La historia del castigo de este rey griego habla sobre el dolor que causa una vida sin sentido.

Sísifo es un famoso personaje de la mitología de la Antigua Grecia perteneciente a la tradición homérica, creada alrededor del siglo VIII a. C. Sin embargo, su historia ha trascendido en contexto sociocultural de la historia helénica, porque ha llegado a nuestros días como una de las narraciones más importantes vinculadas a la importancia de encontrarle un sentido a las cosas que hacemos y, en general, a nuestras vidas.

En las siguientes páginas repasaremos brevemente qué es el mito de Sísifo y la piedra, y de qué manera puede ser interpretado desde la filosofía existencialista y humanista.

¿Quién era Sísifo?

Sísifo fue, según la mitología griega, el primer rey de la ciudad de Éfira, actualmente conocida como Corinto. Aparece caracterizado en la Odisea y en la Ilíada como un gobernante ambicioso y cruel, que no dudaba en utilizar la violencia para mantenerse en el poder y evitar perder influencia ante sus adversarios, lo cual lo llevó a matar a varias personas. Además, no sentía rubor al engañar a las personas y, en general, era descrito haciendo que cumpliese las características de los clásicos embaucadores.

Ciertamente, tener el control casi total de un gran territorio y gobernarlo no era algo poco habitual en esa etapa de la historia helénica, pero Sísifo tuvo la mala fortuna de imponer su voluntad infringiendo las normas que Zeus imponía a los mortales. Según algunas versiones del mito, Sísifo acusó a Zeus de raptar a una ninfa, mientras que otras señalan que traspasó los límites al matar a varios viajeros. En el momento en el que Tánatos, la muerte, fue a buscar al rey griego por orden de Zeus, Sísifo engañó a quien debía llevarlo al inframundo colocándole las cadenas y grilletes que estaban destinados a ser utilizados en él, de modo que no pudiese morir hasta que Ares interviniese.

Al llegar el momento, la historia no terminó con Sísifo quedándose en el inframundo. Fiel a su naturaleza perversa y embaucadora, el rey griego le había pedido a su esposa que no realizase los típicos rituales en honor a los muertos, de modo que Sísifo tuviese una excusa para pedir volver al mundo de los mortales para castigarla. Este deseo fue satisfecho por Ares, pero Sísifo se negó a volver al dominio de la muerte, por lo que traerlo de vuelta supuso causarles nuevas molestias a los dioses. Ahí empezó el famoso castigo de la gran piedra.

El castigo del rey griego: arrastrar una piedra

La pena que debió cumplir Sísifo no se basaba en el dolor físico, ni exactamente en la humillación. Se fundamentaba, en todo caso, en el hecho de experimentar de primera mano el sinsentido.

El castigo consistía en empujar una gran piedra redondeada desde la base de una montaña hasta su cima para, una vez allí, ver cómo esta caía rodando de nuevo hasta el punto de partida. Según alunas versiones del mito de Sísifo, este castigo fue (o, mejor dicho, es) prácticamente eterno.

El dolor por la falta de sentido de la vida

Tal y como hemos comentado, Sísifo es un hombre que no existió más allá del entramado de narraciones que estructuraron el sistema de creencias de buena parte de la sociedad de la Antigua Grecia. Pero aunque solo pertenezca al ámbito de los mitos y las ficciones, su figura tiene algo con lo que es fácil identificarse incluso en la era contemporánea. Porque su historia nos habla sobre la tragedia que supone vivir un absurdo, algo que no lleva a nada.

La narración de Sísifo entronca muy bien con la filosofía existencialista, que a su vez ha influido mucho en el paradigma humanista de la psicología. Este conjunto de filósofos se caracterizan por preocuparse por el aspecto fenomenológico de las experiencias, es decir, aquello que es subjetivo, privado e intransferible a otras personas, vinculado a la consciencia de cada uno y a las sensaciones que no pueden ser expresadas totalmente por las palabras.

Es por eso que el modo en el que le damos sentido a la vida, que es un aspecto de la vida que no puede ser agotado nombrándolo a través del lenguaje, es algo muy explorado por los existencialistas. Y es por eso que uno de los pensadores existencialistas más importantes, Albert Camus, le dedicó a esa pieza de la mitología griega un libro: El mito de Sísifo.

Camus y el mito de Sísifo

Para Camus, la principal cuestión filosófica que debe ser abordada es: ¿cuál es el aspecto de la vida que hace que merezca la pena ser vivida? O, más escuetamente: ¿qué es lo que hace que el suicidio no sea la opción que más nos seduzca? El placer circunstancial puede invadir nuestra consciencia en un momento dado, pero en sí no hace que nuestras vidas merezcan la pena. Lo que sí que puede hacer que valga la pena, en cambio, es hacer que nuestras acciones se enmarquen en un proyecto vital que tenga sentido.

Pero otra de las premisas habituales de las que parten los existencialistas es que la vida en sí mismo no tiene sentido. Esto es así porque asumir que sí lo tiene sería aceptar también que más allá de la propia de las cosas hay algo más, un relato que estructura y vertebla la realidad; pero esto no ocurre. La realidad simplemente es, existe, y nada más. Por eso, para Camus, es uno mismo el que debe abrazar el proyecto de darle sentido a la vida, y no caer en la trampa de adoptar una existencia como la que Sísifo tenía al arrastrar la piedra ladera arriba una y otra vez.