Wikipedia Commons

La psicología del deporte no solo se preocupa por el rendimiento que tiene un deportista mientras se encuentra en activo; también está presente durante la lesión deportiva. En los últimos años debido a la profesionalización de algunos deportes ha crecido el número de estudios acerca de este ámbito que se han publicado.

Esto ha focalizado la atención tanto en la prevención de las lesiones como en su tratamiento y readaptación al deporte una vez que estas roturas se han producido. Específicamente, la gestión del estrés es muy importante para ayudar a que el rendimiento no decaiga.

Intervención psicológica en casos de lesión deportiva

Encontramos dos momentos en la lesión deportiva; uno que es anterior a la lesión y se corresponde con una fase de prevención, y un segundo momento que se produciría después de la lesión en la que entraría la rehabilitación. Es importante tener esto en cuenta porque de cara a la intervención los objetivos que se van a abordar son distintos.

En la primera, el Psicólogo deportivo se encarga de entrenar los recursos psicológicos, buscando un nivel óptimo de tensión muscular, una disminución del estrés, un correcto control atencional y la mejora de los recursos de afrontamiento con el fin de evitar la temida lesión.

En la fase post-lesión o rehabilitación, los objetivos varían según si la lesión es más o menos reciente; en la fase de inmovilización el objetivo será dar al deportista estrategias de control de la ansiedad y de aceptación de la realidad. Para ello es común que el Psicólogo deportivo entrene habilidades de comunicación y técnicas de relajación, además de asegurarse un compromiso terapéutico.

En la fase de movilización el objetivo será realizar una correcta recuperación, readaptación y vuelta a la competición, trabajando para ello las habilidades de comunicación, las técnicas de relajación e imágenes mentales y el control de la ansiedad, siendo de vital importancia el apoyo social.

Las causas

Numerosos estudios están de acuerdo en la existencia de dos categorías a las que puede deberse una lesión.

Los factores extrínsecos serían aquellos factores de carácter ambiental. Hacen referencia al equipo, al medio donde se practica la actividad, la duración de los entrenamientos y los fallos en la preparación física. Los segundos son los factores intrínsecos que tienen su índole en características personales del deportista. Incluyen la edad, el sexo, la constitución física, la historia clínica previa, la condición física, la capacidad y el estado psicológico.

En cuanto a este último, desgraciadamente, es común que empeore dependiendo de la gravedad de la lesión y el tiempo que se estima para su recuperación. Por eso, cuando el deportista ha conseguido su total recuperación, al enfrentarse de nuevo a su actividad normal, a menudo se encuentra con que lo que antes le parecía un reto ambicioso, ahora le provoca estrés.

Las lesiones y el estrés en el deporte

Si revisamos la literatura encontramos que Andersen y Williams (1988) idearon un modelo en el que se proponía que la respuesta de estrés era el resultado de una relación bidireccional entre las valoraciones cognitivas del deportista sobre una situación externa (factores ambientales) potencialmente estresante, y los aspectos fisiológicos y atencionales del estrés (factores intrínsecos), donde tanto estas valoraciones cognitivas como las respuestas fisiológicas y atencionales ante el estrés están modificándose constantemente.

Con este modelo también se ha tratado de explicar la relación entre factores psicológicos y vulnerabilidad a lesionarse, incluyendo su historial deportivo, pero además las reacciones emocionales del deportista lesionado. Gracias a ello se ha podido realizar programas de intervención psicológica para la prevención de lesiones o la rehabilitación y readaptación deportiva del atleta lesionado.

El papel de la ansiedad en el desempeño deportivo

En esta interacción entre psicología-lesión-psicología algunas de las variables relevantes en el ámbito competitivo son la ansiedad y el estado de ánimo del deportista. Se han realizado numerosos estudios en casi todas las modalidades deportivas acerca de la ansiedad pre-competitiva y el estado de ánimo en el que se encuentran los deportistas antes de competir. Se ha demostrado que esto no afecta por igual a todos los deportistas.

Factores que influyen en el estrés

Existen una serie de condicionantes en los que el estrés y el miedo al fracaso se agravan. La edad de los deportistas influye en la aparición del estrés, siendo más propensos a padecer estrés los más jóvenes (de 10 a 19 años) y los más mayores (a partir de 40).

También se debe atender a que esta condición de estrés no afectaría por igual a quienes practican actividad física por ocio y a aquellos que se dedican a la competición.

Las intervenciones psicológicas tras una lesión mejoran el bienestar del deportista durante la rehabilitación. El control de sus respuestas emocionales en esta situación desfavorable permitirá una recuperación mejor y más rápida cuyo objetivo principal sea la eficaz readaptación deportiva.

Podlog et al. (2011) encontraron que las variables más frecuentes que actúan en contra del deportista son: la ansiedad por una recaída, el miedo de no volver al rendimiento anterior, sentimientos de aislamiento, la falta de identificación con su práctica deportiva, un insuficiente apoyo social ajeno o propio del ámbito deportivo y el exceso de presión que provoca sentimientos negativos como miedo, ira, tristeza.

Por eso para poder trabajar de cara a la preparación psicológica que hay detrás de una lesión es importante valorar:

  • Las situaciones fuera del ambiente deportivo que pueden provocar estrés al deportista.
  • Las demandas que son propias del entrenamiento.
  • Las exigencias de la competición.
  • Historial previo de lesiones.
  • Influencia del público o de los medios de comunicación en el deportista (si se da el caso).

Interviniendo sobre la ansiedad

Intervenciones psicológicas como la relajación, las imágenes mentales, un correcto acompañamiento por parte del equipo técnico (entrenador y compañeros), determinación de objetivos (claros, evaluables y progresivos), favorecer el apoyo social de familia de forma directa o indirecta, pareja y amigos, son fundamentales para realizar el entrenamiento en la gestión del estrés.

Tampoco se debe olvidar aspectos tan importantes como reforzar la pertenencia al deporte que está practicando, reducir la presión y mejorar su autoconfianza. (Palmi, 2001; Podlog et al., 2011).

Es posible que la intervención también deba enfocarse hacia la modificación de creencias y actitudes para prevenir lesiones futuras. No es extraño que durante los entrenamientos la propia autopercepción del deportista se haya visto alterada y esto haya generado creencias distorsionadas de su nueva condición física.

Pensamientos como "en cuanto me toquen un poco, me vuelvo a lesionar" dejan una mala sensación en el deportista y esto puede tener consecuencias en la ejecución de un entrenamiento o una competición posterior.

Apoyo y programa de refuerzos

Como se ha comentado, el apoyo familiar junto a un buen programa de refuerzos puede contribuir a mejorar el autoestima del deportista lesionado y a que éste se vea capaz de retomar su vida deportiva.

Son esos momentos que uno no se cuestiona cuando se le presenta una vida atlética y deportiva por delante. Pero cuando sucede hay que aceptarlo y tomarlo como un nuevo desafío. Un entrenamiento más.