Psicología educativa y del desarrollo

Agresión en la infancia: las causas de la agresividad en niños

La Psicología del desarrollo nos muestra los factores y causas de la agresividad en niños.

Agresión en la infancia: las causas de la agresividad en niños

Imagen: https://www.flickr.com/photos/serzhanja/

Bertrand Regader Bertrand Regader Psicólogo educativo | Director de Psicología y Mente

La agresión es el comportamiento llevado a cabo con la intención de dañar a un ser vivo que desea evitar este tratamiento. La intención del actor define el “acto agresivo”, no las consecuencias.

Desarrollo de la Agresión en la infancia

Los actos agresivos se clasifican en dos categorías:

  • Agresión hostil: cuando la meta del agresor es el daño o lesión de la víctima.
  • Agresión instrumental: cuando la meta principal del agresor es conseguir el acceso a objetos, espacio o privilegios.

Orígenes de la agresión en la infancia

Los bebés de menos de 1 año pueden irritarse, aunque no agreden (no hay intención). Al año, los niños muestran rivalidad por juguetes y, a los 2 años, tienen mayores probabilidades de resolver las disputas mediante negociación y participación. Este proceso puede ser adaptativo, pues enseña a los menores a lograr sus objetivos sin violencia.

Tendencias del desarrollo en la agresión

Con la edad, la agresión de los niños cambia dramáticamente:

  • Entre 2 y 3 años la agresión física es instrumental, ya que los niños se centran en juguetes, dulces, etc.
  • Entre los 3 y 5 años, pasa a ser verbal más que física.
  • Entre los 4 y 7 años, la agresividad empieza a ser hostil. La adquisición de habilidades para considerar el punto de vista de los demás (infieren si la intención es perjudicial) trae consigo la venganza. Es a partir de primaria cuando los niños son vengativos.

Diferencias sexuales en el desarrollo de la agresión

El factor genético explica parte del hecho de que los niños tengan una mayor propensión a la conducta agresiva debido a la producción de testosterona. Pese a esto, el factor social juega un papel muy importante en determinar la agresividad masculina y femenina. A partir del año y medio la tipificación de género, que es un constructo consensuado socialmente, marca las diferencias entre individuos y la manera de expresar conductas hostiles.

Los padres también influyen en el desarrollo de la agresividad, pues los que juegan de manera más ruda y agresiva, los que premian sus acciones antisociales, o incluso les hacen regalos, fomentan sus conductas desfavorables.

Las bases biológicas del comportamiento agresivo

Puede hipotetizarse que la conducta agresiva resulta adaptativa en entornos en el que la competitividad resulta un factor determinante a la hora de repartirse unos recursos limitados. Tanto la agresión hostil como la instrumental pueden ser fruto de (y llevar a) relaciones de poder en las que existe un dominado y un dominador, entrando ambos en una dinámica en la que la selección natural se hace evidente. Sin embargo, cabe señalar que en el caso de los seres humanos la conducta está modulada por una moralidad que no se da en el resto de especies. Esta moralidad, al igual que las expresiones de los genes que pueden intervenir en el desencadenamiento de conductas agresivas, tiene un sustrato biológico que es modificado por la interacción con el entorno y con otros seres.

El paso de una ética centrada en el propio ego hacia una enfocada hacia la responsabilidad social es un proceso profundamente complejo y dinámico desde el punto de vista de la biología, pero existe cierto consenso en que en él juega un papel determinante la corteza prefrontal, situada en la parte anterior del cerebro. Esta región cerebral juega un papel importante en la toma de decisiones y el inicio de actividades planificadas con un objetivo proyectado temporalmente hacia el futuro. Gracias a la corteza prefrontal el ser humano es capaz de establecer objetivos más allá de la gratificación inmediata, y de tomar decisiones basadas en los conceptos más abstractos. 

Por lo tanto, también juega un rol importante a la hora de socializar, ya que vivir en sociedad significa entre otras cosas aplazar ciertas recompensas por el bien de un beneficio proyectado temporalmente y que afecta a la colectividad. Según Fuster (2014), por ejemplo, parte de la conducta poco social de los niños y jóvenes se explica por una corteza prefrontal que aún no ha madurado lo suficiente y que no está lo suficientemente conectada con los grupos neuronales del cerebro poterior que median en la creación de emociones y la conducta orientada hacia la satisfacción de necesidades (esta conexión se va estableciendo más tarde al ritmo del reloj biológico, y llegará a su punto culminante durante la tercera década de vida, entre los 25 – 30 años). Además, los grupos neuronales cuya activación evoque principios éticos generales y conceptos abstractos encuentran el la corteza prefrontal un mediador que les permitirá jugar un papel en la toma de decisiones. Desde este punto de vista, un buen desarrollo del lóbulo prefrontal suele conllevar una reducción expresión de conductas agresivas.

De la agresión a la conducta antisocial

Durante la adolescencia se muestra un pico en la conducta antisocial y después se reduce. Las chicas utilizan la agresión relacional(humillación, exclusión, rumores para dañar la autoestima, etc), mientras que los niños, se decantan por robar, faltar a clase, y mal comportamiento sexual.

¿La agresividad es un atributo estable?

Efectivamente: la agresividad es un atributo estable. Los niños que se muestran relativamente agresivos a una edad temprana tienden a serlo en edades superiores. Claramente, la capacidad de aprendizaje y la plasticidad del cerebro (capacidad para cambiar de acuerdo a las interacciones con el entorno) hacen que esto no siempre sea así. También tiene que tenerse en cuenta el factor epigenético.

Diferencias individuales en el comportamiento agresivo

Sólo una pequeña minoría puede considerarse un agresivo crónico (implicados en la mayoría de conflictos). Las investigaciones señalan 2 clases de niños muy agresivos:

  • Agresores proactivos: niños a los que les resulta fácil realizar actos agresivos y que se basan en la agresión como un medio para resolver problemas sociales o lograr objetivos personales.
  • Agresores reactivos: niños que exhiben niveles altos de agresión vengativa hostil debido a que atribuyen excesivas intenciones hostiles a otros y no pueden controlar su ira suficiente como para buscar soluciones que no sean agresivas a problemas sociales.

Cada uno de estos grupos procesa la información sobre sus percepciones y sus propias conductas de manera diferente, lo cual hace que su estilo de toma de decisiones tenga también un estilo diferenciado.

Teoría del procesamiento de la información social de la agresión de Dodge

Ante la ambigüedad de un conflicto los niños agresivos emplean un sesgo atribucional.

  • Los niños reactivos emplean un sesgo de atribución hostil al pensar que los demás son hostiles con ellos. Esto, causa que sean rechazados por maestros y compañeros, lo cual, acentúa su sesgo.
  • Los niños proactivos están más inclinados a formular con meticulosidad una meta instrumental (por ejemplo: “Les enseñare a los compañeros descuidados a que tengan más cuidado conmigo”).

Perpetradores y víctimas de la agresión de pares

Los hostigadores habituales son personas que no han sufrido abuso propio, pero en el hogar han sido testigos. Piensan que podrán sacar mucho beneficio de sus víctimas sin apenas esfuerzo.

Las víctimas son de 2 tipos:

  • Víctimas pasivas: personas débiles que apenas oponen resistencia.
  • Víctimas provocativas: personas inquietas, opositores que irritan a sus hostigadores. Suelen presentar sesgo de atribución hostil y han sufrido abusos en el hogar.

Las víctimas corren un serio riesgo de adaptación social.

Influencias culturales y subculturales sobre la agresión

Algunas culturas y subculturas son más agresivas que otras.

España, seguido de EEUU y Canadá son los países industrializados más agresivos.

Las clases sociales también influyen, donde la clase social baja es más agresiva. Varias pueden ser las causas:

  • Utilizan el castigo con frecuencia
  • Aprobación de soluciones agresivas en los conflictos
  • Los padres que llevan vidas estresantes controlan menos a sus hijos

Las diferencias individuales también afectan al desarrollo de la agresividad.

Ambientes familiares coercitivos: caldos de cultivo de la agresión y la delincuencia

Los niños agresivos suelen vivir en ambientes coercitivos donde la mayoría de interacciones entre miembros de la familia son un intento de que el otro deje de irritarles. Las interacciones coercitivas se mantienen gracias al reforzamiento negativo (cualquier estímulo cuya eliminación o terminación como la consecuencia del acto incrementa la probabilidad de que éste se repita).

Con el tiempo los niños problema se hacen resistentes al castigo y consiguen llamar la atención de los padres que no les muestran afecto.

Es difícil romper este círculo debido a su influencia multidimensional (afecta a todos los miembros de la familia).

Los ambientes coercitivos como contribuyentes a la delincuencia crónica

Un ambiente coercitivo contribuye a un sesgo de atribución hostil y a una cadena de autolimitación que provoca el rechazo de otros niños. En consecuencia, éstos suelen acabar aislados de los demás niños de la escuela y juntados con otros de su misma condición. La interacción entre ellos suele acabar en la formación de grupos con malos hábitos.

Una vez en la adolescencia es más difícil corregir a estas personas, la prevención es la mejor apuesta para controlarlo.

Métodos para controlar la agresión y la conducta antisocial

Creación de ambientes no agresivos

Un enfoque simple es crear areas de juego que minimicen la probabilidad de conflicto como por ejemplo, eliminar juguetes como pistolas o tanques, proporcionar un espacio amplio para el juego vigoroso, etc.

Eliminación de recompensas a la agresión

Los padres o maestros pueden reducir la frecuencia de la agresión identificando y eliminando sus consecuencias reforzantes y estimulando medios alternativos para lograr objetivos personales. Podrían utilizar dos metodos:

  • Técnica de respuesta incompatible: método no punitivo de modificación del comportamiento por medio del cual los adultos ignoran la conducta indeseable, mientras refuerzan los acos que son incompatible con esas respuestas.
  • Técnica del tiempo fuera: método en que los niños que se comportan de una forma agresiva son obligados a retirarse del escenario hasta que se considera que están preparados para actuar de forma apropiada.

Intervenciones cognoscitivo sociales

Estas técnicas les ayudan a:

  • Incrementar su capacidad para sentir empatía para así evitar sesgos de atribución.

Cualquier técnica puede ser ineficaz si después los ambientes familiares coercitivos o las amistades hostiles las socavan.

Referencias bibliográficas:

  • Fuster, J. M. (2014). “Cerebro y Libertad”, Barcelona, Editorial Planeta.
  • Serrano, I. (2006). “Agresividad infantil”, 1ªed, Ed. Pirámide, Madrid.
  • Shaffer, D. (2000). “Psicología del desarrollo, infancia y adolescencia”, 5ªed., Ed. Thomson, México.
Etiquetas: Infancia, Violencia
Bertrand Regader Bertrand Regader Psicólogo educativo | Director de Psicología y Mente

Bertrand Regader (Barcelona, 1989) es Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, con especialidad en Psicología Educativa. También cuenta con estudios de posgrado en Economía por la Facultad de Economía y Empresa de la Universitat de Barcelona. 

Ha ejercido como psicólogo escolar y deportivo en distintas instituciones y como consultor de marketing digital para distintas empresas y start-ups, pero su verdadera vocación es la dirección de medios digitales y el desarrollo de proyectos empresariales vinculados a las nuevas tecnologías.

Ha sido Director Digital de las revistas Mente Sana y Tu Bebé en la editorial RBA, y como Coordinador Digital y SEO Manager en la versión digital de la revista Saber Vivir.

Es Fundador y Director de la web Psicología y Mente, la mayor comunidad en el ámbito de la psicología y las neurociencias con más de 7 millones de lectores mensuales

Es Director de I+D en Customer Experience en la cadena hotelera Iberostar, liderando un equipo de profesionales de la salud y del ocio con el objetivo de potenciar la experiencia de los clientes en más de 100 hoteles en Europa, Oriente Medio y América.

Autor del libro de divulgación científica «Psicológicamente hablando: un recorrido por las maravillas de la mente», de Ediciones Paidós