquiera una actitud positiva para la lectura. También será necesario valorar si debe limitarse el volumen de lecturas escolares a realizar durante el curso.

3. Flexibilizar en la corrección de la ortografía

Parece más efectivo el trabajo prioritario de 3-4 normas ortográficas hasta su dominio para posteriormente ir añadiendo otras nuevas.

5. Facilitar enunciados y peticiones breves, concisas

Utilizar frases cortas para dar indicaciones utilizando soporte visual que pueda servir de consulta. Las indicaciones deben estar segmentadas y expresadas de forma gradual. Parace además fundamental adecuar los enunciados de ejercicios y exámenes para que puedan ser comprendidos por el niño permitiendo aclaraciones puntuales explicativas.

6. Establecer un plan de objetivos adaptados a cada caso

En estos objetivos deben quedar especificadas metas realistas y asumibles por el alumno, ya sea semanalmente, mensualmente o trimestralmente.

7. Facilitar una planificación de actividades deberes, exámenes con suficiente antelación

De este modo, el alumno con dislexia podrá organizar su tiempo de estudio, dosificando su trabajo a fin de evitar la sensación de sentirse desbordado.

8. Reforzar positivamente el esfuerzo realizado por el alumno

Esto debe hacerse dejando de priorizar el resultado obtenido a nivel cuantitativo. En muchos casos se produce un descenso de la motivación para realizar el trabajo escolar, por lo cual el apoyo del educador va a resultar fundamental para el pequeño.

9. Evitar como educadores las comparaciones con otros niños de clase, hermanos, etc.

Tal como se ha indicado, es muy frecuente que la autoestima de este tipo de alumnos se vea afectada. Este hecho puede perjudicar sobremanera a su desempeño académico y a la consecución de sus potencialidades.

10. Enfatizar su autonomía a la hora de realizar sus tareas escolares

Resulta muy positivo trasmitir la idea al alumno de su potencial capacidad de aprendizaje. Se recomienda huir de la sobreprotección respecto del no cumplimiento de sus responsabilidades académicas.

Debido a su capacidad cognitiva general preservada el pequeño es capaz de asumir sus obligaciones escolares, aunque estas se encuentren adaptadas a sus dificultades concretas. La aplicación de dichas adaptaciones se valora desde el centro educativo a fin de adecuar cuantitativa y cualitativamente la metodología, los criterios de corrección y los objetivos de aprendizaje para cada alumno de forma individualizada.

A modo de conclusión

Tal como se ha comentado en el texto, usualmente la asimilación de la presencia de dificultades psicopedagógicas en el propio alumno es un proceso que puede interferir significativamente en el desarrollo psicológico del pequeño, ocasionando en determinadas situaciones un agravamiento de la situación diagnóstica inicialmente planteada. Por ello, una detección e intervención temprana de los déficits indicados resulta un proceso fundamental para prevenir un deterioro mayor en las distintas áreas vitales del menor, ya sea en la vertiente académica como en la emocional.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5a ed.). Washington, DC: Author.
  • Tamayo Lorenzo, S. La dislexia y las dificultades en la adquisición de la lectoescritura. Profesorado, 21(1): 423-432 (2017).